la vida de a dos 

Cinco formas de entender el amor

Estar en pareja es un desafío que cambia y evoluciona con el tiempo. ¿Cuáles son las claves para que perdure y se transforme?

Adriana y Gustavo se conocieron a los 15 años.
Adriana y Gustavo se conocieron a los 15 años. Foto: Darwin Borrelli

Escribir sobre el amor es un riesgo. Todos los escritores y poetas, más allá o más acá, han escrito sobre él. Más explícito o entre líneas, siendo protagonista o secundario, el amor es y será siempre un tema sobre el que hablar, escribir, debatir y pensar. Y repensar. Quizás porque a todos en algún momento nos pasa, capaz porque en definitiva a todos nos ocurren las mismas cosas, porque a todos nos sucedió eso de que nos gustara un amigo de la escuela, eso de mandarle una cartita a través de una amiga o de pedirle “arreglo”, eso de ser novios sin hablarse. Capaz porque casi siempre todos tuvimos un primer beso y porque casi siempre todos nos enamoramos y porque casi siempre todos tuvimos alguna desilusión o se nos cayó alguna lágrima.

Dice la Real Academia Española que el amor es un “sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser”. Dice Mateo, 10 años, que el amor es más sencillo: “El amor es que te cuiden, que te quieran, que te protejan, que te cuide tu familia y que te quiera”. Dice, también, que hay distintos tipos de amor: “Amor de familias, amor de hermanos, amor de vecinos”. Agustina, de 14, dice que no sabe lo que es el amor, que no sabe, “sinceramente”, cómo hacer para explicarlo. Morena (15) dice que “es hacer feliz al otro y obviamente estar orgulloso de hacerlo”. Santiago (18), dice que va más allá de los sentimientos, que “hay que estar en los momentos buenos como en los malos y siempre cuidar a la otra persona”. Para Gerardo (34) “es reconocerse en el otro y conocer al otro más que a uno mismo”. Dice Adriana (52) que es sentirse “protegida, apoyada, contemplada en los momentos de dificultades”, que “lo es todo”. Para Luz (59) y Edison (61) es “compartir el día a día (...) y sobre todo apoyar” a sus hijos que son “el pilar” de su familia. Dice Enrique, (78), que el amor es haberse acompañado durante 50 años y preocuparse siempre porque el otro esté bien, que es no haberse ido nunca a la cama enojados.

Estas son todas historias de amor, cada una en una etapa de la vida diferente. Porque así como nosotros crecemos y cambiamos, el amor y su concepción también cambia, muta, se transforma. Estas son todas historias de amor, que están para mostrarnos que aunque a veces se termine, se quiebre o se enrede, el amor (ya lo dijo Mateo con sus 10 años) siempre es, tiene que ser, sencillo.

Intenso y erótico

Aunque la concepción del amor nunca es objetiva e intentar estructurarlo en una definición estática sería más complejo de lo que a simple vista parece, Juan Fernández Romar, psicólogo y profesor titular de Psicología Social en la Facultad de Psicología de la Universidad de la República, lo define “en un sentido muy general”, como “un tipo de vínculo afectivo intenso que tiene componentes eróticos y que busca perpetuarse. En un sentido más específico se trata de un fenómeno psicológico y afectivo complejo que incluye idealización de una persona; erotización de su figura; deseo de intimidad y expectativas de continuidad de una relación estrecha”.

A su vez, como explica el psicólogo, sexólogo y autor del libro Eróticas Marginales, Ruben Campero, el amor y su concepción es siempre subjetivo, y siempre se expresa de una forma diferente según el vínculo con tal o cual pareja, y el contexto. “Las maneras que tenemos de expresar, la forma de construir la afectividad, el erotismo, tienen mucho que ver con el desarrollo cerebral, las hormonas son fundamentales, pero todo eso se expresa en un terreno cultural y simbólico, donde lo simbólico se va como ‘encarnando’ psíquicamente para construir una subjetividad y una emocionabilidad”, asegura. Y, en esa construcción del amor que vamos haciendo, la educación, que “empieza muy tempranamente”, va modelando y definiendo.

El amor, en tanto, va pasando por diferentes etapas según el momento de la vida y de la pareja. El primero es siempre el de los padres. Ese es, dice la licenciada en psicología Ángeles Suárez de Familias.uy, el que sirve como modelo. “Las primeras etapas, el amor primario, son fundamentales para desarrollar lo que es el amor hacia una pareja posteriormente”.

El principio 

Morena y Santiago dicen que una de las claves es cuidarse
Morena y Santiago dicen que una de las claves es cuidarse. Foto: D. Borrelli

Como todo, el amor evoluciona. Y por lo tanto también lo hacen sus formas. Así durante la infancia, después de los 5 o 6 años, dice Suárez, comienza la fase del amor idealizado, que ocurre cuando el niño o niña se “enamora” de las personas cercanas como la maestra o la amiga o amigo con el que pasa más tiempo. “Es un amor más cercano a la amistad y a la admiración”. Después, aclara, en la adolescencia se ponen en juego otras cuestiones y el amor se empieza a entender de otra manera. “No solo está la idealización de la otra persona, sino que también entra en juego la búsqueda del placer. En esta etapa todo es mucho más intenso”, dice la especialista.

