Por casi tres décadas, Alexis Buenseñor (80) ha sido una figura central en la vida cultural uruguaya desde un lugar muchas veces invisible: la gestión colectiva de los derechos de autor. Presidente del Consejo Directivo de la Asociación General de Autores del Uruguay (AGADU)y recientemente reelecto como presidente del Comité Latinoamericano y del Caribe de la CISAC (que reúne medio centenar de sociedades de autores), su trayectoria combina una sólida carrera como músico profesional con una persistente militancia institucional en defensa de los creadores.
Muchísimo antes del gestor y del referente gremial, está el niño que creció en una familia permeada por la música. “Sí, el mío era un hogar musical. Mi padre Daniel era músico de instrucción, tocaba la batería. Llegó a tener una orquesta”, recuerda Buenseñor en entrevista con Domingo. Su madre, Margarita, aunque no desarrolló una carrera profesional, tenía una voz privilegiada. “Ella cantaba muy bien, sobre todo tango, pero cuando hubo que definir el hogar o el canto, en aquella época, lamentablemente dejó”, repasa.
La música era parte del aire cotidiano, y ese clima familiar fue decisivo para marcar el destino de los hermanos Buenseñor. Gastón, ocho años mayor que Alexis, heredó la batería del padre y se convirtió en uno de los músicos más destacados de su generación. “Para mí fue el mejor baterista de las big bands”, afirma sin dudar sobre su hermano, fallecido el año pasado. Lo recuerda acompañando a Los Plateros (“los originales”, destaca) en el Cine Censa, en una época en la que las grandes orquestas eran protagonistas de la escena cultural.
Gastón tocó primero en la orquesta Santa Mónica de su padre, luego con “Panchito” Nolé y más tarde con Julio Frade, con quien Alexis también compartirá escenarios. Su carrera pudo haber tomado un rumbo internacional: “Se lo quiso llevar Marianito Mores. Por un problema de familia optó por quedarse acá. Si se hubiera ido, la vida hubiera sido totalmente distinta”, reflexiona Alexis, con mezcla de admiración y melancolía.
En ese mismo entorno, Alexis inició su propio camino musical. Probó primero con la trompeta, pero el instrumento no terminó de responderle. El encuentro decisivo fue casi casual, durante un concierto en el Teatro Solís, cuando tomó por primera vez un corno francés. “Era mucho más la novelería, porque el corno francés lo conocía muy poca gente. Tomé el instrumento, lo hice sonar, y ahí empezó todo”, relata.
No era un instrumento habitual en Uruguay y tampoco abundaban los docentes especializados. Su formación comenzó en la Escuela Municipal de Música, de acceso gratuito, con el maestro Delfino Núñez. “En los instrumentos de viento la embocadura y la respiración son fundamentales. Yo afortunadamente tuve condiciones para eso”, explica, con la precisión de quien conoce el oficio desde adentro.
Buenseñor es solista de corno francés de la Orquesta Filarmónica de Montevideo y solista alterno de la Orquesta Sinfónica del SODRE. A lo largo de los años trabajó bajo la dirección de maestros como David Machado, Howard Michel, Simón Blech, Pedro Ignacio Calderón y Piero Gamba, entre otros.
Músicos y salarios
Durante décadas, como tantos músicos uruguayos, tuvo que multiplicarse entre orquestas para poder sostener una vida profesional y a su familia. “No es lo mejor, pero desgraciadamente, para vivir en aquel momento, tocabas en las dos orquestas”, admite. La exigencia era enorme, sobre todo en cargos de responsabilidad, donde el solista queda constantemente expuesto.
Esa experiencia es la base de uno de sus reclamos más firmes y actuales: la inequidad salarial entre la Orquesta Filarmónica de Montevideo y la Orquesta del SODRE. “Hay igual tarea, igual responsabilidad, pero no igual remuneración. Y eso, a mi criterio, no es justo”, afirma. Mientras los músicos de la Filarmónica pasaron a plantilla permanente -con aguinaldo y salario vacacional-, los del SODRE continúan con condiciones más precarias. “Las dos orquestas hacen el mismo repertorio sinfónico. La responsabilidad es la misma”, insiste, señalando además que esa desigualdad ha provocado la renuncia de músicos altamente calificados.
