Música en el espacio sideral

Martín Bentancor

DENTRO DEL panorama de la música rock en el Uruguay, The Supersónicos ha marcado la diferencia con un sonido y una imagen alejados de cualquier principio de clasificación. Con una trilogía de discos, unidos temáticamente por la inminencia de un ataque extraterrestre, The Supersónicos ha evolucionado desde el punk a la música surf, sin dejar atrás el aire retro que los caracteriza. Próximos a editar un nuevo trabajo discográfico, Leo Sónico (guitarra y voz) y Joe Sónico (bajo y PC) repasan sus gustos e influencias y su visión de la música en general.

SALVAR LA TIERRA

—¿Quiénes son The Supersónicos?

Leo: —Somos una banda que se dedica a hacer la música que nos gusta pero sin estar en contacto con lo que el mercado espera que sea una banda de rock nacional. Somos tres hermanos (Leo, Joe y Bob) y el baterista (Pol) que tocamos juntos desde hace mucho tiempo y que hemos compartido muchas cosas; incluso, en nuestro caso, hasta los jugos propios de la vida intrauterina. The Supersónicos está detrás de un concepto que supera lo estrictamente musical; nos gusta combinar nuestra música con buenos espectáculos, mezclando elementos audiovisuales, entre otras cosas. Lo que hacemos es la musicalización de un mundo propio que vendría a ser el mundo supersónico.

—¿En qué momento apareció la amenaza alienígena?

Leo: —Hay una cierta unidad en todos nuestros discos, cada uno de ellos gira en torno a un concepto. El primero (Irrupción en el cosmos, 1999) se componía de música reverberante, o sea, música que ayudaba a combatir a los alienígenas. El segundo (Hola estática, 2002) era un llamado de amistad hacia los robots, llamaba a pedir disculpas, a no ser soberbios porque veíamos que la relación entre humanos y robots estaba muy tensa.

Joe: —Nosotros tenemos un concepto de robots que es muy amplio. Por ejemplo, vos tenés un robot en la muñeca que te dice la hora. Esta conversación está siendo registrada por un robot.

L: —Como es imposible vivir sin ellos, nosotros, en nombre de la humanidad, hicimos un mea culpa y los llamamos a luchar junto a nosotros contra los agentes externos alienígenas. En cuanto al tercer disco (Telekinesis, 2003) dio un paso más allá en este concepto de defensa y es un llamado a utilizar mejor nuestra capacidad encefálica porque consideramos que es el arma última contra cualquier enemigo que venga desde el exterior.

—¿El público acompaña estos movimientos que plantean los discos? ¿Cómo es detectado por ustedes?

J: —En el año 2004, durante un recital, hicimos una especie de curso en la Sala Zitarrosa cuando presentamos el disco Telekinesis. Colocamos una cuchara en cada asiento de la sala para, luego de terminado el espectáculo, comprobar si la gente era capaz de doblar la cuchara con la mente, sin tocarla. Y aproximadamente, un 35% del público presente pudo hacerlo.

—Complementan sus espectáculos con pequeñas acrobacias y proyecciones. ¿Se busca una unidad en todo el espectáculo o surge espontáneamente?

J: —Las acrobacias son una simple cuestión de exhibicionismo. Los shows podrían funcionar perfectamente sin ellas.

L: —En cuanto a las proyecciones que acompañan los shows es parte de esa idea de no quedarse solamente en lo musical, en no tocar las canciones como están en el disco. Nos gusta deformar las canciones en vivo, apresurarlas, enlentecerlas, bastardearlas incluso. El mecanismo de las proyecciones se basa en material de mi colección de películas en celuloide, super-8 y 16 mm, y de allí extraemos material bizarro, de ciencia ficción e incluso, documentales antiguos.

CIENCIA-FICCIÓN Y TV

—¿Cúal es el contacto con la ciencia-ficción, en su variante fílmica o literaria?

L: —Nosotros dos somos fanáticos de la ciencia-ficción y leemos mucho del género. Yo, en particular, disfruto mucho la ciencia-ficción que está más cercana a la sensibilidad supersónica, que mezcla el humor y no abandona cierta intención lúdica como Stanislav Lem, o Kurt Vonnegut.

J: —Alfred Bester, Philip K. Dick, Thomas M. Disch. El que no nos gusta mucho es Asimov.

L: —Sí, pero ganó el panteón con las tres leyes de la robótica.

J: —A mí la etiqueta ciencia-ficción no me cierra mucho. Me parece una forma de catalogar a un escritor. Lo que llamamos ciencia-ficción está cimentado por grandes escritores como Ballard que, si bien utiliza un tipo de escritura especulativa, es ofensivo designarlo como ciencia-ficción. Encasillar a estos autores como escritores de ciencia ficción fue como una estrategia para dejarlos fuera porque, en su tiempo, fueron los escritores más potentes y el tipo de cosas que decían no se tomó en serio porque no convenía que se tomara en serio.

