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Adultos mayores, los más sabios de la pandemia

Las personas mayores de 65 años son parte de la población de riesgo para el coronavirus. ¿Cómo llevan el aislamiento y la incertidumbre? 

Los adultos mayores son parte de la población de riesgo por coronavirus
Los adultos mayores son parte de la población de riesgo por coronavirus.

"Y mirá, una piensa que a esta altura de la vida sabés todo. Y la vida es un continuo enseñarte todos los días. Yo tengo 82 años y sigo aprendiendo”. Gladys vive sola desde hace más de 30 años en la misma casa de Nueva Helvecia en la que crió a sus tres hijos. Dos de ellos ya no viven en la ciudad. La otra vive en una casa al lado de la suya.

El lunes 13 de abril abre la puerta de entrada, pone una silla mirando hacia la calle y se coloca un tapabocas. Hace un mes que no sale de su casa. Tampoco entra nadie. Tiene el pelo rubio por encima de los hombros, los ojos celestes, la piel clara y las marcas de la edad. Se sienta derecha, cruza las manos por encima de las piernas y dice: “Yo aprendo... Aprendí a vivir distinto a lo que estaba acostumbrada. Yo fui una persona muy independiente siempre, nunca me gustó depender de nadie, me gusta valerme por mí misma y ahora me doy cuenta de que no. De que también necesito de los demás porque no puedo salir a la calle, porque me tienen que traer las cosas, ayudarme. Uno necesita a otras personas, ¿no?”.

Gladys es parte de eso que el gobierno ha llamado “población de riesgo” desde hace un mes y seis días, cuando se confirmó el primer caso de coronavirus en Uruguay: personas mayores de 65 años, hipertensos, diabéticos y personas con cardiopatías; es decir, portadores de enfermedades crónicas o con sistemas inmunes debilitados.

Ante ellos el coronavirus se agranda y crece y se hace más peligroso. Ante ellos las medidas de prevención y los cuidados deben ser extremos. Para ellos el aislamiento físico es la única opción posible en esta pandemia que avanza escondida por prácticamente todo el mundo sin dejar pistas suficientes como para saber cuándo y cómo terminará todo.

“Nunca viví una pandemia que se extendiera tan rápido como esta. Sí viví otras que incluso eran más graves, pero no atacaban a tanta gente. Me acuerdo que la epidemia de la parálisis infantil hizo estragos en las personas. Hay personas que hasta ahora las ves y tienen algunos defectos físicos porque tuvieron la parálisis infantil”, recuerda.

La poliomielitis (o parálisis infantil) fue una enfermedad que afectaba principalmente a niños y niñas causada por un virus que se alojaba en el intestino y atacaba al sistema nervioso. Podía causar parálisis, secuelas motrices o la muerte. En 1955 la Universidad de Pittsburgh, Pensilvania, creó una vacuna contra la polio.

“Como todo, después se acabó. Después fue la gripe. Pero te vacunás y zafás. Ahora aparece esto, que realmente ha superado todo porque uno no imaginaba que podía llegar acá. Yo creo que ni siquiera la Segunda Guerra Mundial paró de esta manera al mundo. Porque acá no nos llegaba directamente. Sí recuerdo que había escasez de combustible, por ejemplo, que las familias tenían que ahorrar porque todo escaseaba. Pero como esto no, nunca. Ya irá a pasar, como todo”.

Esto, dice Gladys. El coronavirus. Ese “enemigo invisible” que no le permite salir a tomar el té con sus amigas los sábados ni almorzar con su familia los domingos. “Si hay algo que extraño es eso, comer con ellos, las mesas enormes de los domingos”.

Como ella hay alrededor de 457.500 personas en Uruguay que tienen más de 64 años, de acuerdo con el séptimo volumen del Atlas Sociodemográfico y de la Desigualdad Envejecimiento y personas mayores en Uruguay, realizado por Nicolás Brunet y Clara Márquez.

