Católicos con carisma rezar, cantar y poca ortodoxia

Cada domingo, al menos 600 personas llegan a la parroquia de Belén, en Malvín Norte, referente uruguaya del brazo católico conocido como "renovación carismática". Allí cantan, alzan los brazos y oran en "lenguas", en una misa que los ortodoxos aún miran con desconfianza. Sin embargo, su dinámica está acaparando nuevos miembros para la Iglesia.

 20091010 360x220

El movimiento uruguayo, liderado por el padre Julio Elizaga, existe desde 1970 pero recién en el año 2000 el arzobispo Nicolás Cotugno lo aprobó oficialmente.

GABRIELA VAZ

Un día vino el embajador uruguayo en Bolivia y se quedó ahí parado, mirando. Cuando la misa terminó, me preguntó: `¿Usted qué está haciendo? ¿Está manipulando a esta gente?` Yo le dije: `No, no, por favor, la Biblia habla de esto`. Luego siguió viniendo. En determinado momento me miraba como preguntándose ¿este cura será sensato o estará mal de la cabeza? Y yo le expliqué que esto pasa en todos lados, que somos millones en el mundo y que estamos aprobados por el Papa".

El padre Julio Elizaga está acostumbrado a ese tipo de planteos. Los que nunca asistieron a una misa carismática y llegan a la parroquia de Belén, en Malvín Norte, no dan crédito a lo que ven, sean laicos o católicos: cientos de fieles cantan alzando las manos y oran con palabras que no corresponden a ningún idioma conocido, mientras guitarra eléctrica, bajo, batería, trompeta y órgano contribuyen al clima de exaltación.

Otro día, un funcionario municipal se acercó al sacerdote que oficiaba la ceremonia para recriminarle lo mismo. "¡Usted no tiene derecho a poner a la gente en ese estado!", le dijo. Elizaga no se alteró: "No se resista a Dios, pídale que lo bautice con el Espíritu Santo". El funcionario refunfuñó que no quería saber nada, pero a la semana siguiente reapareció. Y finalmente, se unió a la "renovación carismática". Al igual que el embajador, que otros miles de uruguayos y que 150 millones de personas en el mundo, se dejó seducir por una comunidad del catolicismo que muchos miran de reojo pero que crece de un modo exponencial. Sólo a la parroquia de Belén -la referente uruguaya de este movimiento- llegan más de 600 personas cada domingo y alrededor de 300 cada jueves a la noche (los dos días en los que se oficia misa). Una vez por mes, arriban ómnibus desde Juan Lacaze, Empalme Olmos, Santa Lucía, Canelones, Maldonado y Rivera. Han recibido a paraguayos, canadienses y nunca faltan estadounidenses (cuyo país fue la cuna de la expansión moderna de los carismáticos). La parroquia también viaja. Periódicamente, Elizaga se traslada, junto a una docena de ómnibus repletos de fieles, hasta poblados del interior, en donde necesitan salones de actos porque la capacidad de los templos se supera largamente. Con orgullo, el cura señala que en una época crítica para que la Iglesia atraiga nuevos miembros, diez sacerdotes se han ordenado salidos de la parroquia de Belén. También de allí salieron tres de las nueve monjas carmelitas de clausura que hay en Florida. "Y tenemos muchos laicos consagrados, militando en distintas actividades. Todos son fruto de acá", enfatiza.

RecelO y aprobación. Para encontrar el verdadero origen de la llamada "renovación carismática" hay que remontarse un par de milenios, a la época de Jesús de Nazareth (ver recuadro). Pero su expansión a nivel internacional se inició en 1967, "ni antes ni después", dice Julio Elizaga, el sacerdote pionero en el tema en el país, quien lleva más de 30 años celebrando misas carismáticas, aunque la aprobación oficial por parte del arzobispado uruguayo para esos eventos llegó recién hace una década, despuntando el siglo XXI.

Antes que nada y debido a ese conocido recelo, el Padre aclara que se trata de un movimiento inserto en la Iglesia Católica, que comulga con todas sus creencias y preceptos. La diferencia está en el "acento" que se brinda a algunos aspectos. Así como los focolares acentúan la caridad y el amor al prójimo, o los marianos hacen lo propio con la devoción a la virgen María, los carismáticos, tal como su nombre lo indica, fijan su atención en "los carismas". "Es decir, `los dones` que el Espíritu Santo derrama sobre las personas, la acción que ejerce sobre la vida de la gente", explica Elizaga.

En efecto, se supone que todos los carismáticos viven una experiencia muy singular: ser bautizados por el Espíritu Santo, tal como le sucedió a los apóstoles luego de la muerte de Jesús. "Eso me pasó a mí", asegura el padre Elizaga, antes de relatar cómo fue que se integró tan activamente a este movimiento.

