FACUNDO PONCE DE LEÓN
Le pusieron teléfono el año pasado. Al otro día el primero en llamarla fue uno de sus tantos hijos. Ella, sola en su rancho y sorprendida por el suceso, se fue a perfumar antes de atender. Al ver que su hijo no lo notaba se lo comentó y él le dijo que el perfume no pasaba por el tubo. Fue en una zona rural de nuestro país en pleno 2005.
Del hecho no quiero concluir nada trágico sino un suceso que de tan evidente no lo vemos: se puede vivir sin estar rodeado de tecnología. Esta señora lo hizo sin teléfono hasta el año pasado y doy fe de que vivía los días y las noches con total normalidad y tranquilidad. Pero tampoco quiero decir que su vida era mejor que la nuestra porque no sabía lo que era un ADSL o un ringtone.
Por suerte ya pasaron las profecías sombrías sobre la tecnología, aquellas que a mediados de los 90 (cuando empezó el boom) nos decían que Internet era el fin de la sociedad y los afectos: todos encerrados en sus casas, aislados e incomunicados sin ver el sol y despreocupados por lo que siente el otro.
El paso de los años demostró que con un mail puedo alegrarle el día a una persona y que a través de los aparatos tecnológicos logro ayudar a ser feliz a otros y otros pueden ayudarme a mí. ¿En qué quedamos entonces? ¿Es bueno o es malo vivir rodeado de la tecnología?
Una vez más, desde las profundidades de la historia nos llega una clave para entender el mundo tecnológico que para los jóvenes de hoy es el único mundo. Esa clave nos la da Aristóteles, filósofo griego que vivió entre el 385 y el 322 antes de Cristo. Cuando tuvo que definir la felicidad de la vida humana y las virtudes que nos llevan a ella, el filósofo aplicó el concepto de justo medio.
Al llevar a cabo nuestras acciones no debemos movernos en los extremos, sino en un justo medio que evite el exceso y que evite el defecto. El buen guerrero es aquel que no es alocado en la lucha (exceso) ni es cobarde (defecto). Así se define la virtud de la valentía. El hábito de comportarnos según el justo medio nos convertirá en seres virtuosos y así llegaríamos a la felicidad. Por supuesto que la cuestión no es fácil y el propio filósofo lo sabía.
¿En qué nos ayuda el pensamiento de Aristóteles hoy? En que con la tecnología debemos tratar de comportarnos buscando ese "justo medio".
En el mundo ya hay adictos a Internet y a los celulares móviles, que son una consecuencia de la adicción al consumo en general. Es bueno saber que no necesitamos la pantalla plana ni los nuevos championes Nike y Adidas. Podemos tenerlos y disfrutarlos, pero sólo si sabemos que no los necesitamos y que están ubicados en un lugar distinto al de las necesidades.
Sólo si no hacemos todo lo que tenemos ganas de hacer, sólo si no nos compramos todo lo que nos quisiéramos comprar, sólo si esperamos un poco para adquirir los últimos avances de la tecnología, vamos a disfrutarlos y a vivirlos en su justo medio.
Estoy seguro que si el filósofo griego viviera hoy en día tendría ADSL y seguramente se hubiera armado un blogspot para compartir sus pensamientos. Pero también estoy seguro que sabría de la existencia y entendería a aquellos, como la señora de Rivera, que no necesitan de lo tecnológico para encontrar el justo medio y buscar la felicidad.