SALUD

El boxeo es el deporte de moda para mejorar el cuerpo y la mente

En boxeo se trabaja con el cuerpo, la mente y el entorno. Quienes lo practican dicen que es uno de los entrenamientos más completos.

Parte del equipo de competición de la fundación Quebracho. Foto: Fernando Ponzetto
Parte del equipo de competición de la fundación Quebracho. Foto: Fernando Ponzetto

El prejuicio está servido: no es un deporte, o es solo para violentos. Los que practican boxeo saben que todo aquel que lo mira de lejos y de reojo piensa eso. Ven sangre y las narices rotas en la televisión o se quedan con las historias más terribles que, claro, las hay. Pero ellos, los que están ahí arriba del ring, los profesionales, los amateurs o simplemente los que lo hacen como una válvula de escape, ven otra cosa. Las vendas, los guantes, la bolsa son, en sus rutinas, una catarsis. Y si hay sparring (guanteo), por lo general es con amigos, así que después de los golpes viene el abrazo, y por qué no, las risas sinónimo del afloje corporal luego de haber descargado todo lo necesario para continuar el día.

Los más veteranos hablarán de la época de oro del boxeo uruguayo, entre los años 50 y 70. Para dejar constancia del nivel, está la medalla de bronce que trajo Washington “El Cuerito” Rodríguez de los Juegos Olímpicos de Tokio en 1964. Pero para las nuevas generaciones también hay un nombre: Chris Namús.

Chris Namús. Foto: Darwin Borrelli
Chris Namús. Foto: Darwin Borrelli

La campeona nacional, que ha dejado bien parado al país en el resto del mundo, se anima a defender su profesión e intenta poner en palabras todo lo que significa aquello por lo que vive y de lo que vive: “Es un deporte noble. Lo que ves en el ring, es algo que hacemos siempre con compañeros con los que convivimos todos los días. Nos estamos viendo todo el tiempo, y después subimos al ring a entrenarnos y para el que nos ve de afuera, nos odiamos, pero es todo lo contrario. El abrazo del final es tan sincero y tan real que creo que pocos deportes pueden combinar todas esas emociones”. Es consciente de la influencia que ejerció después de sus grandes triunfos, y le agrada ver que cada vez más gente se arrima a los gimnasios.

Dato

El ring es un espacio mixto

Cuando Chris Namús se interesó por el boxeo, llamó a varios gimnasios preguntando si entrenaban chicas, y recibió muchas respuestas negativas. Hoy, varios entrenadores se animan a decir que Namús fue una bocanada de aire fresco para el boxeo. En 2008 (cuando ganó su primer título internacional) los gimnasios capitalinos comenzaron a poblarse de mujeres buscando los guantes. Desde entonces, los entrenadores hablan con normalidad de una cifra que tal vez en otro momento no hubiese sido tomada tan a la ligera: en sus gimnasios, hay tantas chicas como chicos dándole a la bolsa.

Porque más allá de las emociones y de los anhelos que muchos ponen en el boxeo, en la actualidad son más los que se acercan al deporte como una opción recreativa diferente. Buscan adrenalina, mayor seguridad corporal, una actividad física que no los aburra y un ejercicio que se promociona como de los más completos. Ni siquiera hay que llegar al ring para sentir los beneficios. La escuela del boxeo “lo puede volver un deporte complejo y entretenido” y eso hace que muchos lo elijan como su actividad física de la semana, dice el entrenador del Palermo Boxing Club, Robert Leivas.

Los músculos

No hay entrenador que no asuma la violencia de este deporte. Prefieren hablar con la verdad, tanto ante los curiosos como ante futuros alumnos. Hay golpe, hay contacto. Pero llegar al golpe y al contacto no es un requisito para aquellos que quieran inmiscuirse en el fabuloso mundo del entrenamiento del boxeo. Hay por lo menos 15 minutos de salto a la cuerda, ejercicios de estiramiento cuidados, hay que correr, hacer lagartijas y, dependiendo de la creatividad del profesor, están hasta los que incursionan en el paro de mano. Y eso es solo el calentamiento. “Es una gimnasia completa, fuerte, pero siempre muy cuidada”, afirma Leivas.