Instrumentista y autor
Además de su actividad orquestal, Buenseñor desarrolló una intensa labor como compositor y arreglador. Sus obras abarcan la música popular, clásica, publicitaria y teatral. Fue coautor, junto a Estela Magnone, de la música para la obra Cómo rellenar un bikini salvaje, de Miguel Falabella, dirigida por Omar Varela. También trabajó en jingles publicitarios, cuando ese formato requería orquestas reales y una inversión artística considerable.
Tocó con Washington Oreiro -quien fue famoso en su época por un pegadizo popurrí de canciones bailables- y participó en grabaciones de artistas fundamentales de la música nacional como Daniel Viglietti, Rubén Olivera, Washington Carrasco, Cristina Fernández y el dúo Larbanois-Carrero.
Compartió escenario con innumerables músicos nacionales (como Daniel “Bachicha” Lencina, el “Flaco” Alonso y Pedro “Perico” Linale, entre otros) e internacionales (como Armando Manzanero, Luis Cobos, Hermeto Pascoal y Dyango), en muchos casos como integrante de la orquesta del maestro Julio Frade, quien falleció el año pasado.
Otro capítulo central de su carrera es la creación, junto a Juan Mouro, de la orquesta La Matos, en homenaje a Gerardo Matos Rodríguez, autor de La cumparsita. La iniciativa surgió tras constatar que países como Argentina contaban con orquestas oficiales dedicadas a su patrimonio musical. “Me vine preguntando por qué, si teníamos a Matos Rodríguez, no podíamos hacer una orquesta”, recuerda. El proyecto evolucionó, se transformó y hoy sigue siendo una referencia en la difusión del tango uruguayo.
Paralelamente, Buenseñor desarrolló una valiosa tarea docente desde el área de Extensión Cultural de la Escuela Municipal de Música. Allí impulsó el proyecto Bibliomúsica, que luego se trasladó a escuelas públicas. “Era la primera vez que muchos niños entraban al Teatro Solís”, señala con orgullo, convencido de que el acceso temprano a la cultura puede cambiar destinos.
Derechos de los autores
Desde 1997, Alexis Buenseñor conduce AGADU, una institución que bajo su liderazgo amplió derechos, fortaleció su estructura y se adaptó a nuevos desafíos. “Me gusta la gestión. Estoy preparado”, afirma con naturalidad al explicar por qué sigue postulándose al cargo. Y agrega: “Para que una sociedad de gestión colectiva funcione tiene que haber equilibrio entre la parte política y la gestión. Diálogo. Entender la recaudación, la documentación y la distribución”.
Durante su presidencia se consolidó la defensa del teatro, se impulsaron intercambios internacionales y se logró la extensión del derecho de autor a 70 años post mortem, además de la protección para directores y guionistas audiovisuales.
Hoy, con el entusiasmo intacto, preside el Comité Latinoamericano y del Caribe de la CISAC, representando a 48 sociedades de autores. “Me gusta el trabajo, qué le voy a hacer”, confiesa, entre risas, consciente de que su energía y apariencia parece desmentir el paso del tiempo.
En sus ocho décadas de vida, Buenseñor no habla desde la nostalgia sino desde la proyección. Lejos de retirarse, sigue pensando proyectos, articulando voluntades y discutiendo políticas públicas. “Yo estoy entusiasmado, creo que se nota”, insiste. Y sí, se le nota.
Ese entusiasmo tiene que ver con una concepción profunda del rol del Estado y de la cultura en la vida social. “Se ha dicho que la mejor forma de tener cultura es tener orquestas sinfónicas. Eso es de real importancia para un país”, sostiene, convencido de que la inversión cultural no es un gasto sino una decisión estratégica.
Esa mirada se trasladó también al plano internacional. Desde su rol en CISAC, Buenseñor ha sido parte de negociaciones clave en un contexto atravesado por la digitalización y, más recientemente, por el avance de la inteligencia artificial. “Ese es un debe que tiene el Parlamento, tiene que legislar rápidamente qué es lo que se va a validar sobre inteligencia artificial”, advierte, consciente de que los derechos de los autores -como se ha visto por ejemplo con las protestas de actores y guionistas en Hollywood- vuelven a estar en discusión frente a las nuevas tecnologías.