MAGDALENA HERRERA
Tienen doce o trece años y no saben ni porqué le contestaron así de mal a sus padres. Son impulsivos, les molesta lo que ven en el espejo, más aún cuando ellas observan que les crecen los senos antes que a sus amigas o, a ellos, se les llena la cara de granitos.
Ahora cumplieron poco más de veinte, se sienten más tranquilos luego de una revoltosa adolescencia, pero están acelerados. O más bien, tienen la libido a toda velocidad, a flor de piel.
Les llegaron los treinta y pico, ya están más estables y bien, sexualmente hablando, pero el cuerpo muestra esos incipientes rollitos abdominales, los brazos no tienen la tonicidad muscular de años atrás, la piel tampoco es la misma.
Luego cumplen cuarenta y tantos con un deseo sexual que ya no es lo que era, ni que hablar de los cambios físicos cuando comienza la caída de pelo o el salvavidas abdominal cada vez es más voluminoso. Ay, ay, ay.
Y después de los cincuenta, o quizás antes, ellas caen en la cuenta que están en plena menopausia, algunas con sofocos, insomnio o falta de energía. Y ellos observan que ya es bastante menos lo que hay para peinar o que el abdomen adquiere otras dimensiones. Ni qué hablar de las emociones: ellas pueden llegar a sentirse muy vulnerables, y ellos también tienen su mochila, con un descenso del deseo sexual.
La buena noticia es que son apenas etapas de la vida, algunas más breves, otras más largas, que se presentan de manera diferente en hombres y en mujeres. Otra positiva es que existen médicos especialistas que saben cómo manejar esas historias.
La mala es que nadie se salva cuando las hormonas deciden hacer su "piquete" en el cuerpo humano, no importa la edad.
Lo que no hay duda es que las etapas críticas de la vida, desde el punto de vista hormonal, son lo que el profesor de Endocrinología y Metabolismo, Raúl Pisabarro, denomina "puentes de cambio": la pubertad en ambos sexos, la menopausia en la mujer y, en menor medida, la andropausia en el hombre.
"En la menopausia la caída de los estrógenos es más acentuada que la de andrógenos en el hombre. Es un encrucijada hormonal, psíquica y metabólica, crítica para la mujer. En el andropáusico los cambios son más pausados", explica el también profesor grado 4 en Medicina Interna. Y agrega: "Un hecho interesante es que, al menos en nuestra experiencia, los hombres andropáusicos consultan más que las mujeres por pérdida de deseo sexual y potencia viril. Ellas, en cambio, se presentan preocupadas por los cambios en su figura y no expresan el deseo de mejorar su sexualidad, aunque probablemente esto esté encubierto con el tratar de ser más atractivas".
Ellas reinan. Lo cierto es que ya sea en esas etapas de la vida, como en otras, las hormonas ejercen profundas influencias sobre los comportamientos de los seres humanos desde que son niños. En particular, Pisabarro resalta la injerencia directa de las hormonas sexuales, andrógenos (masculinas) y estrógenos (femeninas) (ver recuadro).
"También pueden modular nuestro comportamiento las hormonas de estrés, particularmente las catecolaminas y el cortisol, en consonancia con la activación de otros ejes hormonales como el tiroideo, el neuro-hormonas como las endorfinas, de un conjunto de neurotransmisores que genéricamente se llaman adrenérgicos, en los que se incluye la dopamina y la serotonina".
Un ejemplo claro -explica Pisabarro- es cuando se sustituye el déficit de testosterona de un joven de sexo masculino, quien por cierta patología endócrina no genera hormona y ha consultado tarde, ya es un adulto de 20 años. "Al administrar testosterona, además de los cambios físicos que suelen presentarse -distribución androide del vello, crecimiento del pene y de la masa muscular- es notorio un aumento de la agresividad que, en raras ocasiones, llega a ser importante y obliga a bajar la dosis e ir ascendiéndola en forma progresiva".
En cambio, durante la pubertad si el joven no tuvo trastornos y adquiere gradualmente sus hormonas masculinas, la agresividad es más moderada, como lo es "el increíble proceso de la pubertad". También en la joven, los estrógenos modulan su cuerpo y su conducta femenina (ver recuadro).
Entonces, por un lado las hormonas sexuales, entre otras, de alguna manera mandan tanto en lo físico como en ciertos estados anímicos, en varones y en mujeres. Incluso, dice Raúl Pisabarro, en situaciones de estrés, las hormonas pueden gobernar. "Influyen en las respuestas al enojo, al miedo, la alegría, el placer, la depresión y hasta en la conocida depresión posparto. Pueden influir en el estado de ánimo y la composición corporal durante el climaterio y la andropausia (climaterio masculino). Las hormonas son verdaderos mensajeros químicos que modulan todas las células de nuestro organismo", afirma el experto.