Morena Caballero (15) y Santiago De Vries (18) se conocieron por Snapchat, hablando sobre la pelea de Floyd Mayweather y Conor McGregor del 26 de agosto de 2017. Después de unos meses, “como para romper el hielo”, Morena lo invitó a juntarse, a verse personalmente, digamos. El 28 de octubre cumplen 10 meses juntos. Para ella el amor “es dejar de lado las preocupaciones y problemas de uno y ocuparse de hacer feliz al otro”. Para él, “el amor va más allá de sentimientos, esos sentimientos hay que demostrarlos con palabras, acciones, gestos”. Los dos dicen que les gustaría vivir juntos en un futuro, tener buenos trabajos y una mascota. En un futuro lejano, cuentan, les gustaría tener hijos.

“En términos generales las primeras experiencias amorosas románticas aparecen a menudo en forma algo indiferenciada de otras formas de amor en la pubertad o la primera adolescencia, principalmente como experimentación, aunque investidas con la fantasía de eternidad”, sostiene Fernández Romar. “En la adolescencia se vincula estrechamente con las prácticas eróticas y sexuales” No obstante, agrega el psicólogo social, “la sexualidad atraviesa toda la vida y es indisociable de la experiencia amorosa, aún cuando no haya una genitalidad muy marcada”.

“Lo vincular se vuelve muy importante en la adolescencia”, explica Campero. “El otro es muy importante, por tanto la unión con uno otro distinto a la familia primaria, es decir, mamá o papá (o quien haga de), se vuelve relevante. Y ahí es donde el mundo exterior empieza a ser un elemento central, es como un segundo nacimiento de alguna forma”. El adolescente dice Suárez, vive con intensidad todas sus experiencias, y el amor, en tanto, no queda afuera.

Un paso más 

Gerardo y Sebastián están juntos desde hace 15 años
Gerardo y Sebastián están juntos desde hace 15 años

Adriana Daners (52, foto de portada) dice que si tuviera que volver hacia atrás, elegiría recorrer el mismo camino, porque ese camino la lleva, siempre, de todas las formas posibles, a conocer a Gustavo Lartiga (52) cuando ambos tienen 15 años. Ella veranea con su familia en Lagomar y él vive allí, a ponerse de novios a los 16, a verlo los fines de semana y a hablar con él por teléfono durante horas, a decidir casarse contra viento y marea, a pelearla juntos, a tener su propia casa y entonces sí, a tener a sus dos hijos, Nicolás, de 25 y Natalia, de 23. Adriana dice que si tuviera que volver hacia atrás, elegiría recorrer el mismo camino, porque ese camino la lleva, siempre, de todas las formas posibles, a su familia y a sentirse amada y plena y orgullosa por lo que han logrado juntos. Dicen, los dos, que su amor ha cambiado, pero es el mismo. Que ha cambiado porque también han crecido ellos y porque las circunstancias han cambiado, pero que es el mismo porque se han encargado de mantenerlo y de regarlo y de fortalecerlo, de no caer nunca en la rutina y de no dejar que el tiempo desgaste a la pareja.

La noción de amor en la adultez cambia respecto a la adolescencia. “En la adultez el amor suele expresar un nuevo posicionamiento frente a la sociedad en lo que respecta a la intimidad y la esfera de lo privado, configurando una unidad mínima de supervivencia material y afectiva, el refugio desde donde proyectarse”, sostiene Fernández Romar.

En esta etapa hay una construcción distinta que “nada tiene que ver con la idealización” inicial, dice Campero. El tiempo que lleva la relación es la que hace que hace que sea “especial” y valiosa y el que hace a la construcción del amor. “Un factor importantísimo de la construcción de la intimidad con alguien a través del amor en términos afectivos sexuales, es la construcción de familiaridad, que es gran desafío. Venimos de una familia primaria, en la cual sentíamos esa familiaridad, el desafío es lograr construirla con otros”, sostiene el psicólogo y sexólogo.

Gerardo Begérez (34) y Sebastián Soldo (33) se conocieron hace 15 años en un boliche en Ciudad Vieja que ya no existe. Se miraron y fue suficiente. Sebastián se acercó, le preguntó a qué se dedicaba y Gerardo le dijo que era ladrón de bancos. “Fuimos a cenar a la casa de uno de mis amigos y nos pasamos toda la noche charlando y riendo, nunca más nos volvimos a separar”, cuenta Gerardo, que no es ladrón, sino que es actor y director teatral.

Su relación, dice, se basa en el respeto y la lealtad. “Es vital la comunicación y el respeto y por sobre todo, solidificar la confianza día a día. Tratamos de mantener viva la relación, alejándola de la rutina y proponiéndonos retos, cambios, movimientos de vida que nos desafíen. En todos estos años cada uno ha crecido mucho profesionalmente (Sebastián es contador) y esto se debe, quizá, a que ambos apoyamos mucho la actividad del otro, y sabemos que, para crecer como pareja, es vital el crecimiento individual”.

