Las posibilidades del recuerdo

Roberto Appratto

POETA, ENSAYISTA, traductor y narrador, José Emilio Pacheco (México, 1939) es un protagonista indiscutible de la actividad literaria mexicana desde fines de la década del `50. En 2009 obtuvo el Premio Cervantes, sobre todo por su trayectoria como poeta. Las batallas en el desierto es una de sus dos novelas (la otra es Morirás lejos). Había sido publicada inicialmente en México por la editorial Era en 1981. Aparece ahora en todo el ámbito hispanoamericano, para que se pueda apreciar esta otra vertiente del poeta.

Es una novela que simula ser "de memorias". El protagonista, Carlos, vive en el DF, va al colegio a fines de la década del `40 y comienzos de los `50, durante el gobierno de Miguel Alemán. Es testigo de los cambios que sufre México en esos tiempos de "modernización", por ejemplo la entrada de palabras en inglés al vocabulario. El título alude al juego en que los niños se enfrentaban, judíos contra árabes. El tono está planteado ya al comienzo, en el capítulo "El mundo antiguo": "Me acuerdo, no me acuerdo: ¿qué año era ése? Ya había supermercados pero no televisión, radio tan sólo." Y a continuación sigue una enumeración de programas, de marcas comerciales, de temas musicales de moda, de locutores deportivos: el contexto de esos años a través de sus signos, anotados desde el presente pero sintonizados en la conciencia del niño que los percibía. Es un modo semejante al que usa Georges Perec en Me acuerdo: lo que era, sin decir nada al respecto. Ese clima de contemplación de lo ya extraño está anunciado en el epígrafe de L.P. Hartley:"El pasado en un país extranjero. Allí las cosas se hacen de otra manera".

Ese tono de evocación, de memoria de lo perdido, no es sin embargo nostálgico, sino la plataforma narrativa desde la cual se pasa por la familia, por la escuela, por los amigos, para definir y narrar cómo el protagonista se enamoró de Mariana, la madre de su compañero Jim. Con gracia, con naturalidad, el narrador va presentando el mundo que rodea ese episodio por medio de detalles: los juguetes, las comidas, los hábitos familiares. Cada uno arrastra un mundo, ése en el cual vive Carlos. Uno de esos detalles, la letra de un bolero ("Por alto que esté el cielo en el mundo, por hondo que sea el mar profundo, no habrá una barrera en el mundo que mi amor profundo no rompa por ti") funciona como una especie de himno personal para el enamorado, asociado a las calles por las que camina, al tiempo en el cual atesora las imágenes de Mariana. Hay algo de trágico en la revelación de su amor, pero también de celebratorio.

Es magistral el tono elegido para desarrollar los acontecimientos en un espacio más bien reducido (menos de ochenta páginas), y dejar que segreguen su aura. No deja de evocar el contexto mientras detiene el relato en escenas, mientras mezcla narración con diálogos para apurar la información. Sobre todo el relato fluye apoyado en un registro coloquial mexicano, en el sonido del habla de la época, que contribuye al sonido del texto. Es a la vez un testimonio y un acto de lenguaje.

El tema que está por detrás del episodio de Mariana es el de la pérdida, la desaparición no sólo de cosas sino de la cultura que las sostenía. "Allí las cosas se hacen de otra manera", como dice el epígrafe, y es de esa "manera" (de decir, de sentir, de nombrar lo que se dice y se siente) que trata Las batallas en el desierto. Es una reflexión sobre las posibilidades del recuerdo en literatura, un acto de captación de matices del habla para acercarse a los matices de la sensibilidad. También una novela muy bien escrita, inteligente. De lo contrario quedaría como una banalidad de poeta que se saca las ganas de narrar.

LAS BATALLAS EN EL DESIERTO, de José Emilio Pacheco. Tusquets, 2009. Barcelona, 77 págs. Distribuye Urano.

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