Periodista y libertario

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Osvaldo Aguirre

(desde Rosario)

LA BÚSQUEDA apuntaba a un periodista "que escribiera muy bien, que supiera cómo se hace un diario y que fuera al mismo tiempo un tipo de acción". Corría septiembre de 1898 y Lisandro de la Torre preparaba el lanzamiento de La República, un diario que oficiaría de vocero de la Unión Cívica Radical en Rosario. El hombre indicado fue el joven Florencio Sánchez, quien llegó a la ciudad con fama de ser "una buena pluma" y en apuros económicos: al desembarcar en el puerto local no traía más que lo puesto.

El trabajo en La República le permitió mejorar su situación. El escritor Mateo Booz evocó su figura en aquellos días, la de "un transeúnte desgarbado, de espaldas estrechas y agobiadas, de tez terrosa y mandíbulas caídas", que vestía "pavita y sobretodo con vueltas de terciopelo". Rosario tenía 112 mil habitantes y su desarrollo económico y social estaba pautado por la actividad del puerto, el surgimiento de organizaciones sindicales y el ingreso de inmigrantes europeos.

En el Teatro Nuevo Politeama actuaba en esa época la troupe del clown inglés Frank Brown y el circo de Pablo Raffetto ofrecía espectáculos acrobáticos y dramas criollos. La actividad literaria era insignificante; Sánchez iba a las tertulias que organizaban los hermanos Joaquín y Fermín Lejarza, "una especie de club al que acudían todos los escritores que llegaban a Rosario", según el historiador Juan Álvarez.

Esa primera experiencia laboral duró pocos meses. Sánchez no congeniaba con el director del diario y renunció al cargo. Lisandro de la Torre lo recordó más tarde sin rencor: "Era un bohemio incapaz de someterse a cualquier disciplina de trabajo, pero que desarmaba siempre la severidad del director con un suelto feliz", dijo.

Segunda época. A mediados de 1901 Sánchez regresó a Rosario, otra vez como cronista de La República. El diario pertenecía entonces al empresario alemán Emilio Schiffner, vicepresidente del Concejo Deliberante, y era "tremendamente opositor", según Booz, de acuerdo a las ambiciones políticas de su dueño, que quería proyectarse al ámbito provincial.

La primera contribución de Sánchez fue una columna a la que llamó "Desenvainen y metan. ¡Viva Freyre!". El título era una alusión burlona a la voz de mando con que la policía montada disolvía las manifestaciones callejeras.

La violencia política se exacerbó con las elecciones de octubre de 1901. En medio de una cena, Schiffner mató a tiros a un hombre supuestamente enviado para asesinarlo. "Florencio Sánchez y el poeta Alberto Ghiraldo acudieron a socorrer al infeliz malevo", dijo el dramaturgo Enrique García Velloso, que presenció el episodio y recordó a Sánchez "conteniendo inútilmente con su pañuelo el chorro de sangre que manaba de la cabeza del moribundo".

Sánchez quedó al frente del diario. "Bajo su influencia, La República fue tomando un subido tinte rojo", dijo Roberto Giusti, uno de sus biógrafos. Por entonces frecuentaba la Casa del Pueblo, abierta por los anarquistas, y participaba en la creación de las sociedades de diversos gremios y en las asambleas de grandes establecimientos industriales, como la Refinería Argentina de Azúcar. Allí conoció también a Santiago Devic, quien lo reencontró en Milán hacia 1910 y lo asistió en el período final de su vida.

Propiedad de Ernesto Tornquist, la Refinería empleaba a varios centenares de obreros españoles, italianos y austríacos y daba nombre al barrio que la circundaba. En octubre de 1901 los trabajadores reclamaron mejores condiciones de salubridad, aumento de salarios y la reducción de la jornada laboral a diez horas. Como la empresa rechazó las demandas, comenzó un paro.

Sánchez dejó de ser visto en La República; era el secretario del comité de huelga. "A pretexto de acopiar informaciones, se ausentaba la mayor parte de las horas y no rendía al diario más de un par de galeras. Caían entonces a la redacción unos tipos patibularios que preguntaban por «el compañero Sánchez»", recordó Mateo Booz.

El 20 de octubre, el intento de disolver una concentración frente a la Refinería provocó una corrida en que cayó asesinado Cosme Budislavich, austríaco de 34 años. Fue la primera víctima obrera de la violencia policial en la Argentina. El hecho derivó en actos y en manifestaciones multitudinarias; testigo del crimen, Sánchez escribió un manifiesto con la característica retórica libertaria.

Los dirigentes socialistas Juan B. Justo y Enrique Dickman llegaron desde Buenos Aires para seguir de cerca el conflicto, y Sánchez les hizo de guía. "Nos llevó al puerto, al barrio Refinería, a las barriadas obreras más pobres. Tuvimos en él a un cicerone maravilloso. Nos explicó todos los aspectos de la vida de la clase obrera rosarina y nos habló de sus proyectos literarios", anotó Dickman en sus memorias.

A la vez, de acuerdo a su correspondencia, hacía planes para casarse e instalarse en Rosario con Catalina Raventós, su novia. Contaba que trabajaba con esmero en La República: "Los que me han conocido bohemio incorregible se han quedado con la boca abierta ante mi constancia y mi tesón. Dicen que soy otra persona, que me han hecho de nuevo". Sin embargo, en junio de 1902 los redactores declararon una huelga y él, aunque era el director, se sumó a la protesta, por lo que terminó despedido.

De la censura al éxito. Sánchez pasó a otro diario, La Época, y escribió La gente honesta, "sainete de costumbres rosarinas" en un acto y tres cuadros. Uno de los personajes, el Gringo Chifle, caricaturizaba a Schiffner; la obra incluía burlas al recientemente inaugurado Parque Independencia, orgullo local, y a la moral hipócrita de la burguesía rosarina.

La compañía de zarzuelas de Enrique Gil aceptó representar La gente honesta en El Nuevo Politeama. El argumento trascendió a través de la prensa y generó tal expectativa que el 26 de junio, fecha del estreno, "las galerías y patios del teatro se hallaban repletos, habiéndose agolpado en la boletería un público numeroso que solicitaba localidades", según el diario La Capital. Pero la policía impidió el acceso a la sala, ya que a última hora, a solicitud de Schiffner, el intendente municipal prohibió la representación. Sánchez pasó un mal rato, ya que fue demorado en una comisaría y golpeado.

En La Época, según Booz, "se nos perdía de vista días enteros, para resurgir en un lastimoso estado de indigencia". En medio de ese trajín, le entregó a Santiago Devic el manuscrito de una nueva obra, Canillita. Según Giusti, "las escenas son reales, muchas de ellas ocurridas en presencia del mismo Florencio cuando entraba en los conventillos a charlar con sus moradores sobre la miseria y la necesidad de agremiarse".

La imprenta de La República, donde los vendedores callejeros se reunían a esperar la salida del diario, y los cafés de los alrededores fueron los lugares donde conoció a los personajes que inspiraron Canillita. El texto reformulaba una obra previa, Ladrones, destinada a un público obrero, a la que Sánchez despojó de su carga contestataria.

La compañía de Enrique Lloret estrenó Canillita el 1° de octubre de 1902 en el Teatro La Comedia. La obra tuvo doce funciones a sala llena. Pero el éxito no alcanzó a reconciliar al escritor con la ciudad: Sánchez fue a pasar unos días en un campo del interior provincial, de donde tomó los personajes para La Gringa, y a fines de ese año dejó definitivamente Rosario.

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