DEPORTE

Los beneficios y desafíos de nadar en el mar

Con la pandemia y el consecuente cierre de las piscinas, cada vez más personas se sumaron al nado en aguas abiertas. En Montevideo hay instructores y grupos para no arrancar solo.

Mundial de Natación. Foto: Archivo El País
Mundial de Natación. Foto: Archivo El País

La sensación es de libertad. Por un lado es uno con su cuerpo y su destreza, por el otro, el agua profunda y amplia que parece no tener fin. Es patalear y bracear más allá de los límites de hormigón de una piscina común, es zambullirse en naturaleza y mirar a lo lejos para descubrirse así: tan pequeño como un punto color flúor en una inmensidad verde o marrón. Es explorar lo que tienen para dar los paisajes cercanos y, a su vez, mirar a la ciudad desde un punto de vista incomparable. Es, también, explorarse a uno mismo, romper o dibujar sus propios límites: el de los pulmones, el de los brazos, el de las piernas, el del abdomen. La resistencia y la fuerza, la velocidad y el empeño. Nadar en aguas abiertas es una sensación que, aquellos que lo viven, no pueden comparar.

Tirarse al agua

 “No se queden con las ganas”, dice Andrea Smirne, una nadadora en aguas abiertas de 28 años. Empezó a nadar en piscina cuando era una niña pequeña, luego se unió a un club con entrenadores profesionales y a los 11 hizo su primera travesía en la playa de Malvín. De aquel verano recuerda el calor y las marcas del sol en el cuerpo que mantiene hasta el día de hoy. Importante: hay que tenerle tanto respeto al agua como al sol.

A los 15 años Andrea había clasificado para el Sudamericano Juvenil tras ganar su primer Campeonato Nacional Aguas Abiertas. Un año después ganó otro. Un tiempo más, la crisis de su club mediante y el gusto por la arquitectura la fueron alejando de las aguas abiertas. “Dejé de nadar y pasé a algo que nada que ver”.

Andrea Smirne, profesora de natación en aguas abiertas de Playa Ramírez
Andrea Smirne, profesora de natación en aguas abiertas de Playa Ramírez

Hasta que de repente, tercero de facultad, la vida corriendo, y le surgieron ganas de hacer el curso de salvavidas. “Me puse a entrenar, me metí y ahí empecé a incursionar más en el área deportiva”. Desde el año pasado estudia la tecnicatura en natación, tras conseguir una beca de la Federación Uruguaya de Natación. La pandemia la reencontró con esa piscina eterna que había dejado de lado. De nuevo se metió al mar.

Entre los seis y los 55 años de Adolfo Vilas, montevideano, el agua y la natación han estado siempre ahí. No es profesional, pero es el deporte que más ha practicado y en 2020 se sumó a las aguas abiertas con un grupo que frecuenta la playa del Cerro. Es una disciplina que antes había probado en triatlones. “A mí personalmente me encanta porque vas a nadar a una piscina y sabés que vas a llegar al otro extremo y que tenés que dar la vuelta. En esto empezás a nadar y no parás. Te da esa libertad, acá vas mucho más relajado”.

Un grupo para nadar en el Cerro

Adolfo de Vila pertenece al grupo que sale todos los días desde la playa del Cerro. En total, son unas 50 personas que se van alternando en distintos horarios para que nadie nade solo, están en Facebook como Natación aguas abiertas. “El grupo ya estaba en contacto porque ya nadábamos en la piscina de la Plaza Número 11 del Cerro, y en verano en la playa. Nuestro grupo es heterogéneo, de todas las edades, desde 14 o 15 años. El más veterano tiene 76 y es el más chistoso de todos, el que organiza las pizzas”.

El cierre de las piscinas para prevenir contagios de COVID-19 llevó a muchos a optar por la natación en aguas abiertas. El problema, comenta Andrea, es que no todos tenían la preparación necesaria.

Grupo de Natación en aguas abiertas del Cerro.
Grupo de Natación en aguas abiertas del Cerro.

El mar y la piscina son mundos completamente distintos: en una hay quietud, paredes, líneas, la cercanía constante de los otros, agua caliente para los días más fríos, techo para poder nadar aún cuando hay tormenta, duchas para recuperar el aliento. En el otro hay aventura, un contexto que cambia constantemente, olas, corriente, sol, lluvia.

“Las clases están para esa gente que quedaba rezagada del grupo grande, pudiera igual tirarse y nadar en un grupo de un nivel más intermedio o principiantes y empezar a agarrarle la mano a lo que era el mar”, explica Andrea, una de las profesoras que está en el Club de Pesca de Montevideo.