Revolución en pubertad y adolescencia
En las niñas empieza entre los 8 y 12 años, y en varones entre los 9 y los 14. Un reloj biológico en el cerebro interacciona con el sistema endócrino y pauta la secuencia de la pubertad, donde en pocos años (promedio 5) se adquiere la madurez sexual. Esos cambios siguen una secuencia regular, cuando se apartan pueden ser patológicos, según indica Raúl Pisabarro.
Los senos se desarrollan habitualmente entre los 9 y 12 años, existe un rápido aumento de estatura y ensanchamiento de caderas, y a los seis u ocho meses aparece el vello púbico. "Entre los dos y dos años y medio siguientes llega la primera menstruación. Cuando éstas son regulares, la adolescente está ovulando y es potencialmente fértil. Es un problema porque la joven todavía no completó su madurez intelectual", indica el médico.
En varones, la pubertad se inicia uno o dos años después que en niñas, con un primer signo: el aumento de los testículos, que se acompaña de aceleración del crecimiento y aumento de masa muscular. "Crece de tamaño el pene, aparece el vello púbico y en axilas, se engrosa la voz. Incrementa el olor rancio del sudor y la secreción sebácea, testigos de los andrógenos circulantes. Éstos conllevan en el varón cierto grado de agresividad y rebeldía".
La adolescencia, importante etapa de cambios físicos y psíquicos, comienza con la pubertad pero no tiene final tan definido, según Pisabarro. Transcurre hasta aproximadamente los 19 años. "Pero, dado que en este mundo moderno se hace difícil la independencia, sobre todo en ciertas sociedades, muchos opinan que la duración de la adolescencia se está extendiendo. Como todo proceso de cambio, el adolescente sufre una crisis donde busca su identidad física y psicológica. Desde el punto de vista endocrinológico, las hormonas sexuales en explosión definen el cuerpo y los órganos sexuales e impelen conductas vinculadas al deseo sexual, al descubrimiento del auto-placer, el juego de galanteo y seducción con el sexo opuesto. En los varones aparecen las primeras poluciones nocturnas".
El deseo sexual tiene sus picos
Entre los 20 y 30 años. Sexualmente podría definirse como la mejor etapa de la mujer, ya que la fertilidad normalmente está a pleno, así como su deseo. También el hombre experimenta una "gran etapa de pulsiones sexuales con los andrógenos al tope". "El 98% de los óvulos liberados pueden ser fertilizados por los espermatozoides en un plazo de 10 a 12 horas luego del coito. Dada la alta fertilidad de la mujer se deben tomar medidas para impedir un embarazo no deseado", explica el profesor Pisabarro.
De 30 a 40 años. No son aquellos veinteañeros, pero tampoco es para alarmarse ya que ninguno de los cambios hormonales se relacionan con la actividad y el deseo sexual del hombre o de la mujer. Además, si ella presenta una intensa actividad sexual, los estrógenos no descienden sustancialmente. "Baja algo la fertilidad y pueden comenzar las molestias vinculadas a los ciclos menstruales. El porcentaje de esterilidad es 6% y alcanza el 12% a finales de la década. Las hormonas sexuales van declinando lentamente", aclara el experto.
De 40 a 50. Y no son unos pibes, es cierto, y hay que tomar ciertas precauciones porque no sólo existe una caída de las hormonas sexuales, sino también de las de crecimiento ("que controlan la composición corporal y otros hechos"), de los andrógenos (que también intervienen en la libido y en el físico) y una caída de melatonina (trastornos de sueño). "Todas estas "pausias" -dice Pisabarro- determinan en ambos sexos, más pronunciado en la mujer, cierto incremento a la vulnerabilidad emocional y cambios en la composición corporal con pérdida de masa muscular y ganancia de grasa intra-abdominal y acentuación de riesgos metabólicos, vinculados a esta última condición. Comienzan a predominar las hormonas que estimulan el incremento de tejido graso, insulina y cortisol. Esos cambios conllevan una aceleración de la pérdida de masa ósea. Es imperioso cuidar la alimentación y hacer ejercicio".
Después de los 50. Para desgracia de muchos todos esos cambios físicos que comenzaron en los 40 se acentúan con la menopausia y andropausia, pero además con otros riesgos más importantes. "Hemos demostrado que entre los 55 y 65 años, el 69% de los hombres y el 86% de las mujeres tienen una cintura -sucedáneo clínico de grasa intra-abdominal- de riesgo metabólico, hecho que se relaciona al riesgo de infarto de miocardio, hemiplejía y diabetes. También existe mayor pérdida de masa ósea y es imperioso una buena ingesta de lácteos y, eventualmente, vitamina D. La terapia de reemplazo hormonal sigue debatida en la mujer. Pero se abre cada vez más el tratamiento de la andropausia mediante la reposición de testosterona controlada por el médico. Otras áreas como la terapia de sustitución de hormonas de crecimiento para mujeres en menopausia y hombres en andropausia sigue en discusión e investigación. El ejercicio regular y la buena nutrición constituyen los pilares recomendados en prevención a nivel mundial".