Una buena razón

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El País

Mercedes Estramil

SI HAY UN PAÍS que puede presumir de revistas literarias es Estados Unidos. En 1998 el escritor Dave Eggers (n. 1970) fundó una más. La Timothy McSweeney`s Quarterly Concern se propuso publicar autores y obras que por sus características de enfoque o tono hubieran sido rechazadas por otros medios, y hacerlo sin cortes ni condiciones. Una propuesta muy loable que pronto dio paso a otra más realista: publicar buenos relatos, simplemente. Las características visuales de los números de McSweeney`s (todos en diferente formato, a veces con agregados musicales) se pierden en la recopilación Lo mejor de McSweeney`s. Volumen I, que tiene además la debilidad de no incluir información alguna sobre los dieciocho autores presentados. Así, junto a la inglesa Zadie Smith y los post-Generación X Rick Moody o el recién suicidado David Foster Wallace (1962-2008), figuran nombres tan poco conocidos en español como el del prolífico William T. Vollmann, Paul LaFarge o Gary Greenberg.

El resultado no es parejo, pero el volumen contiene una media docena de relatos, de ficción o no ficción, por los que vale la pena leerlo. Está la prosa ácida de Foster Wallace, la frescura de Zadie Smith en un relato de corte lésbico, y el empeño, aunque frustrado, de Jim Shepard por dar otra versión del Moby Dick melvilleano.

Más consistencia tiene Paul LaFarge en "Los observadores", relato denso sobre un desempleado que construye un observatorio casero para mirar el pasado de las estrellas y el propio. Vollmann en "Tres reflexiones acerca de la muerte" pasea una mirada perturbadora sobre eso que no tiene explicación por más que se visiten las catacumbas de París o una morgue en pleno trabajo. Y Eggers en "Montaña arriba, en lento descenso" cuenta la expedición al Kilimanjaro de una inmadura emocional, logrando un relato intenso sobre la vanidad y los miedos. Otros autores exploran vetas fantásticas, satíricas, o de denuncia política.

Pero el relato estrella y más extenso lo firma Greenberg, siguiendo los pasos del arriesgado Truman Capote de A sangre fría. Greenberg no es Capote (y lo sabe) y de eso trata también "En el reino de Unabomber". En 1978 un ex profesor de matemáticas que vivía como ermitaño en una cabaña en Montana comenzó una imparable carrera delictiva colocando bombas en universidades y aviones o enviándolas por correo. Odiaba el sistema, el american way of life, la sociedad del bienestar y la tecnología y había decidido atacarlos a través de uno de sus símbolos preferidos de unión, confianza y seguridad: el correo. Se llamaba Theodore John Kaczynski pero hasta descubrirse su identidad dieciocho años después, el FBI se refería a él como UNABOMBER. Lo atraparon recién en 1995 porque cayó en una de las trampas del sistema: quiso ser difundido. Negoció con la prensa la publicación de un polémico manifiesto ("La sociedad industrial y su futuro") a cambio de no matar más, y cuando lo publicaron su hermano ató cabos y lo denunció. Greenberg, como muchos otros, entabló correspondencia con Kaczynski preso, esperando saltar a la fama con un reportaje y un análisis sobre él. "En el reino de Unabomber" registra con frontalidad cómo se dio esa relación, la atracción intelectual que le provocó Kaczynski y el modo en que la psiquiatría y el aparato judicial (emblemas del sistema) le coartaron a éste la posibilidad de poner sus ideas por encima del instrumento que usó para difundirlas, sus crímenes. Greenberg no logró hacer el reportaje y esta es la historia de sus propios límites morales y profesionales, y de cómo el sistema también le ganó a él (o viceversa).

Lo mejor de Lo mejor de McSweeney`s es que acerca nombres nuevos y difunde lo que se está haciendo hoy en narrativa corta en lengua inglesa. Sólo por eso debería haber segundas partes.

LO MEJOR DE McSWEENEY`S. VOLUMEN I. Edición al cuidado de Dave Eggers, Buenos Aires, 2008. Distribuye Sudamericana. 382 págs.

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