Instructores para comenzar

Si busca en Facebook e Instagram NAF Uruguay, encontrará a un grupo de Nadadores de Aguas Frías que, además de organizarse para salir al mar en compañía, cuenta con distintos instructores que trabajan en las costas uruguayas con los que recién empiezan. Andrea Smirne está en el Club de Pesca de Montevideo, por las mañanas, dando clases para principiantes e intermedios. Como instructora, aconseja: “Cada uno debe ir a su ritmo, siempre hay alguien más que va a ir a tu ritmo, no es que seas el único lento o el único rápido. Y nunca nades solo”.

Las reglas

En la piscina hay puntos de seguridad por todos lados, además de un guardavidas atento a esos metros cuadrados. Pero nadar libre requiere del equipo, y para que este funcione, debe haber visualización del otro para no perderlo de vista. Dice Adolfo que en el caso de su grupo en el Cerro, eso traspasa el agua: “Lo más lindo es la comunidad que se forma. Yo hace poco que estoy, empecé a nadar con ellos en setiembre u octubre, y enseguida me llamó la atención el compañerismo que había”.

En las clases para principiantes de Andrea se trabaja de a tríos o dúos. “Uno de los desafíos del Río de la Plata (y cualquier otro espacio de aguas abiertas) es que vos nadás y no es constante, el mar siempre va cambiando en una misma hora o en el correr del día o en el mes, siempre tiene cambios. Y hay que tener en cuenta. Hay que visualizar al otro nadador, pero también el punto hacia el que vamos”. Andrea a veces coloca boyas que delimiten el espacio y otras marca puntos en la ciudad que sean cercanos a las inmediaciones de la playa Ramírez. El plan es ir lo más recto posible, aunque a veces el zigzag es incontrolable.

Grupo de natación en aguas abiertas de Playa Ramírez
Grupo de natación en aguas abiertas de Playa Ramírez

“Creo que todos los que nadan en aguas abiertas buscan un poco de libertad, lo bueno es que no hay relojes. Si lo tengo que comparar con las piscinas: vos tenés un reloj, tenés el cubo, las paredes,. En la playa estás vos y el mar y algún otro compañero que esté en la vuelta, pero te da sensación de nadar libre sin tener la línea T que te guíe”.

La otra exigencia de la que no se puede prescindir es la boya de seguridad. Actualmente se venden varias en el mercado y se las utiliza enganchadas a la cintura. Adolfo comenta que hay quien hace la suya con un bidón de seis litros y un poco de pintura, para que el dinero no sea un impedimento de nadar. La boya es una referencia constante para el que se cansa o tiene un calambre o necesita parar por cualquier motivo. Es, además, un resaltador flúor para que aquellos que están en el mar, puedan ver al nadador. Sirve para el compañero de equipo también, que con ver el resplandor del color en el agua, sabe que no está solo.

Por lo demás, en verano, quien quiera puede agregar otros accesorios como patas de rana o manoplas, los lentes para que el agua salada no irrite tanto la vista y, para el friolento, licras o trajes, pero con traje de baño y boya es suficiente. En invierno cambia: si bien suelen ser menos los valientes que se tiran al agua fría, sin piscinas pasó a ser una opción más recurrente. En ese caso, hay que sumar sí o sí protectores contra el frío tales como trajes, guantes, capuchas, botitas de neopreno, además de la boya, que nunca puede faltar.

Para quienes quieran probar más allá de marzo, en nuestro país está la comunidad de Nadadores de Aguas Frías, que se comunican por redes sociales. Andrea se unió a ellos en el invierno de 2020. “Lo que también cambia es la preparación. Cuando disminuye la temperatura, el cuerpo tiene que estar adaptado, tiene que ser gradual, no podés terminar de nadar en febrero y meterte en julio porque el cuerpo va a rechazar y puede acabar en un accidente. Además, las bebidas templadas no pueden beberse muy calientes, sino tibias, para que el cuerpo no sienta ese choque de golpe de calor y frío”.

en alerta

Los consejos de los salvavidas

Ante el incremento de personas que nadan en aguas abiertas, en diciembre, los guardavidas de Montevideo compartieron un protocolo con recomendaciones que puede leerse completo en la página de la Intendencia.

Entre otra cosas, se desalienta a nadar en aguas profundas, realizar la actividad en zona habilitada para baño. También “pedir información a las y los guardavidas de la zona sobre: riesgos del nado en aguas profundas, corrientes marinas, puntos de peligro en la zona (puntas de roca, resto de muelles hundidos, embarcaciones circulando en la zona, otros), así como medidas de prevención a adoptar, en caso de un eventual incidente dentro del agua.

Anunciarse para ser asesoradas/os en la torre de guardavidas, dejando datos de las y los referentes mayores de edad”, entre otros consejos que permiten un mejor control.

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