Ensayo poético

Un accidente cerebrovascular que no venció al escritor, y le permitió revelar la estructura del lenguaje

Sebastián Casafúa escribió, tras la tragedia, un libro que tiene una poderosa forma de decir las cosas

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Sebastián Casafúa
(foto Paul Hernández)

por Alexis Borla
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El libro Hiato es la crónica de un poeta al que se le rompen las palabras. Es casi como dejar a un carpintero sin su martillo. Su autor, Sebastián Casafúa (San Javier, 1976), sufrió en la Navidad de 2022 un accidente cerebrovascular (ACV) con afasia y pérdida temporal del habla. El libro convierte ese quiebre en materia literaria y funciona como timelapse de reconstrucción de un imperio de palabras, uno que al comienzo solo era una isla habitada por vagos sonidos. Este diario muestra con sencillez que hoy paseás a tus hijos por el barrio y mañana tus canciones te pueden sobrevivir.

Casafúa integró las bandas Kirlián y Psimio, además de haber editado varios discos como solista. Ahora habita un nuevo territorio donde el silencio es una ausencia con forma, un hueco que organiza lo que le rodea. Desde esa conciencia frágil se da un viaje introspectivo donde los cortes, vacíos y desvíos en el flujo del lenguaje obligan a que el pensamiento se empantane, mientras que la palabra se interrumpe, dejando textos llenos de desplazamientos, tachones y titubeos. De allí parece emerger la necesidad de reconstruir sentido a partir del quiebre. La afasia, una condición que en su naturaleza revela cómo está construido el lenguaje, dejó expuesto el mecanismo de la representación, pero Hiato no es una clase de medicina sino un ensayo poético, y su autor trascendió las dificultades que pudo tener para hablar y subvertir su diagnóstico, exponiendo una nueva arquitectura en el discurso. En ella, los errores no son aleatorios, sino que siguen patrones, y los ejes que estructuran la sintaxis se reorganizan. En este desdoblamiento técnico y sensorial aparece una poética de lo humano y lo cotidiano. Con sencillez pasmosa, el autor contradice con delicada vehemencia aquello que alguna vez escribió Ludwig Wittgenstein, de que “los límites del lenguaje son los límites del mundo”. Aquí los límites se desbordan. Un inquieto híbrido de géneros que va de poemas a páginas de historias clínicas, pasando por reseñas del Peñarol del 87 y funcionando como una descripción de la uruguayez, con reminiscencias a Eduardo Darnauchans o esquinas de Montevideo, como si la identidad nacional pudiera leerse en un vaivén entre lo íntimo y lo colectivo.

Casafúa creó un inventario con herramientas ficticias y la bitácora de una cacería de palabras advenedizas. En su dispersión Hiato conserva una identidad muy definida, como si la fractura misma fuera el estilo. Tiene un aire cortazariano por la forma en que capítulos, diálogos, memorias y poemas se intercalan. Es lo más parecido a un cerebro convertido en libro: volátil, diverso, con lógica interna y moviéndose entre restos, interpretaciones y guiños al lector. Un objeto que intenta rehacerse y encuentra en esa precariedad una forma poderosa de decir.

HIATO, de Sebastián Casafúa. Criatura, 2025. Montevideo, 156 págs.

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