Ioram Melcer
(desde Jerusalén)
EL 29 DE NOVIEMBRE de 1947 fue un día histórico para el pueblo judío. En Lake Success, en el estado de New York, la Asamblea General de las Naciones Unidas votó en favor de la Resolución 181, aprobando la partición de Palestina en dos estados, uno para los judíos y otro para los árabes palestinos. Los judíos aceptaron la resolución, mientras que los palestinos la rechazaron. El clima se tensó. Era un día sábado, y pocas horas antes se había producido otro evento histórico. Curiosamente, este segundo evento se produjo gracias a la colaboración entre árabes y judíos. En un autobús árabe viajaba a Belén un estudioso judío, el arqueólogo Eliezer Sukenik. Poniendo en juego su vida, no hizo caso a las advertencias de sus amigos y familiares, que le habían dicho que con la situación por explotar, era irresponsable irse así a la zona árabe. Sukenik llevaba un jarro antiguo y una suma importante de dinero escondida en su chaqueta. Iba a Belén a comprar secretamente tres rollos antiguos de manos de un comerciante árabe-cristiano. Sukenik los compró y logró volver a Jerusalén sano y salvo. Esa misma noche estalló la guerra que habría de llamarse la Guerra de Independencia, llevando a la formación del Estado de Israel. Nadie sabía que paralelamente estaba por estallar otra guerra, "La Guerra de los Rollos del Mar Muerto".
Los textos se encontraban en excelente estado, gracias al clima seco del Desierto de Judea. Sukenik los descifró y llegó a la conclusión de que se trataba de textos de la secta de los Esenios. Descrita por el historiador judío asimilado, Flavio Josefo, la secta era una de las corrientes del Judaísmo en Palestina de la época romana, una secta fundamentalista que mantenía una vida de reclusión y que se alejó de los ritos del templo en Jerusalén, considerándolo impuro. Josefo escribe que se trata de un grupo cerrado, ascético, que vive una vida de pobreza, "aborreciendo la vida matrimonial". Josefo no habla de Esenios que viven en la zona del Mar Muerto, sino que explica que se encuentran en todas las poblaciones del país.
La pregunta de por qué Sukenik identificó a los textos con la secta es uno de los puntos clave que fomentan a "La Guerra de los Rollos" hasta la actualidad. Pero hay más. Se debate sobre Qumrán, el sitio del hallazgo, y sobre la interpretación de esos textos. Los bandos académicos se enfrentan en forma virulenta. Incluso hay amenazas. Y por si fuera poco, la nueva evidencia reafirmaría la idea de que hace 2004 años, un 25 de diciembre, no habría nacido un niño de nombre Jesús de Nazareth. La fecha sería otra, en otro calendario.
MUCHO PAPEL VIEJO. La historia empieza 50 años antes de la compra de los rollos. En 1896 se descubre la "Genizah del Cairo", un depósito de decenas de miles de textos y fragmentos de textos, encontrados en la sinagoga antigua del Cairo. La ley judía prohibe la destrucción de cualquier texto que incluya el nombre sagrado de Dios, las cuatro letras que son el Tetragrama. Por esta razón, las sinagogas tienen un depósito para textos que no se deben destruir. Por el costo elevado de los materiales de escritura en la Edad Media, que implicaba el uso y reuso de pergaminos y hojas de papel, y gracias al clima del Cairo, el depósito de la sinagoga local acumuló documentos de casi mil años: libros sagrados, documentos oficiales, textos de escuela, contratos, recibos, textos de historia, literatura, medicina, cartas personales y todo género imaginable, incluyendo textos escritos por Maimónides mismo. Entre todo ese material, que se sigue descifrando hasta el día de hoy, se encuentra un texto misterioso conocido como "El Rollo del Convenio de Damasco", un texto medieval, copia de un documento antiguo escrito por una secta judía de la época del Segundo Templo (siglo VI a.C. hasta el año 70 d.C.). El descubrimiento de los primeros textos del Mar Muerto despertó la discusión en torno al "Convenio de Damasco", especialmente en lo que concierne a la secta. Todos se preguntaban si era la misma secta judía.