Aunque no hay secretos, una de las claves para las parejas que llevan mucho tiempo juntas, dice la psicóloga Suárez, es no permitirse caer en la rutina. “Aunque me sorprende que cada vez llegan parejas más jóvenes y con poco tiempo, el principal problema de las que están hace mucho es la rutina, que no saben qué hacer y la pareja se desgasta”, cuenta. “Los adultos, sin embargo, tienen la facilidad para las aprender las herramientas más rápido, son más constantes y más tolerantes”.

“Defino nuestra relación en base a tres pilares: la admiración hacia el otro (admiro su talento, su pasión por lo que hace y su entrega), la confianza y el compromiso. Estos pilares son la base en la cual trabajamos día a día para seguir construyendo lo que tenemos”, dice Sebastián. Y en la forma del verbo está la conclusión: seguir construyendo, dice, porque en el amor nunca nada está terminado.

Para siempre

Enrique y Mirta dicen que el amor es haberse acompañado por 50 años
Enrique y Mirta dicen que el amor es haberse acompañado por 50 años

A Enrique Pittamiglio (78) le fue suficiente una semana para sentir que la extrañaba y que la necesitaba. Para saber que aquello que los dos habían intentado disimular por temor a romper su amistad, era más real de lo que se imaginaba. Todo ocurrió en 1967, cuando fueron a cantar con el coro de Carmelo del que ambos formaban parte a Atlántida y Enrique decidió quedarse por siete días allí para encontrar al resto del grupo al fin de semana siguiente en Punta del Este. Sin embargo, todo había empezado diez años antes, cuando se conocieron, también cantando. “Fuimos amigos por diez años” -cuenta Mirta Musso (87)- “por eso cuando nos pusimos de novios, nos conocíamos tanto... y nos casamos un año después, en el 68”. Cincuenta años después siguen juntos, tienen dos hijos y cinco nietos.

El amor “en la vejez puede ser la posibilidad de una relación profunda de apoyo y comprensión recíproca”, explica Fernández Romar. Y es cuando la pareja alcanza tal nivel de madurez, resistió al tiempo y a cada obstáculo que haya surgido con él, no queda otra que pensar que el amor es para siempre, aunque haya cambiado su forma y en esta etapa se trate más de un compañerismo mutuo.

Las diferencias en cada etapa de la pareja, dice Enrique desde el teléfono del living de su casa en Carmelo, están dadas por la edad: “La primera fue la de asentamiento de la pareja y la búsqueda de los hijos, queríamos hijos enseguida y llegaron enseguida. Después la etapa en la que los estás criando y aparecen otras responsabilidades a compartir. Es una experiencia importante porque al ser dos personas distintas pensábamos diferente, entonces teníamos que charlar mucho sobre esos temas. Al principio el amor está formado por muchos ingredientes, entre los cuales uno muy importante es la pasión, que con los años va disminuyendo, pero si hay un amor verdadero, existe el compañerismo y persiste aquella amistad, es para siempre. Ahora somos otra vez un par de grandes amigos, nos queremos mucho, nos apoyamos muchísimo”. Y Mirta, desde el otro teléfono, dice que ella se siente “muy segura y muy querida”, que tiene una gran suerte: “He tenido a mi lado a un ser muy especial y me siento muy orgullosa de nuestra familia”. Dicen, los dos, que si pudieran pedirle algo a la vida, le pedirían más de lo mismo. Y lo mismo, es lo que pediríamos todos si pudiéramos pedir: un poco más de amor, un poco más de eso que nos hace bien.

La historia de Luz y Edison: un desafío en cada momento

Luz y Edison creen que el amor se fortaleció con la llegada de sus hijos
Luz y Edison creen que el amor se fortaleció con la llegada de sus hijos

Luz Avila (59) y Edison Paz (61) viven en Durazno y están casados hace 35 años. Se conocieron cuando ella se mudó al barrio de Edison y estuvieron de novios durante cinco años. “Ese tiempo fue suficiente para conocernos y posteriormente tomar la decisión de casarnos. Vivimos momentos felices y también algunos no tanto, siempre apostando al buen diálogo para sortear juntos los obstáculos que la vida misma nos iba presentando”, cuentan. Dicen que la pareja no cambia, sino que lo que cambia son los desafíos y las metas en cada etapa. Dicen, también, que la llegada de sus hijos, si bien cambió las responsabilidades como pareja, los fortaleció aún más y que entonces el amor creció y se extendió, se multiplicó por uno, por dos y después por tres. Que ahora, el amor es compartir el día a día, apoyarse mutuamente “en las tareas que uno o el otro desempeña”, seguir respetando los espacios de cada uno. “Y sobre todas las cosas” -dicen, como queriendo remarcar que no nada de lo que dijeron es tan importante como esto- apoyar a nuestros hijos permanentemente, que son el pilar fundamental de nuestra familia”.

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