Nuevo título de la autora uruguaya

Mercedes Rosende: "Puedo vivir de la literatura"

Un nuevo libro de cuentos permite repasar toda la carrera literaria de Mercedes Rosende, que ya trascendió fronteras. Para saber más de su tremebundo personaje Úrsula López.

Mercedes Rosende
Mercedes Rosende por Ombú

Recién llegada de Alemania, Mercedes Rosende (Montevideo, 1958), ha logrado posicionar con éxito su literatura fuera de las fronteras de Uruguay. Le tomó tiempo y mucho trabajo.

—¿Pensaste en una carrera literaria o simplemente se te dio así?
—Soy una escritora relativamente novel. En el 2000 empecé a ir a un taller. Eso me puso en contacto con el mundo literario, con los que hoy son mis grandes amigos escritores. Éramos cuatro que nos juntábamos todos los miércoles con una botella de vino barato.

—¿Quiénes?
—Henry Trujillo, Ana Vidal, Pablo Silva Olazábal y yo, con la dirección de Helena Corbellini. Le llamamos el Taller Andino, porque era en la calle Andes. Nunca diseñé ni me armé una carrera literaria, porque realmente nunca la imaginé.

—Está bueno eso.
—Tampoco pensé que iba a tener agente literario, ni que iba a vender mis libros o que alguien tendría interés en traducirlos y publicarlos en otros lugares. El día que me lo dijeron me los quedé mirando.

—Ja ja.
—Un día estaba en Haití, en el aeropuerto esperando para salir y me llega un correo electrónico: “Venta de derechos en idioma alemán”. Era de mi agente.

—Ja ja. ¿De qué libro?
—El miserere de los cocodrilos. Fue el primero que compró Unionsverlag, mi editorial en Alemania, donde han publicado Leonardo Padura y Claudia Piñeiro. Este año salió Mujer equivocada, en plena pandemia, y el año próximo sale Qué ganas de no verte nunca más.

—Es una trilogía.
—Según mi editor alemán, no hay que decir que es una trilogía, sino una trilogía momentánea, porque él espera que Úrsula tenga una larga vida.

—¿Qué tan lejos puede ir su historia luego de la tercera parte?
—Estoy viendo. Quisiera seguirla pero no estirarla como un chicle.

Los premios

—Tus dos primeros libros ganaron premios. ¿Eso te dio confianza?
—No, para nada, porque ni siquiera tuve una oferta editorial. No resultó ser ningún espaldarazo. Siempre creí que los premios son gustarle a tres de cinco jurados. Me da más seguridad cuando me lee un amigo o alguien en quien confío y me dice “esto está muy bien”. Así que son dos niveles de juicio diferentes.

—Claro.
—¿Y sabés qué me resulta importante? Que trato de que esas lecturas no sean de escritores, porque uno a veces piensa en el lector modélico como receptor de tu texto.

—¿Y cómo hacés?
—Es difícil. Me interesa mucho el juicio del editor y del corrector de estilo, porque miran desde otro lugar, pero trato de dárselo a lectores que no son ni editores, ni escritores, ni correctores, y de distintos grupos etarios.

—Buena estrategia.
—Me resulta muy importante ver si mis hijos lo leen rápido o despacio, porque son gente joven, lectores normales y que no estudiaron Letras.

—Con el tema de validación de los jurados y premios, me refería al impacto que genera en los lectores el hecho de ver que los ganaste.
—Ah, claro, sí, son niveles de aceptación diferentes que vas escalando y que después te das cuenta que no tienen nada que ver, por ejemplo, con el mercado editorial o con la venta de tus derechos. Nadie va a comprar tus derechos porque el MEC te haya dado un premio. Con todo respeto al premio del MEC. Ninguna editorial extranjera va a invertir en tu libro porque haya ganado el premio de la Intendencia de Montevideo.

—¿Y el currículum del escritor?
—No. Ellos te leen y saben si eso tiene un potencial o no. Puede que acepten leerlo por esa razón, pero no es determinante. El mundo editorial tiene códigos difíciles de comprender, y a lo largo de los años he hecho ingentes esfuerzos por aprenderlos, con escasos resultados. Es muy complicado. Vos no vas a vender tus derechos porque tengas premios o porque tengas una trayectoria larga.

