Letras inglesas y más
Porque a veces la política o las urgencias morales pueden estrangular una novela, o toda una carrera literaria.
Una palabra que separa aguas en el terreno inestable de la creación literaria es “compromiso”. La pregunta es hacia quién, o qué. Mientras que algunos señalaron, como Onetti, que el escritor solo le debe fidelidad a “ese otro, silencioso e implacable, que llevamos dentro y no es posible engañar”, para otros la escritura es el puente —a veces sólido, otros podrido— donde denunciar, glorificar, etc., cuestiones extraliterarias que pueden ser de corte ideológico, político, religioso, económico, social. Desde distintas posturas, autores como Borges, Salter, Ford, Camus, Orwell, Flaubert y tantos más, analizaron el problema, y los que no, lo resolvieron por la vía de los hechos sin reflexionarlo demasiado. En este brevísimo ensayo, el inglés Ian McEwan (n. 1948) corta grueso sobre la cuestión recurriendo a los enfoques de dos “comprometidos”: Orwell y Camus, y tangencialmente a los de Calvino, Henry James y, por fuera, Henry Miller.
Del inglés George Orwell (nacido Eric Arthur Blair y autor de distopías que se mantienen en órbita como 1984 y Rebelión en la granja), McEwan toma como referencia el ensayo “En el vientre de la ballena” (1940), en el que a partir de la historia bíblica de Jonás se alude a la posición de los artistas: los que permanecen en su mundo privado, y los que privilegian el compromiso con su época y hablan de lo que es correcto hablar. Del francés Albert Camus, cita partes del ensayo “El artista y su tiempo”, leído después de obtener el Premio Nobel en 1957. Tanto Orwell como Camus reconocieron el peligro para sus propias obras de anteponer al compromiso estético cualquier otro, pero también reclamaron la libertad de tomar esa opción.
McEwan, autor de novelas notables como Expiación, Chesil Beach o Sábado, ensaya un equilibrio poco convincente: aunque defiende la soledad intrínseca del artista y reconoce que “la urgencia moral o política puede estrangular la vida de una novela”, aplaude a escritores contemporáneos —algunos de calidad discutible— que, según él, “se han quitado la grasa de ballena de los hombros” y encima pronostica que la catástrofe climática podría convertirse en el único tema literario de importancia, con lo cual inclina su balanza hacia la peor de las renuncias estéticas, que es abonar el campo de la corrección política en boga. Como sea, lo bueno de este libro es que moviliza a pensar y mirar dónde está parado cada uno y si esa posición es inamovible o fluctuante.
EL ESPACIO DE LA IMAGINACIÓN, de Ian McEwan. Anagrama, 2022. Barcelona, 64 págs. Traducción de Damià Alou.