Tecnología

Gladys dice que se refugia en la computadora para estar conectada con sus amigos
Gladys dice que se refugia en la computadora para estar conectada con sus amigos

Hace más de siete años Gladys veía a sus nietos en la computadora. Ellos le hablaban de Facebook, una red social por la que se podían conectar con sus amigos de todos lados. A ella le gustaba la idea pero no creía que fuese capaz de manejarla. Un día uno de sus hijos le prestó una que ya no usaba para que “probara”. Ella se dibujó un teclado y un monitor en una hoja y anotó todo: con este espacio, con este entro, con la cruz cierro, apretar dos veces el botón del mouse, escribir YouTube en la barra de arriba. Con el tiempo, la computadora se transformó en su aliada contra el aburrimiento.

“Yo puedo pasar horas y horas y horas sentada en la computadora. Y aprendí sola. Me encanta por ejemplo ver conciertos, entro a YouTube y miro conciertos porque soy una apasionada de los coros. Toda la vida canté y ahora puedo mirarlos por la computadora. Investigo, también. Yo soy una gran investigadora de la computadora. Investigo hasta las enfermedades. Yo investigo todo. Y me informo. Me encanta informarme de lo que pasa en el mundo, de todo, soy interesada, me gusta aprender”, dice.

Y capaz que también se transformó en aliada contra el tiempo y la distancia.

“Todos los amigos me escriben siempre. Estoy en contacto con ellos por Facebook. Aunque te parezca mentira, me ha servido tanto la computadora que realmente es lo que me lleva a tener un entusiasmo tan grande, porque yo conservo amigas de cuando iba a la escuela, que me he reencontrado con ellas, con las que aún viven, a través de la computadora. Y todos los días me estoy comunicando con una, con otra, nos contamos cosas. Y también con una de mis nietas que vive en Estados Unidos. Hasta me compré una camarita. Entonces ella me llama y nos podemos ver, nos visitamos”.

Poder ver a la otra persona, dice Alejandro De Barbieri, psicólogo y escritor, es clave para los vínculos. A veces una videollamada, por más simple que sea, puede cambiarle el día a una persona que está sola. La tecnología se ha convertido en una red que sostiene y conecta en tiempos de aislamiento.

“Los estudios más recientes muestran una increíble capacidad de los adultos mayores a la hora de vincularse con la tecnología y los efectos positivos que esta tiene en su vida al permitir procesos de socialización”, explica Francisco Roballo, licenciado en Psicología, magíster en Neuropsicología y director de NeuroClass. “Ese vínculo muchas veces está marcado por tabúes o una falsa percepción de incapacidad (las herramientas tecnológicas no suelen mostrarse en el mercado como destinadas a esta población)”.

Sentirse acompañados en este momento de aislamiento e incertidumbre es fundamental para todas las personas. Y aún más para los adultos mayores. Cómo los afecta el encierro dependerá del contexto y las circunstancias de cada uno de ellos.

“No es lo mismo si tienen las necesidades básicas cubiertas, como puede ser la alimentación, a que si no las tienen. Tampoco va a ser lo mismo si cuentan con redes familiares, amistades, un entorno que acompañe y sostenga en el proceso. A veces hay una convergencia de factores que hace que la alteración de ciertas rutinas se vuelva más difícil de sobrellevar. Sin embargo, es importante recordar que las personas mayores cuentan con años vividos, crisis, dolores y pérdidas ya transitadas; sobre esos aspectos de resiliencia es sobre los que podemos trabajar”, explican desde la Asociación de Psicogerontología del Uruguay.