Los tres rollos que Sukenik obtuvo en Belén eran parte de un lote de siete textos, encontrados en la cercanía del Mar Muerto, en las cuevas de Qumrán. Un joven pastor beduino, buscando un cordero que se le había perdido, encontró siete rollos antiguos, textos escritos en un alfabeto que desconocía. El muchacho se quedó con los textos, que luego vendió en Belén. Los cuatro rollos que Sukenik no consiguió vinieron a parar en manos de un sacerdote de la Iglesia Siria-Jacobita, Athanasios Iesu Samuel, Metropolita del Monasterio de San Marco en Jerusalén. En 1949 se los llevó a los EEUU donde tardó cinco años en venderlos, hasta que obtuvo 250.000 dólares. El comprador era el arqueólogo israelí Yigael Yadín.
Hay que ver los Rollos en el contexto físico en que fueron encontrados. La realidad política de la región interfirió con la investigación arqueológica. Como la zona de las cuevas quedó en manos de Jordania tras el acuerdo de cese de fuego de 1949, quien se ocupó de excavar la zona fue el arqueólogo de la École Biblique de Jerusalén, Roland de Vaux. Excavó en Qumrán entre 1951 y 1956, y no era solamente un hombre de ciencia. Era un monje dominicano. Como tal, se apresuró a considerar que en Qumrán, el antiguo poblado cercano a las cuevas, existió una comunidad de ascetas que vivían en las cuevas y trabajaban en las estructuras que él mismo iba excavando, construcciones simples de la época de Jesús. De Vaux aplicó su visión espiritual y se imaginó una comunidad monacal de escribas esenios que copiaban textos, siendo parte de ellos los rollos que se descubrieron. Mientras tanto, los beduinos de la zona comprendieron que las cuevas de la zona eran minas de oro y los trozos de pergamino eran los equivalentes de lingotes. Beduinos y arqueólogos colaboraron con De Vaux y otros descubrieron cientos de textos, generalmente en mal estado de conservación.
Hoy en día existen unos 950 textos del Mar Muerto. Su importancia es primordial. Son los únicos textos que se conservaron de la época del Segundo Templo judío. Los rollos del Mar Muerto contienen los textos bíblicos más antiguos que se conocen. De hecho, todos los 24 libros del Antiguo Testamento están representados en ellos, completa o parcialmente. Además, contienen versiones hebreas originales de los Libros Apócrifos, textos de estilo bíblico que no fueron incluídos en el canon del Antiguo Testamento. Otros rollos fascinantes son las versiones de textos bíblicos, que enriquecen la visión de cómo se llegó a la versión definitiva del Antiguo Testamento. Los casi mil textos incluyen obras poéticas y literarias de diferentes tipos así como una gran cantidad de literatura polémica, pues la época del Segundo Templo estuvo marcada por grandes discusiones en el pensamiento judío así como en la sociedad del país, entre élites de sacerdotes del Templo y rabinos estudiosos por un lado, y predicadores populares y reformadores de todo tipo así como diferentes partidos político-religiosos por otro. Además, la realidad política vino transformándose desde el dominio griego, que fue seguido por una época de independencia judía con reyes judíos de la dinastía Hasmonea hasta la época del dominio romano, y de reyes como Herodes que se manejaban entre las presiones de los judíos y los decretos y exigencias del gobierno de Roma. Si en este punto el lector siente que el tema de los Esenios lo ha llevado al principio del Cristianismo, no se ha equivocado. La pregunta que surge es clara: cual es la conexión, si la hay, entre Qumrán y la aparición de la religión cristiana.
"La Guerra de los Rollos del Mar Muerto", entonces, está centrada en tres elementos: el sitio llamado Qumrán, los textos encontrados en la zona del Mar Muerto y la secta de los Esenios. Entre los estudiosos están todas las variables posibles: hay quienes incluso conectan los tres elementos en un triángulo perfecto. Estos siempre han sido la mayoría de los científicos. Creen que la secta vivió y funcionó en Qumrán, dejando los textos para la posteridad. Pero están los campos opuestos, formados por académicos críticos que piensan que si bien existió la secta, o por lo menos la corriente esenia en el pensamiento judío de hace 2000 años, poco o nada tuvo que ver con los textos y pocos lazos tuvo con el sitio de la excavación en Qumrán. La peleas son muy reñidas, y peor aún cuando entra en juego el tema de los orígenes del Cristianismo.
