COMPORTAMIENTO

Balances de verano

El comienzo del año y su calma es un buen momento para evaluar cómo está nuestra vida, pensar en cambios en cómo lograrlos, proponernos metas y formas para alcanzarlas. 

Aprovechar el verano para pensar es una buena forma de empezar el año
Aprovechar el verano para pensar es una buena forma de empezar el año

Dicen que al balance hay que hacerlo en diciembre. Que es el momento ideal del año para evaluar los doce meses que pasaron, para saber con qué cumplimos y qué nos quedó por el camino, qué tanto logramos y con qué no pudimos. Sin embargo, como todo, es una cuestión de perspectiva. Y, aunque siempre es bueno evaluar en qué fallamos y en qué no para saber cómo avanzar, también se puede realizar un balance ahora, durante el verano, en los primeros meses del año. Y los motivos para hacerlo son varios.

Es que el estrés de diciembre, con las fiestas y el cansancio acumulado de todo un año que llevamos encima, quizás no nos permita mirar con perspectiva y pensar qué estamos haciendo con nuestra vida. El comienzo del año, sin embargo, nos encuentra más tranquilos, con más tiempo para pensar en el año que tenemos por delante. Sea en el ámbito personal, laboral, profesional, sea sobre la carrera que elegimos o sobre la vida que estamos llevando, siempre es bueno cuestionarse qué tan bien estamos, si estamos conformes con lo que hacemos o si necesitamos hacer un cambio. Y entonces sí, después de pensarnos, plantearnos qué hacer durante el año.

“Si las acciones que estoy tomando para mi vida no me llevan a la felicidad, hay que intentar cambiar, eso es lo que hacemos los psicólogos, tratar de ayudar a las personas a que vayan por los objetivos que quieren. Aunque primero hay que ver si esos objetivos que nos planteamos son los que realmente queremos, si realmente queremos alcanzarlos o si directamente tenemos objetivos, porque hay gente que no los tiene”, sostiene el psicólogo y escritor Alejandro De Barbieri.

En este sentido, “está muy bien plantearse metas”, dice el especialista: “Nosotros en logoterapia decimos que la felicidad se mide en proyectos. Tener proyectos, aunque mañana no los cumplas, te hace caminar, te hacen avanzar, te da un camino, te hace plantearte una estrategia, te propone un objetivo. Tienen que ser realistas pero está bien tener sueños también. Hay que ser realistas pero tampoco fatalistas, porque si las metas son chiquitas y cortas, te exigís muy poco a vos mismo”, agrega.

Entonces, ¿qué tener en cuenta para plantearnos las metas para este año que ya lleva 27 días? ¿cómo saber si estamos conformes con nuestra vida o si solamente seguimos donde estamos por comodidad, o por rutina, o por miedo al cambio?, ¿qué hacer para estar bien en nuestros trabajos? Aquí, algunos aspectos a considerar.

En lo laboral 

Para la Real Academia Española, trabajar es, en primer lugar, “ocuparse en cualquier actividad física o intelectual”, y en segundo, “tener una ocupación remunerada en una empresa, una institución”.

Sin embargo, a esta altura, todos sabemos que trabajar tiene, sí o sí, que implicar otro aspecto. Ya no alcanza solamente con trabajar para recibir una remuneración, sino con qué significa para nosotros nuestro trabajo y qué sentido le damos a lo que hacemos. No depende del cargo que ocupemos ni a qué nos dediquemos, el sentido que importa realmente es el que le adjudicamos nosotros mismos en día a día.

En el libro Ser feliz es decisión tuya, Tal Ben-Shahar y Angus Ridgway, sus autores, postulan que el sentido se experimenta cuando existe conexión entre lo que hacemos y nuestros valores, si creemos o no en lo que hacemos y en base a eso, el compromiso es la motivación y energía que ponemos en nuestra tarea. De aquí, los autores desprenden diferentes situaciones por las que podemos estar pasando y en las que hace falta pensar y repensarnos para evaluar cómo estamos respecto a nuestro ámbito laboral, pero que también aplican para varios aspectos de la vida: amigos, pareja, sueños, metas.