Después sí, viene el boxeo. Para los que arrancan, hay mucho trabajo de sombra, de parada de combate frente al espejo para practicar las figuras y entonces están los primeros desplazamientos. Se empieza golpeando al aire, para pasar luego a los movimientos de ataque y defensa con un compañero. Para golpear está la bolsa, la pera (que permite practicar velocidad) y la manopla. Estos ejercicios permiten quemar grasa y tonificar los músculos. Si después de todo el alumno se anima, las academias ofrecen los espacios de sparring con compañeros.

Palermo Boxing Club Femenino. Foto: Marcelo Bonjour
El Palermo Boxing Club abrió su gimnasio femenino en 2005. Hoy en día tiene la misma cantidad de inscritos en ambos espacios.. Foto: Marcelo Bonjour

Martina, alumna del Palermo Boxing Club desde noviembre pasado, ha notado el cambio. En su caso, siente que por un lado ganó seguridad en su cuerpo, porque ha aprendido a manejar mejor la fuerza. Pero la diferencia no está solo ahí. Antes probó con otros ejercicios y todo la aburría, ahora está enganchada con el boxeo, al punto de que no mira el reloj y pierde la noción del tiempo. “Yo me voy y mañana quedo liquidada, pero también es una forma de relajación, y vas intercalando ejercicios, no te aburrís”, añade.

En el caso de Natalia, que empezó a hacer boxeo a los 17 y con 25 sigue al firme, tuvo que derribar sus propios prejuicios: “Pensaba que era más focalizado en el tren superior y que iba a quedar gigante, pero al día siguiente de la primera clase tuve que tomarme un analgésico para poder dormir. Me dolía hasta el último músculo del cuerpo”. Natalia se anima al guanteo solo en clase, y como parte del entrenamiento, con mucho cuidado.

Adriana Lima
Un deporte elegido por las estrellas

En su cuenta de Instagram, la supermodelo brasileña Adriana Lima no para de repetirlo con fotos: si tiene que elegir un deporte, que sea el boxeo. Sentada en una esquina del ring, posando con unos guantes rojos, practicando con manoplas y otra vez sus guantes. Es su secreto de belleza tanto a nivel físico como intelectual. “El hecho de que como mujer no te des cuenta de lo fuerte que puedes llegar a ser, eso es lo que me llena de ganas, ver lo fuerte que soy. Incluso después de tantos años de practicar boxeo, aprendo algo todos los días, además descubro constantemente algo nuevo sobre mí misma”, contó la modelo en entrevista con la revista Hola.

No es la única famosa que elige este deporte. Dentro del mundo del modelaje, la estadounidense Gigi Hadid es otra que ha mostrado inclinación. Pero incluso actores como Javier Bardem, Chris Hemsworth o Idris Elba lo incluyen en su entrenamiento cotidiano

Al American Box —el gimnasio que está detrás del Defensor Sporting en el Parque Rodó—, van sobre todo estudiantes universitarios o profesionales recién recibidos. Ahí, Alberto Isabella, que supo ser boxeador y entrenó a unos cuantos profesionales del ring, se dedica a dar clases de boxeo fitness. En sus instalaciones hay un circuito establecido y en la mayoría de los ejercicios se incluye el gesto del boxeo: así que es común ver a unos cuantos haciendo abdominales mientras tiran golpes al aire. “Usamos nuestros gestos de pelea, pero para hacer entrenamiento funcional, porque ninguno de los que están acá quiere contacto”, comenta el entrenador. Igualmente, hace un tiempo tiene un profesor venezolano que hace algo de contacto con el que se anima, y el ring está armado.

Aunque sabe que puede atentar contra su trabajo, admite que el montón de entrenamientos personalizados que han pululado en los últimos tiempos pueden llegar a ser tan completos como el del boxeo, pero solo físicamente. El boxeo también entrena el sistema nervioso y eso, considera, es un plus. “Ejercita desde lo cardiovascular, lo aeróbico, anaeróbico, pero también desde la coordinación, y las conexiones neuronales se engruesan: el chico está más rapidito para los números, para escribir, pero, por supuesto, tiene que ir acompañado del estudio”, sostiene Carlos Ferraro, que está al frente de la Escuela de Combate y Gimnasio Mixto Escorpión. Y, dice, aunque en su academia hay unos cuantos deportes para elegir, el boxeo es lo que más le gusta al uruguayo.

Lo ideal es entrenar todos los días una hora, aunque siempre se puede ajustar a las necesidades de cada uno. También es esencial darle al cuerpo al menos dos días de descanso.