MONACALES U OPULENTOS. De Vaux identificó a Qumrán en términos de un monasterio dominicano medieval. Escribas, scriptorium, monasticismo, una vida ascética de hombres célibes y pobres que copiaban textos sagrados, apartándose de las impurezas de la vida urbana de las ciudades judeo-greco-romanas. Pero muchos académicos ven esta teoría como cuestionable, si no circular. Dicen simplemente que De Vaux y sus colaboradores, tanto contemporáneos como tardíos, encontraron lo que querían encontrar. De aquí nacen teorías muy diversas. Hay quien considera que Qumrán fue una población agrícola. Otros piensan que fue una fortaleza, y se han barajado ideas con cierta base, pero menos probables, como que Qumrán fue un centro industrial de cerámica o de papiro. Es importante recordar que para la realidad de Israel y Jordania de principios de los años 50 la zona de Qumrán era muy apartada. Hoy se sabe que en la antigüedad era un punto clave entre Oriente y Occidente, una zona del desierto que no carecía de oasis y que gozaba de mucho tráfico de mercadería de diferentes zonas del mundo antiguo. Nada de las discusiones entre los arqueólogos se ha resuelto. Algunos dicen que la capa fina y parcial de argamasa en las paredes demuestra que era un monasterio y que se debe a que a los Esenios no les importaban temas de decoración, pues conocían la técnica de revestimiento de paredes a la perfección: la argamasa de los baños rituales en el sitio sigue intacta y en perfecto estado hasta el día de hoy. Quienes así piensan, argumentan que el gran número de baños rituales indica que ahí vivían personas tremendamente preocupadas por los conceptos de pureza del Judaísmo. Pero en los cincuenta años de exploración, la ciencia y el pensamiento han excavado muchos otros sitios en Israel. El profesor Norman Golb de la Universidad de Chicago (autor del libro controversial Who Wrote the Dead-Sea Scrolls?), que se opone fervientemente a la identificación física entre Qumrán y los Esenios, ve muchas semejanzas entre Qumrán y las fortalezas de la época. El profesor Yizhar Hirschfeld de la Universidad Hebrea de Jerusalén explica que la gran cantidad de baños rituales no es una peculiaridad y no indica necesariamente una existencia monacal o sectaria.
Mientras tanto, hay quien siguió excavando en Qumrán. "La Guerra de los Rollos del Mar Muerto" acaba de ver una nueva batalla con la publicación de los resultados de diez temporadas de excavación en el sitio, llevadas a cabo por los arqueólogos israelíes Yuval Peleg e Itzhak Magen, la más importante labor arqueológica en Qumrán desde las excavaciones de De Vaux.
Peleg y Magen encontraron vidrio producido fuera de Palestina, además de restos de joyas y cajas de cosméticos costosos para la época. Un duro golpe para los seguidores de la teoría esenia-monacal. Pues si los residentes de Qumrán tenían vidrios de colores, joyas y cosméticos, no eran "proto-monjes" pobres ni ascetas apartados de la sociedad general. Y si este es el caso, no hay porqué pensar en una comunidad de escribas que se pasaban los días copiando textos de una "secta".
LO PEOR DE LA BATALLA. La clave del lío está en los textos. Son 950 rollos y trozos de rollos, miles y miles de fragmentos. Unas 150 mil palabras. Primer dato relevante: los textos no mencionan a los Esenios ni una sola vez. Segundo dato: las teorías "Qumranistas" que conectan entre sí el sitio físico, los Esenios y los textos encontrados, se basan en menos de 10% de los textos, y generalmente en no más del 3% de los mismos. Gran casualidad fue que los primeros textos son los que gozaban del mejor estado de conservación. Habiendo dicho esto —datos que nadie disputa—la batalla entre los académicos se pelea en el campo de la interpretación de los textos. Escritos en Hebreo de la época, en Arameo y en Griego, no hay duda que los textos del Mar Muerto constituyen una contribución sin igual a la historia del Antiguo Testamento, dando versiones que fueron rechazadas, aclarando versos confusos y ofreciendo los primeros ejemplos de escritos de interpretación. Además para un lector hebreo son un tesoro de la lengua, pues los textos del Mar Muerto están escritos en un Hebreo más semejante al Hebreo Moderno que cualquier otra fase del idioma con sus 3000 años de vida. Para un hebreo-parlante culto, los textos le hablan directamente.