En este sentido, De Barbieri dice que ahora estamos todos atravesando un proceso de duelo: “Estamos ante una pérdida, somos todos pacientes, no de paciencia sino de dolientes. Nadie sale inmune de una cuarentena. Estamos todos en un duelo y lo más importante es calmar. En cualquier pérdida lo que más influye es cómo fueron mis pérdidas anteriores. Las formas en las que vos fuiste elaborando las pérdidas simbólicas y las pérdidas reales te preparan para las futuras. Entonces ahora hay gente que tiene más recursos psicológicos, más recursos sociales y más resiliencia que otros. Los abuelos han perdido, en general, más cosas que nosotros. Y en ese sentido, tienen más recursos para afrontar esta situación”.

Subestimar a los adultos mayores en estas circunstancias es, por lo menos, un error cargado de prejuicios. “Ellos cargan con varias pandemias, desastres naturales y crisis económicas en la espalda. Esto influye indudablemente a la hora de tomar una postura ante la situación actual, desde conductas arriesgadas a preventivas. Pero la clave está en cómo abordamos la situación, por ejemplo, atentar contra su autonomía suele traer efectos adversos. Por el contrario, la inclusión y el diálogo social parecen ser la mejora alterativa contrastada”, agrega Francisco Roballo.

A Gladys no la asusta el coronavirus. Quiere que todo pase sobre todo por los “más jóvenes, que se están atrasando en un montón de cosas”. Quiere que todo pase para volver a la vida de antes, a las tardes de tomar el té con las amigas, a los viajes a la capital a ver el ballet y los coros, a las visitas de sus nietos para merendar con una torta de naranja casera.

Rutina y movimiento

Roberto y su nieta Antonella
Roberto y su nieta Antonella

Roberto tiene 82 años, dos stent en el corazón, un “poquito de diabetes” y es hipertenso. “Tengo todo controlado. Tomo pastillas para todo y soy un tipo que me siento bien, pero sé que soy una presa para el corona. La verdad ya estoy aburrido de estar encerrado y a veces me dan ganas de salir, pero tengo claro que no puedo, por mí y por los demás”.

Cuando todo empezó estaba en Atlántida con uno de sus hijos y sus nietos. Ahí, dice, todo era diferente. “Con la familia es más fácil. Anto, mi nieta, tiene no sé cuántos juegos de mesa y nos manteníamos entretenidos. Además en la casa de Atlántida hay un patio largo y yo me había hecho un circuito de caminata: empezaba en el frente, atravesaba la casa e iba hasta el final del patio. Y hacía el recorrido por 40, 45 minutos. Después un baño y quedaba pronto”.

Después tuvo que volver a casa, en Paysandú, donde vive su otro hijo. “Acá en Paysandú estoy solo y se pasa distinto. Me entretengo regando y cuidando las plantas, leo los periódicos locales. Tuve que aflojarle a la laptop por la vista. Sigo haciendo gimnasia, me pongo la bicicleta fija en la cocina a la hora del informativo y me muevo un poco”, cuenta Roberto.

Una de las premisas para que no todo se vea tan alterado en este tiempo es la organización. Poder tener una rutina aunque sea en casa, dice De Barbieri, es fundamental. “Cuando uno se desorganiza se desestructura psicológicamente y se puede llegar a una depresión”, advierte.

Parte de esa rutina debería incluir, en la medida de lo posible, mover el cuerpo. No solo por lo físico sino también porque es sabido y comprobado que hacer algún tipo de actividad física ayuda también a la mente.

“Cualquier persona tiene que hacer movilidad de todo el cuerpo. Pero más los adultos mayores en general porque a medida que pasan los años las estructuras y articulaciones empiezan a quedar más rígidas y pierden movilidad y calidad de vida. Esa falta de movilidad en algunas articulaciones puede llevar a dolores en otras. Es importante que puedan hacer ejercicios de movilidad, fortalecimiento y estabilidad (ver recuadro aparte)”, explica Líber Mesa, entrenador personal especializado en adultos mayores y en poblaciones especiales.

Hay varios deportistas y entrenadores que están compartiendo rutinas para adultos mayores en sus redes sociales. Si se tiene acceso a una computadora, tableta o celular, marcarse los horarios de las clases o un momento del día para ver los videos puede ser parte de la estructura y organización diaria.

