El inicio de una carrera literaria

Primera novela de Henning Mankell

20 años antes de la saga de Kurt Wallander

Henning Mankell

Casi veinte años antes de dar comienzo a la serie de títulos protagonizados por el inspector Kurt Wallander que lo hiciera mundialmente famoso, el sueco Henning Mankell (1948–2015) publicó en 1973 su primera novela, El hombre de la dinamita. En ella narra la historia de Oskar Johansson, un dinamitero que en 1911 es víctima de una explosión que le arranca un ojo, una mano, y le cercena parte del sexo. La primera parte la escribió en Oslo en 1972, cuando los americanos “estaban perdiendo la desesperada ofensiva en Vietnam”, según cuenta en un prólogo de 1997, y la gente se manifestaba frente a la Embajada de Estados Unidos en la capital noruega.

Para aquel entonces Mankell se había desempeñado como actor y había estrenado su primera pieza teatral con bastante éxito. Pero es en esta novela donde ya se hace presente el notable escritor que luego daría a conocer unos treinta títulos entre los protagonizados por Wallander, por la hija de este, Linda, y algunos otros dirigidos al público juvenil, también con personajes netamente definidos como Joel Gustafsson o Sofia, una heroína que pasa de la niñez a la adolescencia en la llamada Trilogía del fuego.

El hombre de la dinamita puede leerse como un alegato sobre las condiciones sociales y económicas de los trabajadores suecos de principios del siglo XX, sobre las inclinaciones políticas de los mismos, sobre el crecimiento del Partido Socialdemócrata, su llegada al gobierno y la burocratización de sus dirigentes, situación que en el inquieto discurso de Johansson es abordada una y otra vez. El estilo de Mankell es en cierto modo lacónico, muchas veces telegráfico al mismo tiempo que mezcla recursos de la ficción y del testimonio, y apuesta a metáforas conectadas por una cotidianidad de pequeña historia, de vida común en un mundo ingrato y en un personaje que, de no ser por su brutal accidente, pasaría desapercibido en cualquier contexto.

Con esa escenografía mínima, con un narrador innominado que visita a Johansson en su vejez y que durante algunos tramos del libro le permite contar en primera persona sus peripecias (su regreso al mismo puesto de trabajo una vez curado de sus heridas, su largo y apacible matrimonio con una mujer a quien conoció en una manifestación, sus tres hijos, su solitaria viudez), Mankell elabora un mapa humano a medio camino entre la evocación y la dura denuncia, que reiteraría luego, ya con otros instrumentos, a lo largo de su brillante obra policial.

EL HOMBRE DE LA DINAMITA, de Henning Mankell. Tusquets, 2018. Buenos Aires, 237 págs. Distribuye Planeta.

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