—¿Y por qué sería, entonces?
—Tienen lectores a los que les pasan tus libros y miran primero el consejo del lector y luego evalúan si les sirve o no, de acuerdo a su potencial de ventas.

—Entiendo.
—Otra forma de funcionamiento son los caminos editoriales. Como mi editorial compró mis derechos, otras que confían en esa editorial me leyeron y también compraron mis derechos en idioma inglés. Eso ocurrió con Bitter Lemon Press, que a fin de año me permite estar en el Reino Unido, Estados Unidos, Nueva Zelanda y Australia, y también en Amazon de todos los países de habla inglesa.

—Tremendo. Un aplauso, Mercedes.
—Soy la primera asombrada. Cierro los ojos y los vuelvo a abrir.

—Como que acá no pasó nada, pero en realidad pasó todo.
—Sí, y está bueno porque si un día no pasa más, te diré que me retiraré encantada y habiendo disfrutado de todo lo que pasó.

—Creo que ahora que entraste en esos circuitos va a ser difícil que no produzcas. Son espacios ganados.
—Sí, por un lado tengo la libertad de escribir otras cosas y, por otro, me puedo dar la libertad de no volver a escribir nunca más cuando no tenga ganas.

Books from Uruguay

—¿Cómo ves el panorama literario actual en Uruguay?
—Es uno de los mejores de la historia y no es menor que haya surgido el proyecto Books from Uruguay que dio visibilidad y llevó al exterior a un corpus curado de escritores como Henry Trujillo, Felipe Polleri, Gustavo Espinosa, Mercedes Estramil, Cecilia Ríos, Ana Solari, y otros.

—¿Lográs vivir de la literatura? ¿Se puede?
—Sí, hace dos años que vivo de la literatura. No sé cuánto tiempo más podré hacerlo. Se puede, pero si te dedicás a la ficción no podés vivir de las ventas acá en Uruguay, tenés que salir al exterior. Para todo esto, me parece fundamental la promoción de los escritores en las ferias internacionales o en todo tipo de acontecimientos literarios donde se puedan vender los derechos, porque es muy difícil saltar al mercado internacional.

Ataque de caspa

—A propósito de la trilogía, cuando uno cambia el orden de lectura ocurre algo diferente con la historia.
—En realidad no sé porque nunca releo mis libros. Me vendría un ataque de caspa.

—En la parte dos, El miserere de los cocodrilos, los personajes secundarios cobran mayor importancia. A su vez, la primera parte, Mujer equivocada, tiene un tono diferente, más divertido, humorístico.
—El gran hilo conductor de las tres novelas es el humor. Decidí mantenerlo, porque es un elemento fundamental en todo lo que escribo. Igual intenté que se pudieran leer las tres por separado.

—¿Cómo te diste cuenta de que al terminar el primero podías seguir? ¿Viste un proyecto largo?
—Sí, el segundo libro me costó tanto trabajo escribirlo como investigar cómo se hacía para escribir dos novelas que pudieran ser leídas independientemente. No había tantos antecedentes en la literatura uruguaya con respecto a sagas. Entonces dije, ta, tengo que tomar un escritor y ver cómo lo hace. Mi principal referente fue John Connolly. Quería ver cómo hizo para que entendamos quién es Charlie Parker en solo un tomo, sin tener que leer los demás libros.

—¿Qué cambió desde una novela a otra? ¿Cuál era el desafío personal?
—En Mujer equivocada el desafío era reflejar esa realidad que te comentaba antes y que tiene que ver con la exigencia que tenemos las mujeres, sobre la persecución de estándares de belleza poco realistas. Tampoco quería que fuera un tratado. Quería mostrarlo y no decirlo. Cuando encaré la escritura de El miserere... dije: “no, esto no puede ser un mero apéndice literario de lo anterior”. Tenía que ser una narración autónoma, diferente, con otra historia y otro narrador.

—En las tres novelas se aprecia un cambio en la estrategia de los narradores.
—Sí, en el primero era Úrsula la voz narrativa, en la segunda hay un narrador en tercera persona pero no siempre omnisciente. Es un narrador metido, que opina sobre los personajes.

—Y en la tercera es un mix.
—Sí, ahí la exigencia fue darle voz a personajes que nunca habían abierto la boca. También el desafío era amalgamar la historia con una historia uruguaya.

