DR. PABLO PERA PIROTTO
Desde el punto de vista médico, se le llama menopausia a la última menstruación de una mujer, algo que ocurre en la mayoría de los casos entre los 45 y los 55 años. El período de tiempo anterior a la menopausia, cuando comienzan a evidenciarse una serie de cambios, y el año posterior a ella se denominan climaterio.
Desde el punto de vista hormonal, uno de los factores más importantes es el descenso notorio de los estrógenos. Esto se manifiesta de distintas formas, como por ejemplo los conocidos sofocos y calores tan característicos y molestos, el descenso de la densidad de los huesos (es decir, un aumento de la osteoporosis), un incremento de la aterosclerosis con las consiguientes consecuencias que esto tiene a nivel cardiovascular, y cambios en la esfera psicológica, entre otras cosas. Por supuesto que en esta serie de cambios, la piel no queda por fuera. Por ejemplo, después de la menopausia, la secreción de sebo disminuye, con el consiguiente aumento de la sequedad cutánea. Esto se manifiesta muchas veces por una molesta picazón y una mayor sensibilidad a irritaciones y alergias. A eso se le suma que la cantidad de sudoración también decrece y que se constata un descenso en la elasticidad cutánea. Todos estos cambios provocan un aumento del número y la profundidad de las arrugas. Por su parte, las mucosas se secan, lo que se evidencia sobre todo a nivel genital. Con respecto al pelo, éste se afina y se acorta, aumentando su caída, salvo en algunas zonas de la cara, en donde ocurre todo lo opuesto.
Pero más allá de la serie de cambios que mencionamos, lo importante es saber qué es lo que se puede hacer para retrasar su aparición, o combatir los efectos del climaterio. Lo primero que surge entonces es la restitución de esas hormonas que han disminuido. La terapia hormonal sustitutiva ha mostrado mejorar la calidad de la piel y del pelo, pero son bien conocidas las dos opiniones contrapuestas que existen: por un lado están los médicos que promueven su indicación, y por el otro, aquellos que no la recomiendan, basados en el mayor riesgo de desarrollar ciertos tipos de cáncer.
Es por eso que se han popularizado desde hace algunos unos años los fitoestrógenos, que son compuestos que se encuentran en algunos vegetales y que tienen acciones similares a los estrógenos. Entre los más conocidos y estudiados están las isoflavonas, que se encuentran sobre todo en legumbres como la soja y en el trébol rojo. Estudios científicos apoyan que su ingesta mejora los sofocos, retrasa la pérdida de masa ósea, tiene una acción preventiva frente a la aparición de enfermedades cardiovasculares e incluso protegería de algunos tipos de cánceres. Específicamente a nivel de la piel, los fitoestrógenos estimulan la renovación celular, y evitan que se produzca la degradación de las fibras de colágeno y elastina tan importantes para el sostén cutáneo. Es por eso que muchos laboratorios los han incluido como componentes clave en sus cremas anti envejecimiento, tanto para uso facial como corporal.
Pero, por supuesto que también hay muchos otros productos cosméticos que son de gran ayuda para combatir y revertir los efectos de la menopausia en la piel. Desde un gran número de cremas que apuntan fundamentalmente a mejorar la hidratación, hasta aquellas que nutren y combaten la sequedad y delgadez cutánea. Mención especial merecen los beneficiosos alfahidroxiácidos, como por ejemplo el ácido glicólico, así como los retinoides, cuyos efectos antienvejecimiento han sido ampliamente estudiados y comprobados científicamente.