La mente

En el Centro Juvenil y Deportivo Quebracho Mohamed Ali está por todos lados. La base de esa organización para los jóvenes de Colonia Nicolich está en el apoyo académico, los talleres y el boxeo. Y mientras saltan, giran y practican con pasos y puños junto al entrenador Gabriel Belela, Mohamed Ali los rodea. Fue uno de los grandes boxeadores de la historia, pero su nombre no llega a ellos solo por sus peleas, sino por sus palabras. Ali era motivación pura, y eso, para los chicos, es esencial. Y eso, en el boxeo, es fundamental.

El boxeo, dicen los que lo entrenan, es terapia para cualquiera. Golpear la bolsa hasta descargar todo lo que hay adentro es catarsis. Luciana tiene 20 años, vive en Melo y empezó a boxear cuando tenía 17. Desde sus inicios, tiene claro que lo que quiere es ser boxeadora profesional, ha competido en varios departamentos y espera que algún día se le abran las puertas para ir a pelear en el exterior. Para ella el boxeo es también un gran aliado de sus días grises. “Cuando estoy mal y no quiero saber nada, ni de nadie, lo primero que se me ocurre es ir al gimnasio y entrenar”.

Chicos practican guanteo en Los Ratones Boxing Club. Foto: Fernando Ponzetto
El compañerismo es una de las claves detrás del entrenamiento. Foto: Fernando Ponzetto

A Guillermo, aunque no ve en el boxeo una profesión para sí, le pasa igual. Pero además de descargar, le sirve como motivación. “Es mucha adrenalina la que sentís y te da fuerza, ganas, voluntad. Te obliga a superarte, y eso lo llevás a otros ámbitos de la vida en los que decís: ‘Estoy cansado, no tengo ganas, pero vamos para adelante’”, comparte.

En Los Ratones Boxing Club, el guanteo es parte de un ritual que también deja lugar para las charlas, la confianza, los amigos. Allí, el exboxeador Marner Herrera, uno de los socios y entrenador, aprovecha para estar al tanto de la vida de los chicos, toman unos mates antes de entrar u organizan una comida. Muchos de los que van son becados por el gimnasio y por fuera tienen una vida dura, por lo que ese cuadrilátero para ellos es una contención. “Es como su casa, algunos hasta tienen la llave”, comenta Marner, que, por experiencia, sabe que el boxeo salva.

Jesús Chalela, presidente de la Sociedad Uruguaya de Psicología del Deporte, marca diferencia entre los efectos psicológicos de la actividad física por sí misma versus el entrenamiento con fines de rendimiento. El primero, sin duda, es salud. Pero el segundo está acompañado de una carga de expectativas y una planificación estricta que se vuelven generadoras de estrés.

K.O. a las drogas

Un programa desde el gobierno

En los comienzos de la primera presidencia de Tabaré Vázquez se decía que el boxeo era el deporte del presidente. Cuando entró, una de los primeros programas que implementó fue el K.O. a las Drogas. Desde entonces, la iniciativa ha tenido sus altas y sus bajas. La idea original era apoyar a diferentes academias del país con indumentaria a cambio de que estas becaran a chicos, dándoles la posibilidad de acceder a un deporte, que a su vez fuera una puerta de salida de los problemas. Hoy en día, el K.O. a las Drogas cuenta además con convenios con centros del Instituto Nacional de Inclusión Adolescente y con escuelas y liceos. En total, en todo el país (el único departamento que no aparece es Lavalleja) hay 52 instituciones adheridas al programa y cerca de 1.200 jóvenes inscriptos.

“El boxeo es un deporte que gusta mucho, y es una forma de acceso a la actividad física, que engancha”, explica Pablo Hernández, coordinador del área de Programas Especiales de la Secretaría Nacional del Deporte.

Como un entrenamiento recreativo, el boxeo puede ser saludable. Eso sí, aclara el psicólogo: la salud también significa tomar el recaudo suficiente en la protección, y si además del entrenamiento físico va a haber golpes, hay que usar todos los implementos que protegen al cuerpo.

“De lo contrario está faltando la etapa educativa del deporte de riesgo”, afirma. Pero una vez tomadas las precauciones, el boxeo es una actividad muy recomendada para mejorar la concentración, la atención, el control del cuerpo. Tiene mucho de estrategia, de conocer el propio cuerpo y el del rival, con sus movimientos y sus tácticas.