"En 1970, yo me había enterado de lo que había sucedido en Estados Unidos, y otros lugares, donde muchos habían pasado por la experiencia de ser bautizados por el Espíritu Santo y comencé a pedirle al Señor: `Si esto de verdad es tuyo, bautízame con tu espíritu`. Un día, estaba con un grupo de diez personas y nos pusimos a orar un rato (entrelaza sus manos y apoya la frente en ellas). De repente, me entraron a temblar los labios. Pensé que me estaba por dar un ataque o algo. Empecé a emitir sonidos, que no eran en castellano. `Es latín`, me dije. Pero no era. `Es griego`. Tampoco. `Dios mío, qué me está pasando`. De pronto, entreabro un poco los ojos y veo que varios de los presentes se habían arrodillado. Era claro que algo especial estaba sucediendo. Estuve una media hora cantando, me brotaba de adentro. Pero al mismo tiempo sentía una gran paz y la presencia de Dios dentro de mí. No sabía qué me pasaba hasta que una de las personas allí me dijo: `Hermano, Dios te está bautizando con el Espíritu Santo`. Ahí fue que asocié. Me costó mucho volver al castellano. Me vine en el coche orando en lenguas, me acosté orando en lenguas y me desperté orando en lenguas", cuenta.

Cuando habla de "lenguas", Elizaga no se refiere a ningún idioma en particular, sino a sonidos que se supone sólo Dios entiende. "Mucha gente me pregunta de qué me sirve hablar así si no entiendo lo que digo, pero la Biblia dice que el que ora en lenguas habla con Dios, no con la gente. Además, San Pablo explica que hablando en lenguas se crece espiritualmente. Te lleva a una vida de gozo y optimismo".

De acuerdo a los carismáticos, sobre fines de los `60 -nadie sabe por qué- lo mismo le sucedió a miles de personas alrededor del mundo: todos estaban siendo "bautizados por el Espíritu Santo". Era claro que para la grey católica tradicional toda esta movida resultaba más que extraña. Estaban atestiguando sucesos que los seminaristas estudiaban como hechos históricos, propios de la época de la Iglesia primitiva. A muchos les despertaba cierta desconfianza ese grupo de gente que oraba cantando con los brazos al cielo y extraños sonidos. Pero el grupo era cada vez más grande. La expansión se produjo tan rápidamente que en 1975 el Papa Pablo VI no tuvo más que recibir a los 12.000 fieles del nuevo movimiento que llegaron a Roma y darles su visto bueno. Significó la aprobación oficial de la renovación carismática por parte de la Iglesia. Comenzaron los grandes congresos y en 1977, 60.000 carismáticos se reunieron en Kansas, Estados Unidos, donde recibieron un telegrama del presidente Jimmy Carter, que también adhería al movimiento.

pionero en malvín. Poco después de su "despertar", Julio Elizaga comenzó a oficiar misas carismáticas en su Parroquia de Belén, en Malvín Norte, donde se desempeña desde hace 46 años. Pero si bien el seno mismo de la Iglesia Católica había aprobado el movimiento -luego del visto bueno del pontífice Pablo VI, Juan Pablo II se reunió en tres ocasiones con Elizaga y le pidió, según cuenta éste, que llevaran la renovación a Polonia-, la Conferencia Episcopal uruguaya no contaba con el mismo entusiasmo. "Dos obispos me dijeron: `Queremos que esto de los carismáticos permanezca en esta parroquia, pero que no salte a otras`. Perfecto, yo tengo que obedecer. Pero pasó que de otras parroquias empezaron a venir", dice el padre. Y tanto fueron, que la noticia llegó a oídos de la cadena norteamericana CNN, que arribó para hacer un especial sobre los carismáticos de Malvín.

Por 1999 o 2000 -Elizaga no recuerda con exactitud-, pidió permiso para realizar una misa en la Catedral de Montevideo. El arzobispo Nicolás Cotugno aceptó, con la condición de oficiarla él mismo. "Fueron más de 2.000 personas, se llenó como nunca en su historia y fue entonces que se aprobó oficialmente en Uruguay. Durante casi 30 años estuve un poco limitado, hacía lo que quería pero no me podía meter en otras parroquias. Hasta que el arzobispo no le dio su visto bueno acá, muchos te decían `yo con eso no me meto`. Primero porque lo veían como algo raro. Yo entiendo. Cuando éramos seminaristas, te explicaban que esos versículos de la Biblia (los que hablan del bautismo del Espíritu Santo) eran cosas que ya no pasaban, era historia. Así lo estudiamos los obispos y yo. Hoy se muestra de otra manera".

Desde la aprobación de Cotugno, la renovación se ha extendido a mejor ritmo. "Ahora tenemos unos cuantos sacerdotes que hacen misas carismáticas. Hay en Los Conventuales, en el santuario del Cerrito de la Victoria, los padres capuchinos de San Antonio. Algunos lo hacen una vez por semana, otros una vez por mes. En general, han aprendido o salido de acá", asegura el padre Elizaga.

