Congelando imágenes de la extraña realidad

| Annie Leibovitz es la fotógrafa más cotizada del mundo y se la considera una leyenda viviente.

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GABRIELA VAZ

Hace un par de años, en una entrevista, le preguntaron a Annie Leibovitz si creía que la computadora y sus derivados le podrían restar credibilidad a la fotografía. Después de contestar que no, que entiende que cuando algo es nuevo es sobreusado y abusado, pero que eso no le preocupa a los verdaderos fotógrafos porque se trata simplemente de herramientas valiosas que se integran, después de decir todo eso, Annie hizo un breve silencio. Y entonces agregó: "Para mí, el trabajo manipulado luce aburrido. Creo que la vida ya es algo extraña de todas formas. No tienes que tratar de intensificar la realidad... Ya es bastante rara".

Hay quienes identifican a Annie Leibovitz por ser la última persona en fotografiar a John Lennon, horas antes de que fuera asesinado. El 8 de diciembre de 1980, estuvo un buen rato en el apartamento del músico con el fin de inmortalizarlo para Rolling Stone. Aunque los editores de la revista no querían que Yoko Ono apareciera en las imágenes, Leibovitz le pidió a ella que se recostara en la cama vestida para que su marido, completamente desnudo, se acurrucara junto a ella en posición fetal, y disparó el obturador. Esa misma noche, también Mark Chapman le disparó a Lennon. La foto de Leibovitz se publicó 45 días después en la portada de la revista, sin titulares, y se volvió una de sus tomas más famosas en el mundo. Quizás a algo así se refería cuando mencionó que la vida es extraña.

Ya antes de aquel 1980, Leibovitz contaba con una carrera en imparable ascendencia. Con experiencia y una versatilidad que le ha permitido trabajar con la misma destreza para campañas publicitarias, medios periodísticos o exposiciones artísticas, hizo camino forjándose una fama igual o mayor a la que tienen sus fotografiados, a tal punto que renombradas figuras del espectáculo, el deporte y la política se desviven por posar para ella.

Hoy, además de ser la fotógrafa mejor pagada del mundo, es de las que reúne más galardones. Solo dos: en el 2000, la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos le dio el título de "Leyenda viviente", y en 2005, la revista American Photo la nombró la fotógrafa más influyente de nuestro tiempo.

Es difícil, sino imposible, resumir su obra. Nueve libros, editados entre 1983 y 2011, hacen el intento. Entre las imágenes icónicas que dieron vida, por ejemplo, a las portadas de Rolling Stone, Vanity Fair y Vogue, hay de todo: el trasero de Bruce Springsteen enfundado en unos viejos jeans (imagen tomada al azar que luego sería la tapa del disco Born in the USA), la actriz Demi Moore desnuda y embarazada de siete meses, la reina Isabel II en el Palacio de Buckingham, la actriz Whoopi Goldberg sumergida en una bañera llena de leche, el expresidente de la Unión Soviética Mijail Gorbachov sentado en un auto con los restos del Muro de Berlín detrás, el músico Sting cubierto de barro en el desierto o la cantante adolescente Miley Cirus cubriéndose el busto con una sábana blanca.

PEREGRINACIÓN. Annie es un diminutivo para Anna-Lou, quien nació en Connecticut en 1949, como la tercera hija del matrimonio entre un teniente coronel de las Fuerzas Armadas, Samuel Leibovitz, y una instructora de danza contemporánea, Marilyn Heit. Siempre se inclinó por el arte, pero la fotografía llamó su atención por primera vez el día que conoció el cuarto de revelado de una base aérea en Filipinas, donde su padre fue destinado durante la Guerra de Vietnam. Estudió Bellas Artes y ya recibida se presentó, portafolio en mano, en la redacción de Rolling Stone para postularse como fotógrafa free lance. El editor quedó tan impresionado con su trabajo que la tomó de forma permanente. En dos años, cuando aún no tenía 25, se convirtió en jefa de la sección de fotografía y allí permaneció por más de una década.

Luego pasó a la revista Vanity Fair, donde ha llegado a recibir hasta dos millones de dólares anuales por su trabajo. Allí es donde más explota su célebre veta retratista. De hecho, a menudo la catalogan como "la retratista de los famosos". Al respecto, ella ha señalado que no le gusta mucho la palabra "famoso". "Me gusta fotografiar gente que es buena en lo que hace", dice. En una entrevista con preguntas de los lectores que publicó la revista Time en 2008, le consultaron quién fue la persona más difícil de fotografiar y ella volvió a marcar cierta distancia -paradójica, es cierto- con el show business. "Algunos de los más difíciles han sido gente que ha estado en el mundo del espectáculo durante mucho tiempo. Creo que no tienen sentido de la realidad. Como Sammy Davis o incluso Michael Jackson". Aunque admitió: "Otra forma de contestar esta pregunta es que quiero continuar en este negocio y sería una idiota hablando de alguien que todavía está vivo".

Si bien brinda pocas entrevistas porque no le gusta hablar de sí misma, Annie no ha tenido reparo en exhibir parte importante de su realidad más íntima a través de sus fotografías. En una muestra que recorrió varios países, basada en su libro Annie Leibovitz: A photographer`s life, aparecían imágenes que ella tomó del cadáver de la novelista Susan Sontag, quien fue su pareja durante 16 años. Ambas se conocieron en 1988, cuando Leibovitz fotografió a la escritora para la tapa de su libro El sida y sus metáforas. Las separó la muerte de Sontag, a raíz de un cáncer, en 2004. Annie también congeló imágenes de las distintas hospitalizaciones por las que pasó su compañera. ¿Por qué esa necesidad? "Después de que Susan muriera hablé con su hijo David (Rieff, periodista y escritor). Uno de los primeros usos de la fotografía fue retratar a los muertos para tener su memoria. Lo discutí con David y me dijo que era algo que tenía que hacer. Me dio su permiso, de alguna manera. Pero en aquella sala, era como si Susan no estuviera allí. Su cuerpo era como un artefacto. Estaba el cuerpo, pero ella no. Y yo estaba más bien en el papel de una fotógrafa", explicó en una ocasión.

Semanas después del deceso de su pareja, murió su padre. A partir de entonces, cuenta Annie, notó que la fotografía no sólo la acompañó en la elaboración de los duelos, sino que la ayudó a mirar esos vínculos desde otro lugar. "A través de las instantáneas entiendo algo más de la relación que he tenido con Susan. Entiendo la fotografía como parte de esta relación. Y me sucede lo mismo con los retratos de mi padre. ¿Qué relación tuve con él? Pues lo voy entendiendo a través de ciertas imágenes íntimas. Más que una memoria de mi vida, mis fotos son una evidencia, una prueba de mi existencia".

En A photographer`s life, Leibovitz también se deja ver desnuda y embarazada, con 50 años, de su primera hija, Sarah, nacida en 2001. Tiene dos niñas más, las gemelas Susan y Samuelle, quienes fueron gestadas en un vientre de alquiler y nacieron en 2005. De ellas, sus padres, sus cinco hermanos y de Susan habla en el documental A life through a lens (La vida a través de un lente), que se realizó en 2008, y donde también dan su testimonio varias de las celebridades a quienes ella fotografió.

Aunque ha signado su vida, Annie reconoce las limitaciones de su arte. "Una fotografía solo es una pequeña, diminuta, parte de la vida. Tengo la sensación de ver mucho más de lo que realmente puedo capturar. Creo fuertemente en el poder de una fotografía: puede expresar muchísimo pero es solo una pequeña parte de lo que está ocurriendo". En una de las últimas entrevistas que ha brindado, a la revista GQ, reforzó esa idea: "Cuando alguien dice: `Realmente capturaste a esa persona`, yo me río porque un retrato solo es un momento con alguien. Podés acercarte a lo que una persona es, tal vez, si pasás un año con ella".

Hoy, a los 62 años, su agenda sigue tan cargada como siempre. El mes próximo la revista Vogue publicará un especial con una serie de instantáneas que Annie hizo de ocho deportistas estadounidenses que participarán en los Juegos Olímpicos de Londres. Pero, con cuatro décadas de carrera encima, también se da tiempo para la renovación. Su último proyecto - "por extraño que parezca", dice ella misma-, no tiene gente. Se llama Pilgrimage (Peregrinación) y consiste en un conjunto de fotografías de lugares, paisajes, habitaciones; locaciones, en resumen. "Es lo que capta tu visión periférica cuando vas a hacer un retrato", define la autora. Casi una metáfora de su recorrido profesional. Recorrido que no ha estado carente de esfuerzo. "Si uno hace algo por mucho tiempo, solo se vuelve más interesante y eso es algo que a mucha gente le espanta; no se dan cuenta que si te apegas a algo, se torna más complejo y depende de ti que siga creciendo. Uno puede tener talento, pero éste se puede ir y es necesario alimentarlo. Hay que cuidarlo y encontrar formas de inspirarse".

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