Y la confianza, porque aquellos que se animan a subir al ring para estar puño a puño con otro, tienen que creer en sí mismos y en todos los conocimientos que adquirieron junto a su entrenador.

Hay que trabajar la autoestima, pero manteniendo un equilibrio, porque si el ego entra en juego, hay problemas. Al final de cuentas se trata de un deporte que tanto tiene de valores como de golpes. Una actividad a simple vista individual y agresiva, pero en la que se crece a base de trabajo en equipo, y de respeto por uno mismo y por el otro. Y solo así, el boxeo será más amigable que peligroso.

El boxeador profesional Amilcar Vidal. Foto: Marcelo Bonjour
Amilcar Vidal Jr. es de una familia de boxeadores, y hoy es referencia.. Foto: Marcelo Bonjour

Cuando la profesión está en el árbol genealógico y se hereda

Amilcar Vidal fue un gran boxeador que ahora, retirado del ring, se dedica a entrenar a otros. Nunca quiso obligar a sus hijos a ir por el mismo camino, pero la sangre tiró y los tres lo siguieron. El último en representar a la familia es Amilcar Vidal Jr. que creció rodeado de bolsas, peras, guantes. Lo entrena su hermano, Richard, y a sus 22 años se ha convertido en una de las nuevas referencias del boxeo uruguayo. Fue campeón del Consejo Mundial de Boxeo amateur, con 16 años obtuvo la medalla de bronce en los Juegos de la Juventud en Perú, y ahora se pasó al rubro profesional.

Desde entonces, el boxeo ha sido su trabajo, que se toma con mucha seriedad. “Es parte de mí y es mi vida cotidiana”, comenta. Desde su perspectiva, hoy en día el boxeo uruguayo tiene buenos deportistas, y en eso ve la posibilidad de que vuelva a crecer, a ganar fuerza y que el público lo disfrute más.

“Creo que todos deberían hacer boxeo porque les gusta. Hay que ser responsable y si querés ser profesional, va a pasar a ser tu vida. En el boxeo hay esfuerzo, hay sacrificio, pero también hay que tratar de disfrutar”, aconseja.

Miradas hacia el futuro

En el gimnasio Los Ratones Boxing Club, ubicado en Grecia y Prusia, hay una consigna que se antepone a todo: el que llega, tiene que saludar a los que están. No importa ni el día ni el humor. Ni si son cien o son cuatro. Amigos o desconocidos. Al golpe en la bolsa hay que ganárselo, y parte de los méritos se suman con respeto. El boxeo, para el exboxeador Marner Herrera, “es un trabajo psicológico, social y físico”, y en su gimnasio les gusta dejarlo en evidencia.

Al club van cerca de cien personas. La mitad son socios, gente del barrio que lo toma como un descanso de la vida diaria. La otra mitad chicos que sueñan con ser boxeadores. Hay unos 40 chicos becados. “Para nosotros trabajar socialmente es aceptar a cualquier botija que venga”, remarca Herrera.

Tano tiene 13 años. Llegó a la puerta del club cuando tenía 11. Al principio, “venía fumando porro y no estudiaba nada. Ahora, está limpio”, dice orgulloso Herrera. Tano le pega a la bolsa con tantas ganas y con tanto anhelo que uno, que se acerca a él solo por media hora, empatiza con todo lo que el boxeo le ha dado. No puede pelear en veladas porque el Inau solo lo permite para mayores de 16 años, y aunque a Herrera le preocupa que eso lo desmotive, sabe que allí en el club les da más que eso.

Además de acompañarlos en su entrenamiento, están atentos a cómo les va en los estudios, a cómo están las cosas con los padres y a tratar de que desenvuelvan a la par su lado afectuoso. En eso ayudan los más grandes, que son referencia para los demás. “Acá hay un compañerismo bárbaro. Hacemos comidas, tenemos charlas. Somos muy familieros, y yo me crié en una familia complicada, por lo que acá quiero demostrarles otra cosa a estos chicos. Que tengan infancia”, añade el entrenador, que se aferra al boxeo para eso.

En la fundación Quebracho, los ideales van por ese lado. Diego, que tiene 17 años y es el capitán del equipo de competencia, descubrió que podía ser mucho más responsable y entendió “que con mucho sacrificio podés lograr las metas que te ponés”. Además, estando en el centro pudo hacer un curso para entrenar a otros, y tiene sus fichas puestas en eso: “Además de boxeador, quiero ser un buen entrenador”.

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