Él reconoce que hay quienes prefieren las misas ortodoxas, pero también que muchos, a esas mismas, las encuentran aburridas (ver faldón). "Acá la gente experimenta algo distinto. Ora, se concentra, y canta con un entusiasmo que quizás en otra iglesia no encontrás".

Misas con batería, bajo y guitarra eléctrica

Los domingos a la tarde no cabe un alfiler en la Parroquia de Belén. "Cuando vienen los ómnibus, los choferes se acercan y se paran a mirar, porque se dan cuenta que es algo distinto", cuenta el padre Julio Elizaga, párroco a cargo de las misas carismáticas que tienen lugar dos veces por semana en el pequeño templo de Malvín Norte.

La estructura de la misa es igual a la ortodoxa, pero la renovación carismática creyó importante incluir instrumentos modernos, como batería, bajo y guitarra eléctrica, y a veces trompeta, en la música. "La gente viene acá y me pregunta `¿por qué cantan con tanto entusiasmo? ¿Qué les hace usted? ¿Los obliga?`", se ríe Elizaga. "Lo que pasa es que les llama la atención cómo los fieles oran, se concentran, se arrodillan, levantan las manos". La dinámica recuerda a las de las iglesias pentecostales brasileñas, pero el sacerdote enfatiza que no tienen nada que ver, que aquellas ni siquiera son iglesias, sino sectas.

La diferencia radical está en el ambiente que se forma, explica Elizaga. "En la misa hay un ritual que no podemos cambiar. Pero entre una misa dicha sin ganas a otra donde yo, que soy el que la celebro, tengo otra disposición y otra experiencia, donde se realiza una invocación especial al Espíritu Santo, el que me escucha lo hace de forma distinta. La gente comienza a hablar en lenguas y se produce otra atmósfera".

De acuerdo al sacerdote, una vez se realizó una encuesta en la que se preguntaba a los fieles qué aspectos de las misas gustaban más y cuáles menos. "La mayoría de la gente contestaba que la peor parte es la predicación del cura. Acá pasó lo contrario: es lo que más se valora. En ese momento se produce un silencio y una expectativa total por lo que voy a decir. No vuela ni una mosca".

Si bien cuenta que mucha gente llega diciéndole que las misas tradicionales son aburridas, Elizaga reconoce que también están los que prefieren el silencio, que el cura hable lo menos posible y orar sin escuchar nada a su alrededor.

Movimiento resurgió tras 1.700 años

Para ubicar el origen de la renovación carismática hay que remontarse a la época de Jesús, explica el padre Julio Elizaga. Según lo consigna la Biblia, luego de la resurrección les pidió a los apóstoles que no abandonaran Jerusalén porque en pocos días serían bautizados por el Espíritu Santo. Y, según los católicos, así sucedió en la fiesta de Pentecostés. "Todos estaban reunidos en el mismo lugar y sintieron como un viento impetuoso que venía del cielo y estremeció toda la casa. Se les aparecieron lenguas de fuego que se posaron sobre cada uno de ellos y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas según el Espíritu Santo les permitía expresarse", lee textualmente Elizaga de su libro sagrado.

Para la Iglesia Católica, luego esa misma experiencia comenzó a extenderse a todos los cristianos y miles la pudieron sentir. El corte se dio en el año 300. "Cuando el emperador Constantino se convirtió al cristianismo, todo el imperio romano comenzó a imitarlo, porque todo el mundo hacía lo mismo que el emperador. Entonces la Iglesia, que hasta ese momento estaba formada por grupos estrictos, preparados, bien formados bíblicamente, se vio invadida por toda esa gente que se hizo cristiana, algunos sin convicción personal sino empujados por el movimiento que organizó el emperador de Roma. Nosotros decimos que ahí se acabó el cristianismo y comenzó la cristiandad. Era un cristianismo aguado, porque algunos se convirtieron de un día para el otro. Muchos creyentes se fueron entonces al desierto, para hacerse monjes o eremitas, como un rechazo a ese tipo de cristianismo popular, y se dedicaron a mantener el fuego del espíritu fundando monasterios", relata Elizaga sentado en una habitación de la parroquia. Así, prosigue, "el bautismo del Espíritu Santo se mantuvo en la vida de muchísimos santos, como Francisco de Asís o Ignacio de Loyola. Pero en la gran mayoría esa experiencia había desaparecido".

Nadie sabe por qué, dice el sacerdote, el resurgimiento se dio siglos después, en 1967. Ese año, en lugares como Estados Unidos, India, África del Sur y Chile miles de católicos empezaron a reportar ese tipo de experiencias. "No entendemos por qué esto, que se venía dando en algunas personas, comienza a darse en gran escala", asume.

Él mismo dice haber pasado por esa experiencia en 1970, mientras oraba con un grupo de fieles. Desde entonces, se ha dedicado a fomentar la renovación carismática, convirtiendo a la parroquia de Belén en un referente del movimiento. Todavía algunos lo miran con recelo, pero él se queda con el entusiasmo.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar