EL PERSONAJE

Antonio Alzamendi: "Soy ídolo más en Argentina que acá"

Fue uno de los grandes goleadores en la década de 1980. Hoy maneja su propio emprendimiento en Cardona, pero quiere volver a ser director técnico. Un apasionado del fútbol.

Antonio Alzamendi
Antonio Alzamendi por Fernando Ponzetto.

Antonio “Hormiga” Alzamendi recibe a Revista Domingo en el complejo —cancha de fútbol sintética, más salón de fiestas y eventos— que él mismo, junto a su esposa, construyó luego de haber sido director técnico en Perú, hace ya diez años. Primero muestra su pequeño museo, atestado de recuerdos. Luego, se sienta y se pone a hablar.

El comienzo

“De niño soñaba con jugar en Nacional. Toda mi familia era de Nacional. Un día, papá estaba sentado en el sillón y le dije: ‘Yo voy a jugar en Nacional’. Tenía 10 años. Pero a los 15 años, me cambié y me hice de Peñarol. Terrible panqueque soy (risas). En aquella época, yo escuchaba los partidos por la radio y Peñarol tenía a Spencer, Joya, Cubilla... Nacional a Artime, Mugica, Maneiro, todo ese tipo de gente. Después me subía a la azotea con un amigo y escuchábamos los partidos de fútbol argentino. Y estaba el Independiente de Ricardo Pavoni, José Pastoriza. Y porque jugaba el “Chivo” (Pavoni) y había historia de uruguayos ahí, me hice hincha de Independiente. Cuando empecé en el baby fútbol quería jugar en el Racing de Durazno, por el barrio, pero empecé en Wanderers de Durazno. A los 15, Nacional me vino a buscar y me fui a Montevideo. Estaban Rodolfo Rodríguez, Juan Ramón Carrasco, José María Muniz... Pero extrañaba mucho. Era un gurí muy de mamá. Y me volví a Durazno. Hubo interés de Peñarol en llevarme, pero Wanderers pedía mucho dinero. Terminé arreglando con Sudamérica. ‘¿Ahora sí te vas? ¿No vas a volver?’, me preguntó mi padre”.

Antonio Alzamendi
Alzamendi recordando a sus padres. Foto: Fernando Ponzetto. 

Cómo era jugando

“Mi principal característica era la velocidad y el sacrificio. A mí me preguntan a quién me gustaría parecerme de los que juegan ahora y yo digo: Cavani. Por cómo es, sacrificado, se juega entero por el equipo. Corre, marca y define bien. Yo no era habilidoso como es él, en eso me supera. Yo me ubicaba muy bien, hacía bien las diagonales, encontraba los espacios vacíos, anticipaba muy bien. También jugaba al lado de maestros ¿no? Al lado de Ricardo ‘Bocha’ Bochini en Independiente, del ‘Negro’ Antúnez en Sudamérica, al lado de Ruben Paz, de Enzo Francescoli. Uno va aprendiendo de esa gente”.

Ídolo

Soy más ídolo en Argentina que acá, sin duda. Es que jugué muy poco en Uruguay. Luego de irme, jugué un ratito en Nacional y otro en Peñarol. Tal vez lo sea un poco más para la gente de Sudamérica, que me sigue recordando. Fijate que yo empecé a jugar en Argentina con 21 años. Llegué a Buenos Aires un día después de que Argentina saliera campeón del mundo en 1978. No había nadie en las calles, estaba todo lleno de papelitos”.​

Independiente

“Me llevaron por un montón de dinero, más de 300.000 dólares. Era el pase más grande que había hecho Sudamérica. Cruzar en el barco fue lo más triste, no es lo mismo que en viajar en avión, las despedidas son más largas. Mi vieja llorando, todos llorando. Cuando jugaba en Durazno, con un amigo decíamos que él era Bochini y yo Bertoni. La vida me llevó a jugar al lado del Bocha, ya habían vendido a Bertoni. Imaginate lo que fue para mí entrar al vestuario. ‘Uruguayo, vos vení para acá que sos uno más de nosotros’, me dijeron. Para mí era un sueño. Tenía 21 años. Había llegado al equipo que era campeón de todo. El primer partido fue, creo, contra Temperley y tuve muchas posiciones adelantadas. Me gritaban de todo. Para el segundo partido, el DT José Pastoriza me pone contra San Lorenzo, y le hago el gol a Ricardo La Volpe. Ganamos. Ahí empezaron a gritar ‘¡Bien uruguayo!’. Pastoriza nunca más me sacó. Me tenía horas entrenando velocidad junto al Bocha, que me decía: ‘Cuando yo la agarre, vos no te apurés. Arrancá dos metros más atrás’. Todas esas cosas que fui aprendiendo. Las sabía en Sud América, pero allá era otro estilo, diferente al fútbol uruguayo: más toque. Gracias a Dios hice 75 goles en Independiente. Fui capitán, y soy el tercer goleador de la historia de ese cuadro. Y la gente, espectacular conmigo. Ahí nació el ‘Uruguayo, uruguayo/sí señor/ uruguayo hay uno solo/es Alzamendi y tiene huevo y corazón’. Lo cantaba toda la tribuna”. Hice una carrera buenísima, pero me al principio me estaban pagando muy poco. Vivía en González Catán, y para llegar al estadio tenía que tomas dos ómnibus, levantarme a las cinco de la mañana todos los días. Era un sacrificio. José Pastoriza se enteró y vino a ver dónde vivía. "Pero estás loco", me dijo. Agarró su camioneta, fue hasta donde vivía y cargamos todo en la camioneta. Me ubicó en un muy lindo hotel, y luego me consiguió un apartamento a pocos metros del estadio. Luego iba caminando a entrenar. Fue un gran cambio2.

Peñarol - Nacional

“Somos pocos los que tenemos el privilegio de haber jugado en los dos grandes de Uruguay. En Nacional ligué muy mal con las lesiones. En Peñarol salí goleador y campeón. Más allá de que soy de Peñarol, no soy hincha. Soy jugador, que es distinto. El otro día, viendo un partido, terminé hinchando por Nacional”.

River argentino

“Tuve la suerte de hacer goles importantes, como el gol contra el Bucarest, tuve la suerte de ser campeón de la Copa Libertadores y la Intercontinental con River, por primera vez en su historia. Estoy entre los mejores 22 jugadores de la historia de River”.

Logroñés

"Ya estaba medio grande, 34 años. Pero todavía estaba para jugar. Cuando surge la oportunidad de ir a España, dudaban. Por mi edad. Pero ahí Óscar Ruggieri me dio una gran mano. ¿Conocés el cuento? Está en la tele". 

La violencia

"Siempre respeté al rival. Por eso todos me respetan. En Twitter recibo saludos de afectos de hinchas de todos los cuadros, no solo Independiente y River. Nunca fui a provocar una hinchada adversaria, a sobrar. Eso genera violencia. Como hizo Maradona el otro día (se refiere a cuando Maradona hizo el gesto de 'gallina', despectivo para los hinchas de River Plate). Él, que tiene grandes amigos que jugaron en River, como Caniggia, no debería hacer eso. Digo Maradona como podría decir cualquiera. Porque si no aclaro van a decir que quiero hacerme famoso hablando de él. No es así. En cuanto a agarrarme a las piñas, una vez casi me pasa en Independiente. Estábamos saliendo y nos encontramos con la barra brava. Yo estaba con el 'Flaco' Fossati, y cuando la cosa se puso fea el 'Flaco' dijo: '¡Vengan de a tres!'. Ahí le dije: 'Flaco', a mí pedímelos de a uno' (se ríe). Pero al final quedó todo en la nada. 'No, uruguayos, con ustedes todo bien', nos dijeron. Sí me pasó que me dieran flor de piñazo, cuando jugaba en Mandiyú de Corrientes. Estaba por sacar un corner y uno insultó a mi madre. No soy de pelearme, pero no iba a dejar que insultaran a la vieja. Enfilé derechito hacia él, que era un rubio grandote. Un amigo de él me agarró de atrás y este me encajó una piña que me dejó el ojo en compota. Casi me noquea. En Mandiyú entonces había muchos uruguayos, entre ellos Javier Zeoli. Cuando vieron que me habían pegado, él y otros empezaron a repartir piñas. Cayeron como tres en la carrera. "¡Paren uruguayos, tranquilos!", gritaban los que querían separar. Los fotógrafos se hicieron una fiesta ese día.

Paco Casal

“Siempre fui jugador de Paco. Fui el segundo jugador que él representó. Dicen que el que hace, recibe críticas. Yo hablo como amigo y por lo que sé. El mejor contratista que hay y como persona, un fenómeno. Después los negocios los hace cada uno a su manera. Ha ayudado a mucha gente. Él estaba enterrando a su padre y venía gente a pedirle plata. Yo lo vi eso. Para el fútbol uruguayo fue lo mejor que le pudo haber sucedido. Un tipo leal, buena gente. Me decía: ‘¿Cuánto querés ganar?’, ‘50.000 dólares’, le respondía. Y me hacía ganar 300.000. No sé qué habrá pasado con los otros jugadores que hablaron mal de él. No estuve ahí. Pero para mí fue lo mejor que me pasó”.

Cardona

“Acá la gente me trata de novela. Me llevo divino. Desde el primer día que llegué. Una gente bárbara, bien de pueblo. Quizás tuve una oportunidad en Durazno, que hablé con el intendente Vidalín pero... Del 100 %, 99% fueron mentiras. Entonces, ta. Estaban usándome, usándome y... Yo tengo todo allá, mi casa alquilada. Tengo mis amigos, amo a mi ciudad. La gente conmigo era espectacular, pero no se me dio la oportunidad de poder estar ahí. Dicen que nadie es profeta en su tierra, pero yo no creo que sea tan así”.

Entrenador

“Lo primero que aprendí de muchos técnicos, como Máspoli, el ‘Chema’ Rodríguez, Pastoriza, el Bambino Veira o el Maestro Tabárez, es no mentirle a los jugadores. Les hablo a todos juntos y si luego tengo que hablar con alguien aparte se lo digo de frente: ‘No te voy a precisar. Te voy a ayudar en lo que pueda, pero no te voy a precisar’. El jugador tiene que saber que el técnico no le miente. Y que si no se adapta a las reglas del entrenador, está afuera. Así me manejé siempre. Yo confío en hablar poco y trabajar mucho. Lo difícil es ser entrenador de cuadro chico. Ahí se ven los buenos entrenadores. En los cuadro grandes tenés que tener otras cualidades, como saber que en algún momento las figuras que tenés se van a poner bravas. Yo creía que era el mejor en Independiente. El DT que venía era el ‘Zurdo’ López. Me acuerdo que me dijo ‘Vas al banco’. Le dije que si iba al banco, que no me llevara. ‘Muy bien’, respondió. Primer partido, gol de Calderón, lo había puesto de puntero izquierdo. Segundo partido, gol de Calderón. Tercer partido, gol de Calderón. Séptimo partido y ¡seguía haciendo goles! ‘Calderóóóó’, gritaba la hinchada. ‘Este no me pone más. Qué nabo que soy’, pensé. Me hizo sufrir. Hasta que un día me llama y me dice: ‘Imprescindible en la vida no hay nadie. ¿Vio lo que grita la gente? ‘Calderón’. Pero usted es el mejor y va a jugar. Nunca haga eso de nuevo, no sea tan boludo’. Tenía razón. Me ubicó y aprendí. Lo que vale es el equipo. Ahora estoy viendo si puedo dirigir, aunque sea en la B. No hay oportunidades para dirigir para gente como nosotros. Está todo copado. Quizás la experiencia que pedían antes, hoy no vale nada. Salvo que surja una oportunidad grande, me voy al diablo”.

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