—¿Qué películas los han marcado o se conectan con lo que hacen ustedes?

J: —Yo no hablaría de cine sino de televisión. Para mí la televisión es mucho más formante que el cine. La televisión nos educó cuando éramos niños y nosotros reproducimos algunos de esos elementos. Es algo muy propio de nuestra generación, la gente nacida en los años setenta, que creció con la televisión y que, de alguna manera, no puede despegarse de ella.

L: —Además de la televisión nos marcó mucho el mundo del comic.

J: —Sí. El mundo del entretenimiento en general.

L: —Aprendimos a ser leales mirando a Meteoro, por ejemplo.

MÚSICA Y MÚSICOS

—¿Cuáles son sus influencias musicales?

J: —Nosotros crecimos en los ochenta y, así como la tele nos marcó mucho, también lo hicieron bandas como Devo y B-52. Al final de la década comenzamos a escuchar a Pixies, que fue una banda muy importante para nosotros.

L: —Siniestro Total, Los resentidos...

J: —Escuchábamos punk español, nos gustaban las ideas que había detrás; gente que demostraba que había leído algún libro y que, cuando veía una película, no estaba solo comiendo pop. De esos grupos españoles nos influyó mucho la actitud.

L: —Siempre tuvimos además ese clic en la cuestión del sentido del humor. En lo personal nunca me gustaron esas bandas que te revelan las verdades del mundo o que se consideran a sí mismas portadoras de la poesía. Yo jamás podría soportar a una banda como The Doors.

J: —Otra gran influencia de los sesenta fue The Velvet Underground. Esa banda funciona como una especie de detector: yo escucho cualquier músico y te digo enseguida si ese tipo escuchó o no a la Velvet y si también lo procesó.

L: —Además del filtro Velvet, tenemos en la banda otro filtro: el de los cincuenta. Cuando escuchamos a alguien tocar la guitarra enseguida sabemos si escuchó los diez primeros discos que hay que escuchar en la historia de la Humanidad y que fueron grabados entre 1955 a 1959.

—¿Cuáles son los grandes nombres musicales de los cincuenta?

L: —Los grandes nombres de los cincuenta no son Elvis "El falso rey del rock and roll" Presley. Son Edie Cochran, Jerry Lee Lewis, el Johnny Burnette Trio, Gene Vincent, Johnny Cash, Buddy Holly. Para mí, Buddy Holly es el creador del pop británico y lo que se conoce como el pop actual.

—¿Los grandes nombres de los sesenta?

L: —Buscamos el camino lateral también en esa década. Ante la dicotomía entre The Beatles y The Rolling Stones, la respuesta de The Supersónicos sería...

J: —...The Kinks (Risas). También nos gusta The Who pero mucho más los Kinks.

L: —Nos gusta la surf music de los sesenta: Dick Dale y también bandas como The Shadows o The Ventures.

—¿Qué opinión les merecen The Beach Boys?

J: —La más alta opinión. Nosotros no hacemos temas de los Beach Boys porque nuestras voces no llegarían a la afinación y la armonía de ellos.

L: —Vamos a ser sinceros: tocando la guitarra les pasamos el trapito pero cantando nos pasan ellos el trapo a nosotros (Risas).

J: —Brian Wilson es un genio. Cuando grabamos un disco, nosotros tratamos de sacar ideas de su forma de producir un disco y de grabarlo.

L: —Además mezclamos algunas canciones en monoaural porque, como a Brian Wilson le faltaba un oído, decía que la música tenía que sonar bien en las radios de los autos que eran monoaurales. Cuando mezclás un tema y en monoaural suena bien, te inclinás sobre el suelo y orás mirando hacia el lugar donde esté Wilson en ese momento (Risas).

—¿Cómo ven la música actual?

L: —Uno de los defectos que veo en la música actual es que muchas bandas de niños de 15 años no van a la fuente de la música que quieren hacer. Quieren una hamburguesa y en vez de ir a la vaca van a la salida de una cadena de hamburguesas y revuelven entre la basura, sacan la hamburguesa procesada y, a partir de ahí, quieren descubrir la verdad de la carne. Entonces hay casos ridículos: bandas que quieren hacer punk pero nunca escucharon a los Sex Pistols, por ejemplo. En nuestra época era mucho más fácil ir a los orígenes de las cosas.

—¿Un mensaje sónico final?

L: —Dejar claro que hay bandas que leen mas de cinco libros al año.

J: —Entre todos los integrantes (Risas).

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