Una de ellas es María Pía Fernández, corredora y campeona sudamericana de los 1.500 metros. En su cuenta de Instagram (@mariapiarun1500) compartió un video con una rutina que cualquier adulto mayor puede hacer. “El ejercicio físico es necesario en todas las personas. Y sobre todo en los adultos mayores que son quienes más tienen que quedarse en casa. Psicológicamente el ejercicio puede ayudarlos muchísimo y también puede ser una distracción para el día. Y mantener una buena condición física los ayuda mucho para poder hacer sus actividades diarias y poder hacer las cosas por sí mismos”, dice María Pía.

Por otro lado, desde la Asociación de Psicogerontología del Uruguay dicen que este también es un buen momento para establecer “planes de cosas que hemos dejado pendientes, este es un momento ideal para retomarlas. Vivir el presente pero también planificar, proyectar, qué cosas nos gustaría hacer, porque hay un día después de la ‘cuarentena’”.

Desde Paysandú, el martes 14 de abril a las 11 de la mañana Roberto dice que antes de atender el teléfono para esta charla se asomó a la puerta de su casa y vio que el frente estaba lleno de hojas amarillas que se habían caído de los árboles. Antes salía a caminar por la ciudad todos los días. Ahora no puede.

Ese día agarró una escoba y barrió las hojas. Y así estuvo bien. Después vuelve a decir que a veces se aburre, habla rápido sobre qué pasará con la economía del país y sobre la vacuna de la gripe que se da todos los años. Antes de despedirse larga una risa porque sí y dice: “Ya irá a pasar”.

Un oído para los que necesitan

“La Asociación de Psicogerontología del Uruguay surge luego de un proceso y como iniciativa de egresadas de la Diplomatura de Psicogerontología de la Facultad de Psicología de la Universidad de la República”. Desde allí tienen una iniciativa para “escuchar” a las personas mayores que necesiten conversar con alguien. “Tiene la finalidad de acompañar a las personas mayores en este período de distanciamiento físico, a través de una escucha activa en forma honoraria y que se extenderá durante el periodo que dure la emergencia sanitaria”. De esta manera varios psicólogos y psicólogas ponen a disposición sus celulares en diferentes horarios para que puedan llamarlos.

Como esta hay varias iniciativas que en los últimos días circulan en las redes sociales.

El Ministerio de Desarrollo Social, a través del Plan Ibirapitá, tiene voluntarios para acompañar virtualmente a personas mayores y compartir con ellas libros, recetas, anécdotas y charlas. La información se encuentra en ibirapita.org.uy

Una rutina para adultos mayores
Líber Mesa, entrenador especializado en adultos mayores

”Hay quienes dicen que la acción precede al deseo. Es una frase hecha pero a lo que voy es a que capaz que el veterano empieza la actividad sin el deseo de hacerlo pero a medida que empieza y avanza, se empieza a sentir mejor por las endorfinas y termina siendo una actividad muy beneficiosa y placentera para la persona”, dice Líber Mesa, entrenador personal especializado en adultos mayores.

Y recomienda una rutina de movimientos que cualquier persona puede hacer desde casa siempre y cuando se consulte con un “profesor, fisioterapeuta o entrenador antes de practicar un programa de ejercicios”.

1- Movilidad de cuello (cinco veces hacia cada lado), movilidad de hombros.

2- Movilidad de cadera y equilibrio, entre 5 y 10 veces con las piernas hacia los costados hacia la derecha y hacia la izquierda, hacia atrás y levantando las rodillas alternando cada pierna.

3- Fuerza funcional: intentar sentarse y pararse de una silla entre 5 y 10 veces.

4- Fortalecimiento del suelo pélvico y zona media (subir y bajar tal y como lo muestra la imagen).

Líber sostiene que cada uno debe hacer la cantidad que pueda, dándose el descanso que necesite.

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