Los pájaros perdidos

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Hugo Fontana

LORRIE MOORE (Glen Falls, New York, 1957) ha sido incluida en dos de las más importantes antologías de cuentistas estadounidenses de los últimos tiempos: en la preparada por Richard Ford, y en la de John Updike, que eligió el notable relato "Además usted es feo".

Traducida al castellano, sus libros de cuentos son Autoayuda, Como la vida misma y Pájaros de América o Es más de lo que puedo decir de cierta gente, según las dos ediciones que circulan en Uruguay. Además, también había publicado dos novelas: Anagramas y Hospital de ranas, y ahora, tras más de una década sin títulos a la vista, llega Al pie de la escalera. Miembro de la Academia de las Artes y las Letras de América desde 2006, con importantes premios y becas ganados por su producción literaria, desde hace años Moore trabaja en el Departamento de Escritura Creativa de la Universidad de Wisconsin.

En su último libro, Tassie Keltjin, una muchacha de 20 años, estudia en Troy, una ciudad universitaria del Medio Oeste inventada por la autora. Es hija de agricultores que, en una localidad a no más de 100 kilómetros, cosechan papas y lechugas ecológicas que el padre vende a restoranes cercanos a Chicago. Tiene un hermano menor que se apronta para graduarse, alistarse en el ejército y marcharse a Afganistán. Corre el año 2002 y la sociedad yanqui siente el brutal impacto del ataque a las Torres Gemelas manifestándolo de las más diversas y erráticas formas.

En tanto concurre a sus cursos, Tassie busca trabajo para ayudarse a vivir. Se presenta a varios llamados hasta que finalmente conoce a Sarah Brink, una mujer de mediana edad, dueña de un restaurante que también le compra productos a su padre. Brink y su esposo Edward pretenden adoptar a una niña y la contrata de antemano como baby sitter. Sobre fines de año el primer intento fracasa: la madre biológica de la niña mantiene una fuerte discusión con Brink y se niega a entregarle a su hija. Tassie pasa las fiestas con su familia y cuando regresa a estudiar en enero, Sarah Brink la vuelve a llamar: ha aparecido una alternativa y le pide que la acompañe a una entrevista en una agencia. Es entonces cuando conocen a Mary-Emma, una niña de dos años, hija de mujer blanca y padre negro, a quien finalmente terminan adoptando.

Mitades y mezclas. Moore ha intentado ubicar sus textos dentro de una tradición que ella misma llama "realismo satírico". Y acaso esa sea una feliz definición: las historias que aborda, más allá de un descarnado dramatismo, siempre son salpicadas por una cambiante dosis de ironía, un humor entre ácido, negro o simplemente piadoso. En esta novela, ella confesó su intención de reflejar los cambios que estaba padeciendo su país, y ese propósito no se agota remitiéndose exclusivamente a lo ocurrido tras el 11-S sino que conserva una vasta vigencia. La autora aborda un abanico de problemas -el racismo, la guerra, el cambio climático, las injusticias sociales- narrando el menudo universo de una muchacha que apenas deja la adolescencia, que mantiene su primera relación de pareja, que busca sus primeros trabajos, que se enfrenta a una visión de su familia hasta ese momento inédita. Mientras en la Universidad asiste a cursos tan dispares como sufismo, música de films bélicos y cata de vinos, la realidad que la rodea le resulta mucho más inhóspita y engañosa, cargada de interrogantes y acechanzas. Tassie es la metáfora de una nación.

Y en esa ciudad universitaria tan liberal y progresista, el soterrado racismo la golpea con ferocidad: una tarde, mientras pasea a Mary-Emma, quien rápidamente ha establecido un estrecho vínculo con ella, unos muchachos pasan en una camioneta y le gritan a la niña "¡Negra de mierda!". Y la nación se despliega ante Tassie tal y como ha sido siempre, con sus resentimientos y su agresividad, con su estado casi permanente de guerra exterior, con una fachada que deja algo a la vista pero que esconde otra cosa muy diferente. Sarah y Edward no demoran en reaccionar cuando Tassie les cuenta lo ocurrido, pero todo lo que hacen es convocar una reunión semanal con amigos y conocidos, todos los que participan de un modo u otro del espectáculo interracial y democrático que aquella nación supone ser.

Tassie también es mitad judía y su primer novio dice ser brasileño, aunque en verdad se trata de un encubierto musulmán proveniente de Hoboken, la ciudad donde nació Frank Sinatra. Sarah y Edward tampoco son lo que dicen o al menos guardan un secreto que finalmente saldrá a luz y dará vuelta una historia que parecía previsible y más o menos amable. Y como en las piezas anteriores de Moore, un día casi todo amanece patas arriba pero el lector se encuentra con eso sin que en ningún momento ella haya levantado la voz ni usado un solo signo de admiración.

Lírica sin esfuerzo. El crítico Jonathan Lethem escribió en The New York Times que "Moore puede ser la más irresistible entre los escritores estadounidenses contemporáneos: inteligente, humana, cálida y no pretenciosa; lírica sin esfuerzo aparente y graciosa". Todo ello es cierto y no es exagerado ubicarla dentro de la tradición de las grandes escritoras de aquel país: Willa Cather, Flannery O`Connor, Eudora Welty, Katherine Anne Porter o Carson McCullers, incluso junto a la intensidad de su admirada Sylvia Plath. Moore enaltece también un estilo en el que es indispensable citar a Raymond Carver, Tobias Wolff o el ya nombrado Ford, aunque a cada uno de ellos, más allá de los cercanos instrumentos narrativos, los separa una sensibilidad característica y singular.

Al pie de la escalera tiene tramos memorables, como cuando la madre de Tassie le regala en Navidad un preciado y antiguo collar de perlas en el mismo momento en que sobre la casa familiar se desata un temporal de granizo ("Era como si hubiera roto el collar de mi madre y hubiera lanzado las perlas por toda la habitación"), o como cuando habla de la confusión de una bandada de pájaros migratorios ante los cambios del clima ("...orientados hacia la luna, tomaron por su destino una torre repetidora iluminada, y vimos cómo todos ellos se destrozaban contra el enrejado metálico. Otro desastre amoroso, representado mediante símbolos").

Pero también es necesario acudir a la propia opinión de Moore, manifestada en una entrevista de Pablo Ingberg (El País Cultural, Nº 611): "Siempre me he sentido mucho más cómoda con los cuentos, su ámbito y su ritmo, y obviamente he escrito muchos más cuentos que novelas, de modo que en el cuento me muevo con un poco más de confianza". Todo indica que, para la vocación intimista de su escritura, todo anda mejor en espacios más reducidos. O, por lo pronto, si esta novela hubiera sido editada por el bienaventurado Gordon Lish, tendría unas 100 páginas menos. Y, sobre todo, no tendría sus dos últimas frases.

AL PIE DE LA ESCALERA, de Lorrie Moore. Seix Barral, 2009. Bs. As., 426 págs. Distribuye Planeta.

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