Una de las situaciones que proponen los autores es la del trabajador que está “a la deriva”: trabaja sin creer en lo que hace y sin más motivación que la de cobrar un sueldo. La otra es el “soñador”, en la que el trabajador cree en una causa puntual pero realiza poco esfuerzo para hacer algo por esa causa. También postulan al “estancado”, aquel que trabaja duro solo porque es responsable, pero que no está ilusionado ni emocionado con su trabajo. Por último, está aquel trabajador que está “alineado con el propósito” y es aquel que trabaja porque cree en lo que hace.

Entonces, es bueno pensar en qué situación estamos para saber cómo plantarnos frente a este año. “Hay que saber si soy libre o si soy fusible. Ser libre implica ser responsable en nuestro trabajo, y ser fusible es cuando crees que la empresa te exprime. Esa actitud implica no ser protagonista de tu vida y claudicar tu felicidad, por lo tanto la persona se transforma en un recurso humano fácilmente manipulable y fácilmente reemplazable”, sostiene De Barbieri.

“Para evaluar si estoy bien respecto a mi vida laboral, hay que tener en cuenta si siento pasión por mi trabajo, si soy creativo, si me siento protagonista, si siento que pertenezco a ese lugar. También un líder tiene que tenerlo presente respecto a las personas que tiene a cargo”, dice el psicólogo. Y agrega que cada vez ocurre más la situación en la que cual las personas eligen estar en la postura cómoda de que alguien más les diga qué hacer, en vez de elegir ser libres y eso, sostiene, es otro aspecto a tener en cuenta a la hora de hacer un balance sobre nuestra vida a nivel laboral. Para considerarlo, De Barbieri cuenta que hay siete claves para estar felices en el trabajo y no al salir del trabajo: “Disfrutá, comprométete, aprendé, buscá el sentido, sé optimista, sé flexible, confiá”.

¿Estamos felices? 

felices? Pero, es sabido, la vida no es solo trabajo y hay muchos otros aspectos que inciden en nuestro bienestar. Porque esto de la felicidad es un estado y es necesario hacer cosas (o dejar de hacerlas) para poder conseguirla e intentar mantenerla.

Es en este sentido que el psicólogo De Barbieri dice que él aplica el modelo de Tal Ben-Shahar “que contiene cinco puntos muy fáciles de reconocer y aplicar: el primero consiste en vivir como un ser humano y no como robot. Después, hacer ejercicio en forma regular, saber manejar el estrés, hacer foco en los buenos vínculos y por último, ser agradecido. Hay que saber gestionar las emociones, poder cumplir con esos puntos para estar mejor”, cuenta.

Así, no se trata de aplicar una fórmula matemática en la que al sacar o quitar ciertos factores de nuestra vida altera nuestra felicidad. Pero sí aprovechar los momentos en los que la rutina lo permite para mirar hacia adentro y pensar en qué podemos hacer por nosotros.

Y entonces, ¿por que no aprovechar para hacerlo cuando el año recién comienza?

La vocación y cómo motivar a los millennials

A los estudiantes, los que recién empezaron la carrera o los que ya están avanzados, también les sirve tomarse un ratito para evaluar si la opción que eligieron es lo que realmente quieren, si les está gustando o, por el contrario, si creen que no les gusta pero en realidad es cuestión de tiempo.

“A mí me ha pasado de recibir consultas de alumnos de segundo o tercero de facultad y me dicen que no saben si lo que están estudiando es para ellos”, comenta el psicólogo y escritor Alejandro De Barbieri. “Y la verdad es que uno ve que sí es lo de ellos, pero les falta perseverancia o constancia. Es cierto que si están desganados, si están desmotivados, si nada de la carrera los entusiasma, bueno, evidentemente pueda que no sea lo suyo. Pero yo siempre trabajo mucho en que insistan uno o dos años”, dice el especialista.

Es que, explica el psicólogo, los millennials, esa generación de los que tienen 20 y tantos y 30 y poco, que ha sido tan estudiada, cuestionada y criticada, necesitan que se los motive para ser perseverantes. 

También es cierto que son también un grupo que se cuestiona a sí mismo de manera constante. Sobre su vida, sobre su trabajo (por algo cambian tanto), sobre sus vínculos, sobre su futuro. Es por eso, quizás, que han resignificado algunos valores. “En el ámbito laboral, por ejemplo, los millennials han demostrado que ya no alcanza con motivar solo con dinero, que hay que incentivarlos de otra manera”, dice el psicólogo Alejandro De Barbieri.

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