LIBRO DE JORIS LUYENDIJK

Luyendijk: otro intento por explicar la crisis financiera de 2008

Aún no está claro quienes fueron los culpables de la crisis financiera que puso al mundo al borde del desastre. Joris Luyendijk indagó al respecto.

Joris Luyendijk
Joris Luyendijk: El hombre de las preguntas incómodas. Foto Fiodor Buis

La denominada “crisis financiera de 2008”, provocada en parte por una “burbuja inmobiliaria” en los Estados Unidos, fue un fenómeno económico de alcance mundial que de una manera u otra repercutió en los países y la gente —pérdidas millonarias, quiebras, recesión, desempleo, locura—, pero que además dejó una espina clavada: la posibilidad de repetirse. La gran pregunta es por qué, cómo algo así no imprime una enseñanza, no castiga culpables, no da un mensaje claro. Las respuestas pueden estar en el orden existencial o filosófico (porque el hombre nunca aprende y la naturaleza humana tiende a repetir modelos y errores) o pueden buscarse dentro del mundo financiero mismo, en sus estructuras de poder y territorio. Esto último es lo que intentó hacer un antropólogo y periodista holandés, Joris Luyendijk, yéndose a la City londinense, escenario por excelencia del mundo bursátil, bancos de inversión y megabancos, para entrevistar de forma confidencial a sus actores: banqueros, ejecutivos, inversionistas, corredores de bolsa, relacionistas públicos, secretarios, etc. Del contacto con unos doscientos entrevistados surgió este libro titulado Entre tiburones, publicado en español por Malpaso Ediciones, con una portada que simboliza sobre qué cosa estamos parados y en qué cuerda floja caminamos alegremente.

CÓDIGOS DE SILENCIO

Lo primero que tuvo que sortear Luyendijk fue la reticencia a hablar de la gente vinculada al mundo financiero, individuos sometidos al estrés del éxito y el fracaso, al miedo de no lograr las metas y ser despedidos, y a la zanahoria de los incentivos millonarios. Un mundo donde la confidencialidad es clave para sostener verdades y mentiras. Temían ser identificados a un grado de paranoia extrema (que figuraran datos como que tomaban té a tal hora o vivían en un noveno piso), por tanto las entrevistas transcurrieron en un clima de ansiedad y miedo.

En ese marco, Luyendijk atrajo gente que gozaba de un tren de vida carísimo pero exigente, donde las bromas eran de este estilo: “¿Qué haría un banquero de Goldman si tuviera cinco millones de dólares? Preguntar qué pasó con el resto”. Ganan mucho pero trabajan y gastan mucho y con frecuencia deben dejar en suspenso la vida afectiva y la mirada moral. Lo peor, sin embargo, tiene que ver con la inestabilidad laboral: “La gente en la City puede verse en la calle en cinco minutos” es lo que le asegura al periodista una directora de recursos humanos. Sobre todo cuando se ciernen amenazas de crisis y cada teléfono que suena puede ser un llamado desde arriba para decir adiós. Mantenerse ahí, por otra parte, implica adoptar un modo de vida donde la elección de coche, escuela para tus hijos, destino vacacional o reloj puede ser crucial: “Si trabajas en Goldman Sachs no puedes vivir en una cabaña de Essex”.

Cuando el gran banco de inversión estadounidense Lehman Brothers se declaró en quiebra el 15 de setiembre de 2008 el efecto dominó no se hizo esperar y seis días después el grupo inversor Goldman Sachs debió ser rescatado por el gobierno, como ocurrió con parte de la banca en los demás países del mundo. Era “demasiado grande para caer”. Ese concepto excusatorio ha sido refutado por algunos de los entrevistados del libro que asumen que si es demasiado grande para caer es también demasiado grande para ser rescatado, para ser gestionado, para saber qué está pasando dentro de su propio interior y en definitiva, para existir.

CULPABLES O INDOLENTES

La primera pregunta de Luyendijk es ¿de quién es la culpa? La tentación de creer que por un gran puñado de dólares la gente que trabaja en los bancos de inversión es capaz de hacer lo que sea es muy grande (y el autor de hecho no la descarta) pero no es del todo creíble pensar que el mundo de las finanzas es solo un hatajo de psicópatas codiciosos. Lo que surge de las entrevistas no es menos aterrador: “Me he dado cuenta de que a mucha gente ajena a los bancos le cuesta aceptar que el mundo de las finanzas no está lleno de individuos que hacen el mal intencionadamente, sino de conformistas que simplemente han dejado de preguntarse sobre el bien y el mal. Las cosas les van bastante bien y en su burbuja solo tratan con gente que piensa como ellos”. Esa decantación por la amoralidad, o incluso por una “banalidad del mal” en lo financiero es ciertamente una explicación, aunque no sea la única.

A la hora de intentar explicar la crisis y el rescate de 2008 Luyendijk apunta a “los consumidores que tomaron prestado más dinero del que podían permitirse, a menudo tergiversando o falsificando su situación financiera; los agentes hipotecarios que animaron a la gente a pedir dinero y ocultar o mentir a los prestamistas sobre su nivel de endeudamiento; las agencias de calificación de riesgos y las empresas de auditoría que aceptaron sin rechistar la creciente complejidad de los productos; el gigante financiero AIG [una corporación multinacional de finanzas y seguros] que los había asegurado sin mantener las correspondientes reservas de capital” y a una larga lista de “culpables” que no son —no legalmente, al menos— quienes trabajan en esos bancos.

La segunda gran pregunta es si una crisis de tal magnitud volverá a ocurrir y la respuesta es un contundente sí. El actual sistema monetario y financiero “está creando una ‘burbuja’ tras otra continuamente”. Tanto los gobiernos como los individuos consiguen dinero de esa manera, toman más riesgo del que pueden gestionar, gastan a crédito en pos de un crecimiento económico y se endeudan más y más hasta que un día la burbuja revienta y los salvatajes tratan de evitar el colapso total, que la civilización deje paso a la barbarie. “Imaginemos que cientos de millones de personas en todo el mundo se enteran al mismo tiempo de que los suministros para sus supermercados, farmacias o gasolineras se han interrumpido” dice Luyendijk. No es imposible ni es improbable. El libro menciona a algunos “hombres de piedra”, esto es, banqueros multimillonarios (por ejemplo Greg Smith, de Goldman Sachs), que se bajaron de ese mundo renunciando por cuestiones éticas (si bien ya habían hecho considerables fortunas trabajando ahí). Son ejemplos aislados.

Una de las sensaciones que deja la lectura de Entre tiburones puede sintetizarse así: el mundo financiero es un gran iceberg del que por supuesto solo vemos —y eso en óptimas condiciones de visibilidad— una octava parte, y contra el que es muy posible que destrocemos un día nuestro pequeño o gran barco, por más controlado que creamos tenerlo en medio de la tempestad o la calma.

ENTRE TIBURONES. Una temporada en el infierno de las finanzas, de Joris Luyendijk. Ediciones Malpaso, 2016. Traducción de Mario Santana. Barcelona, 247 págs.

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