Esto es cierto en el caso de textos legibles, razonablemente enteros y completos. El problema está en que la mayor parte de los textos quedaron hechos trizas. Magen Broshi, reconociendo este problema, declara: "En el momento de recrear la realidad histórica y teológica, no nos basamos en reconstrucciones". Una afirmación de este tipo equivale a decir que el 90, 95 o 97% de los textos no pueden modificar lo que fue supuestamente fundamentado por los pocos textos completos y legibles sin piruetas de reconstrucción. En forma trágica y graciosa, el mundo de la ciencia de los textos del Mar Muerto dio luz a una actividad única: la reconstrucción de rollos antiguos. A pesar de que en 1967, cuando Israel conquistó Cisjordania en la Guerra de los Seis Días, Qumrán pasó a manos israelíes y hasta se pudo comprar "El Rollo del Templo", uno de los textos más importantes, la labor de publicación de los textos avanzaba muy lentamente. Los científicos trabajaban en bandos, separados por intereses económicos, políticos, religiosos, académicos y personales de todo tipo. Existía una competencia atroz, con rumores de textos robados, escondidos, falsificados y reconstruídos tendenciosamente.
De todas formas los textos requieren ser interpretados. Hasta el año 2002 esto era imposible, ya que no se había publicado el conjunto de los textos en su totalidad. Después de muchas batallas académicas y legales, hoy en día están a disposición decenas de volúmenes con ediciones científicas de los textos del Mar Muerto. Como era de esperar, los campos opositores no cambiaron de opinión. Los seguidores de De Vaux, Sukenik, Yadín, Broshi, etc., siguen convencidos que son textos de la secta de los Esenios. Norman Golb cree que es un depósito de textos rescatados de Jerusalén antes de la destrucción del Segundo Templo a manos del ejército romano de Tito. Otras personas hablan de una "biblioteca", mientras que Broshi y los suyos rechazan el término, a pesar de que siguen usando el término "monasterio", no menos anacrónico. Broshi recalca el enorme valor económico de tal colección para una época donde no se conocía el papel.
Los Qumranistas interpretan los textos notando que hablan de pobreza y celibato en una comunidad cerrada. Buscan apoyo y lo encuentran en la figura de San Juan Bautista "que vive como un monje, comiendo langostas, miel y hierbas. Un perfil típico de un Esenio que salió de la vida comunitaria", dice Broshi. Explica que los Esenios, aún cuando salían del grupo o eran expulsados del mismo, quedaban limitados en temas de comida. Describe casos de Esenios que se murieron de hambre tras la expulsión de la comunidad. Y además, está lo del bautismo, la inmersión ritual en agua, típica costumbre de Qumrán, según los que apoyan la teoría de la secta esenia en Qumrán.
El deseo de ver los Esenios como una influencia importante en lo que vino a ser el Cristianismo produce toda una gama de actitudes ante los textos. Hay quien reconoce que los textos hablan de temas que preocupaban a muchos judíos de la época: el poder de los sacerdotes, la supervivencia judía en un mundo hostil (griego y romano), la necesidad de actualizar la Ley de la religión, el dilema entre asimilación y separatismo. No hay duda alguna de que estos temas ocupaban un lugar importantísimo en el mundo de ciertos judíos reformistas que mucho más tarde empezaron lo que se llamaría el Cristianismo. Pero hay quien se apresura a identificar elementos de los textos del Mar Muerto con ideas de la religión cristiana, desde intentos de "encontrar" a Jesús, a su hermano Jacobo, a los discípulos de Jesús o de detectar frases de los Evangelios. Este afán es comprensible en el marco de los lazos entre el Cristianismo como religión y los elementos históricos que forman parte de su sustrato fundador. Para muchos, la sola idea de estar en contacto con elementos tangibles "de la época de Jesús" basta para hacer saltos injustificables en base a la escasa evidencia.
El Antiguo Testamento se completa (canoniza) con el Libro de Daniel en el 165 a.C., época en que ya había gente viviendo en Qumrán, o por decirlo de una manera más científica, la fecha de muchos de los textos encontrados en Qumrán. Las manos que escribieron la versión final de la Biblia conocieron manos que escribieron textos del Mar Muerto.
EL ENIGMA PERSISTE. Ultimamente, en una serie de conferencias brillantes, el público fue testigo de un intento de interpretación unificadora de los textos del Mar Muerto. La profesora Rajel Elior, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, basándose en la totalidad de los textos publicada hace dos años, propuso una teoría fascinante. Elior piensa que los textos fueron eliminados del universo judío como parte de una lucha política. El problema es quién luchaba contra quién. Elior habla de dos fuerzas: los que se apegaban al calendario antiguo y los que estaban dispuestos a adoptar el calendario del gobierno ajeno, el griego, y luego el romano.
