La intimidad y el deseo

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María Sánchez

NANCY GOLDIN (1953) era la menor de una familia de clase media que vivía en un barrio residencial de Washington D.C. Nancy jugaba a ser psicoanalista, mientras su hermana Barbara se dedicaba al piano. Pero el "sueño americano" estalló en mil pedazos el día en que Barbara se suicidó. La familia tenía solo un objetivo: mantener oculta la verdad, a los vecinos y a la propia Nancy. Aunque parezca la reseña de una nueva película de Hollywood, este no es más que el principio de la vida de una de las fotógrafas que retratará la movida contracultural de los ´70 y ´80 en Estados Unidos.

Desde aquel acontecimiento, desde esa injusta despedida que tuvo Barbara, Nan Goldin se ha aferrado a la cámara como instrumento de búsqueda de la verdad. Ha fotografiado tanto el ambiente de fiesta y excesos del underground del que se nutrió, como sus consecuencias, los últimos momentos de sus amigos afectados de SIDA. La fotografía es para Goldin su autoterapia, a la vez que un homenaje a la dignidad humana frente a la muerte. El último esfuerzo del alma cuando el cuerpo ya se encuentra en proceso de desaparición.

Goldin tuvo contacto por primera vez con la fotografía cuando tenía solo 15 años, en un liceo en Boston. Durante esa época vivió en Provincetown, una zona de vacaciones frecuentada por homosexuales. Entre la comunidad de artistas con la que compartió esos años se encontraban algunos de los que serán sus modelos a lo largo del tiempo -Waters, Cookie o Sharon, entre otros- y fue también entonces cuando la pequeña Nancy pasó a ser Nan Goldin.

En 1978, se gradúa en el Museo de Bellas Artes de Boston, junto a su amigo David Armstrong. A partir de entonces, Nan Goldin continúa viviendo en diferentes comunidades y tribus urbanas alrededor del mundo. En Boston fueron las drag queens quienes la acogieron; a Manhattan, llegó con el movimiento punk, mientras que de Londres datan sus fotos de skinheads. Nueva York, París o Berlín también son algunos de los lugares marcados por su hoja de ruta. Como una reportera de guerra, Nan ha viajado fotografiando la muerte de sus amigos o escapando de ella.

SEXO Y SOLEDAD. Además de la muerte, la fotografía de Goldin está repleta de sexo y violencia: sexo que baila entre el deseo y la malsana dependencia; violencia contenida o sus consecuencias. Dualidades que enfrentan continuamente lo masculino y lo femenino, lo privado y lo público, el amor y el odio; y que reflejan la incomunicación que se produce en la dicotomía. La tormentosa relación sentimental de la fotógrafa con Brian es uno de los ejemplos que a lo largo de su producción artística refleja esta lucha. Una de las imágenes más impactantes de Nan Goldin es un autorretrato frontal tras haber sido maltratada brutalmente por Brian.

The Ballad of Sexual Dependency es la primera serie de fotografías tomadas entre 1982 y 1995 y convertida en un diaporama de 45 minutos. Esta proyección de 800 fotos no es solo un álbum de recuerdos de sus conocidos y de los encuentros amorosos de estos, sino un ensayo sobre los intentos frustrados de llenar la soledad de sus protagonistas con sexo, drogas o fiestas. Los fotografiados -como las mujeres de Toulouse-Lautrec- aparecen solos en bares, entre la multitud. Incluso en la cama tras la relación sexual la frustración aumenta, ya que es ahí donde los sujetos se sienten más solos y vacíos. Nan and Brian in Bed es una de las fotografías que mejor cataliza esta incomunicación. La luz simula un cálido atardecer, Brian fuma de espaldas mientras la mirada de Nan está llena de temores y reproches. La lejanía entre ellos corta el aire.

Para Goldin el sexo es sólo una parte de la dependencia sexual: "La cama se convierte, en un foso donde las luchas y tensiones de una relación se intensifican o suavizan. El sexo no trata sobre la actuación (el hecho físico), trata sobre una cierta manera de comunicación basada en la confianza, en la exposición y vulnerabilidad que no pueden ser expresadas de otra manera. El sexo se convierte en un microcosmos de la relación, el campo de batalla, un exorcismo".

INFLUENCIAS. El cine y las revistas de glamour fueron las principales fuentes de inspiración de la artista, entre ellos fotógrafos como Horst, Cecil Beaton o Newton. Nunca fue una fotógrafa de moda -ella se define como "documentalista"- aunque su fotografía trata a las drag queens, sus primeras modelos, como absolutas divas. Sin embargo, la estética, la luz y la magia de las instantáneas son traspasadas por las miradas y la crudeza de la realidad que esconden las imágenes de Goldin.

El descubrimiento de artistas como Larry Clark, August Sander, Weegee o Arbus fue cambiando poco a poco las aspiraciones fotográficas de Goldin para llevarla al terreno de la fotografía personal. Rothko, Nick Cave, la luz de Caravaggio o Pasolini son otros de los artistas que Goldin señala como influencias.

En los últimos años la crítica ha señalado en la obra de Goldin el redescubrimiento de un nuevo clasicismo visual, con la aparición de imágenes de bodegones y paisajes. Sin embargo, este interés por temáticas y la influencia de lo pictórico en su fotografía se observa a lo largo de toda su carrera: el tema de la mujer en el baño, el espejo como autoconocimiento o la importancia del agua, son elementos que lo reflejan.

EMPATíA. La muerte, la enfermedad o la sexualidad siempre han estado en el encuadre de Goldin. Temas que han llevado a la crítica a compararla con la figura de Diane Arbus. Aunque ambas pudieran compartir protagonistas, la intención y la relación de la fotógrafa con el protagonista son aspectos que las distancian radicalmente. Arbus buscaba retratar lo extraño y grotesco convirtiendo el sujeto en objeto fotográfico; acercarse sólo para la foto y marcharse con la mirada que recogió la cámara clavada en la espalda. Sin embargo, en las instantáneas de Goldin el respeto por las personas se fundamenta en una profunda amistad previa.

La confianza establecida con sus protagonistas le permite robar momentos de una intimidad no forzada. Una Goldin-fantasma se aparece cuando Trixie cree fumar sola sentada en un camastro o mientras Aurèle y Joana se bañan con su hijo. Son miembros de la "familia underground" que ha crecido a su alrededor desde que se fue de casa a los 14 años. Sus personajes parecen derrotados, excitados, enfermos o solos. Pero ante todo aparecen tal y como son, sinceros y cómodos ante la cámara de la artista. Porque son ellos, sus deseos y desgracias lo que llena de fuerza la fotografía de Nan Goldin.

NAN GOLDIN. Prólogo de Guido Costa. Phaidon, 2010. Barcelona, 125 págs. Distribuye Océano.

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