—El escape de los tupamaros de la cárcel de Punta Carretas.
—Claro, pero en la actualidad ¿qué queda de aquello? El túnel, y ahí es cuando lo conecté con Úrsula. Para construir a los personajes trato de inspirarme en una persona real y Úrsula es una persona real que por supuesto no es asesina. Los tomo de la realidad porque soy una escritora perezosa. Si inventara a los personajes desde cero tendría que darles hasta el color de pelo o la forma de caminar.

—Es válido, claro. ¿Por qué te pareció necesario incluir la ‘Nota final’ en Qué ganas de no verte nunca más?
—Puede ser cuestionable desde el punto de vista de la ficción pura: ¿qué hace el escritor saliendo a explicar algo? La anécdota fue que les conté a mis hijos que estaba escribiendo sobre el escape de los tupamaros y el túnel, y ellos se me quedaron mirando como diciendo... ¿de qué habla? No era un tema inmediato para ellos y se me ocurrió escribir esa coda que está al final. Hoy por hoy me lo cuestiono, porque pienso también que la ficción es ficción y que el escritor no debe explicar nada.

Lectores o seguidores

—Acaba de salir otro libro tuyo.
—Sí, un libro de cuentos. Se llama Historias de mujeres feas y a nivel temático no tiene nada que ver con otras cosas que he hecho.

—Un popurrí.
—Sí, de doce o trece cuentos ligados a cosas que me inquietan, y que siempre se terminan trasluciendo en mi literatura. Una de ellas tiene que ver con el lugar de la mujer en la sociedad y las exigencias desde el punto de vista físico. Por ejemplo, Úrsula es una mujer condicionada por una sociedad que, si bien la ha empoderado, le exige estándares físicos inalcanzables, convirtiendo su vida en algo poco saludable.

—Presión extra.
—Sí, una presión estética por verse igual que las tapas de revistas. Eso lo hice muy deliberado cuando escribí la trilogía, pero no me había dado cuenta que en los cuentos también lo hago. Lo vengo pensando desde chica eso.

—A Úrsula la mostrás como una mujer atractiva. Por un lado, ella se da palo a sí misma, pero por otro, nadie le dice “gorda horrenda”, sino que le reconocen su encanto y belleza.
—Quizás en los cuentos eso está mejor explicado, porque ¿quiénes son las mujeres feas?

—Es cultural.
—Sí, depende de tantas condicionantes que realmente hacen que sea muy subjetivo el tema de la fealdad, porque está dentro de tu cabeza. Es un tema de cambio de paradigma, de concientizar el hecho de que las mujeres no podemos aceptar que tengamos mejor o peor lugar en la sociedad a cambio de ser de determinada forma. No podemos aceptar ese negocio, porque es ruinoso para nosotras. Yo no quiero mantenerme toda la vida joven, no quiero ser linda, no quiero pasar el estrés de trata de ser otra.

—¿Y el feedback de tus lectores?
—Hay una realidad y es que yo tengo más feedback con mis lectores del que tuvieron Shakespeare o Cervantes con los suyos. Resulta que hace doce años, cuando empiezo a participar en Facebook con un personaje, no se me ocurrió pensar que eso me iba a abrir puertas literarias o acercar a los lectores. Pero sucede que hay muchos que se comunican conmigo y me cuentan qué es lo que les gusta, y me mandan fotos de párrafos que los conmovieron. Y ahí me doy cuenta de algo muy curioso y que me llama la atención: muchos de esos lectores no son seguidores míos, de Mercedes Rosende la escritora, sino del personaje Úrsula López. Eso me parece muy loco, porque llega un momento en el que se difuminan las fronteras entre nosotras. Me parece algo muy onírico de las redes sociales, ¿no?

Una trayectoria

Mercedes Rosende comenzó con los cuentos de Demasiados Blues (2005, Premio IMM), luego pasó a la novela, La muerte tendrá tus ojos (2008, Premio MEC), pero no fue sino hasta la trilogía encabezada por Mujer equivocada (2011) que pudo romper con sus propias expectativas literarias. La segunda parte, El miserere de los cocodrilos (2016, Premio LiBeratur) lo confirmó. Luego la tercera parte, Qué ganas de no verte nunca más (2019). Acaba de publicar el libro de cuentos Historias de mujeres feas, bajo el sello Tusquets.

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