Retrato de un mundo podrido

Novela de horror, suspenso y asesinatos que se abre ardiendo con varias heridas sin cerrar

Una ficción premiada del argentino radicado en Uruguay Manuel Soriano

Manuel Soriano
Manuel Soriano

por Mercedes Estramil
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Desde la tapa, el retrato juvenil de Gwyneth Paltrow invita a entrar a esta novela que enseguida desmiente la calidez ingenua del rostro. Las chicas doradas es una historia de horror a dos puntas que comienza con un asesinato serial y despiadado de perros, y continúa (subterránea, implícitamente se desliza) con la trata de muchachas en los distritos 7 y 8 de una locación ficticia, Santurio. El despliegue de personajes atractivos es una impronta en Manuel Soriano y aquí tampoco falla: un Gobernador dictatorial y millonario mira los filmes de Paltrow con una chica que mantiene, presumiblemente, secuestrada; alguien empala perros con algún designio oculto; dos policías investigan (una es portadora de un apellido o nombre raro —Mota—, y está obsesionada con su seno faltante; el otro es Henry Aguilar y se engancha morbosamente con las tarántulas, con la Deep Web y con su madre anciana); una periodista revuelve el caso de indígenas desaparecidas; un ex jefe de redacción mira pornografía y escribe una novela sobre el Gobernador; un padre desesperado busca a su hija. De todos ellos quiere dar cuenta un sistema de control llamado El Cristal, que retransmite en vivo a toda la población, como un reality, borrando lo que no conviene.

Soriano integra varias líneas de acción y suspensos de distinto calibre en Las chicas doradas. ¿Vendrá Gwyneth a Santurio como mediática protesta antiespecista y anticriminal? Recordemos en Treinta y Tres a la Charlotte Rampling de Carlota podrida (Gustavo Espinosa), o en Conchillas al Jimmy Page de El tiempo es una gran mentira (Luis Fernando Iglesias). ¿Atraparán Mota y Aguilar al asesino de perros? ¿Qué pasará con las chicas del gobernador? Un estilo de cierre tranquilizador para muchos lectores resolvería todas las incógnitas y haría un reparto de bienes y castigos. Soriano está en las antípodas de esa elección y deja adrede la fosa séptica abierta, desarrollando hacia el final el personaje de Calvi (el periodista escritor), enfrentado a lo que solo podría resolver mediante la revolucionaria ficción, y tampoco puede.

Argentino radicado en Uruguay, Soriano ganó con esta novela el Premio Onetti de la IMM en 2023, y uno de sus jurados, Espinosa, la definió como “un artefacto literario del tamaño de los pesos cruceros”. Y sí, pugilísticamente hablando, la novela pega, noquea, desarma y deja un tendal de dolor e incertidumbre.

LAS CHICAS DORADAS, de Manuel Soriano. HUM, 2024. Montevideo, 311 págs.

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