Según Elior, los Saduceos, la clase sacerdotal antigua que protegía su monopolio en el Judaísmo, lo hacía gracias al control del calendario, es decir, controlando el tiempo. Según los Sadúceos, el calendario fue entregado por Dios a Adán, de donde llegó a Noé diez generaciones más tarde. De Noé llegó a Hanoj, que supuestamente no murió, sino que fue llevado al cielo, donde aprende el calendario solar de boca de los ángeles. Esta mitología está detallada en los textos del Mar Muerto.
El calendario sacerdotal es el tema supremo de la literatura del Mar Muerto. Elior lo demuestra de una manera muy convincente en su último libro The Three Temples: On the Emergence of Jewish Mysticism in Late Antiquity. Un calendario absolutamente equilibrado y matemático de 364 días, más 1.25 días para llegar a un cálculo solar perfecto, determinaba las fiestas judías y la función del templo en Jerusalén. Según estos sacerdotes, el tiempo divino seguía intacto. Esto les permitía seguir escribiendo textos bíblicos. Bajo la presión de quienes les querían quitar la exclusividad sacerdotal, sus escritos empezaron a demostrar una preocupación por temas del calendario. Las interpretaciones de textos de lo que sería el canon bíblico escritas por los sacerdotes de la Casa de Saddók (Saduceos) explicaban fechas y cálculos de tiempo, ya que quien lee el Antiguo Testamento nota que no incluye fechas ni explica cuántos días hay en un año o en un mes. Elior piensa que cuando los textos del Mar Muerto hablan de "Hijos de la Luz", se refieren a los defensores del sistema solar, y cuando hablan de "Hijos de la Oscuridad", hablan de los que quieren derrocar el orden antiguo.
El sistema solar de los sacerdotes existió sin dificultad durante por lo menos mil años. Tenía una lógica implacable y regulaba perfectamente la vida de los judíos. Además, era un elemento de autodefinición, hasta el año 175 a.C., cuando el rey Antiochus Epiphanes IV impone el calendario griego que siempre había sido lunar, y que fue generalizado luego de Alejandro Magno. Antiochus estaba interesado en facilitar la gestión del imperio, pero además, como buen déspota, quería que todos sus sujetos le festejaran el cumpleaños dándole regalos. Mejor aún: que se lo festejaran cada mes. El 25 de cada mes. Cuando los judíos logran librarse del dominio de la dinastía greco-seleucia de Antiochus y sus herederos, los sacerdotes conservadores de la Casa de Saddók exigen que se utilice el calendario solar. El viejo orden, solar, trataba de retomar su posición privilegiada, mientras el orden nuevo, el griego, lunar, ya se había establecido a nivel práctico. Cuando los romanos conquistan el estado judío de los Hasmoneos, en el año 45 a.C., el orden viejo se ve relegado al desierto de la historia. Sus seguidores intentan preservarlo como sistema místico, haciendo un último esfuerzo heroico de mantener el tiempo sagrado, en las orillas del Mar Muerto.
Los judíos, aunque adoptaron una versión modificada del calendario lunar y nunca regresaron al calendario solar, festejan la fiesta de Hannukah, conmemorando la victoria contra Antiochus Epiphanes IV el día 25 del mes hebreo de Kislev. ¿Será una coincidencia que el día 25, tan celebrado en la época de Antiochus, tan central en las discusiones acerca del calendario entre las diferentes escuelas del judaísmo de aquellos tiempos, haya sido eternizado en la supuesta fecha del nacimiento de Jesús, el 25 de diciembre? La mayoría de los expertos creen que el 25 de diciembre fue escogido por la Iglesia para aprovechar el culto del sol entre los romanos de la época del emperador Aureliano. El hecho de que la Iglesia utilizaba un verso del profeta Malaki donde el mesías es llamado "Sol de la Justicia" pudo haber influido en la elección de la fecha y en la desaparición de otras fechas que fueron sugeridas como las del nacimiento de Jesús de Nazareth, Jesucristo. Y hay quien piensa que el 25 de Kislev, fecha simbólica para la independencia política y religiosa de los judíos, le convenía a la Iglesia cristiana, propagando así la idea según la cual al nacer el niño en Belén, nacía el Rey de los Judíos. Antiochus Epiphanes IV, llamado Antiochus Theo Epiphanes ("Antiochus el Dios Aparecido"), la fiesta judía marcando su derrota y el nacimiento del judío Jesús hijo de José y María, todos celebrados el 25. La historia, gran diosa irónica, no se olvida a quién corresponde la última risa. l