La fotógrafa y su modelo

INAUGURADA el 8 de junio pasado, y abierta hasta el 26 de setiembre, se está llevando a cabo en París en la Maison de l`Amerique Latine, la exposición "Susana Soca y su constelación, vistas por Gisèle Freund". Organizada en ocasión del centenario del nacimiento de la uruguaya Susana Soca, se realiza con el concurso de la Embajada de Uruguay en Francia y la Maison de l`Amerique Latine. La muestra reúne a dos mujeres singulares: la poeta uruguaya, que fuera una formidable promotora cultural de las relaciones entre el Río de la Plata y Europa, y la brillante fotógrafa alemana Gisèle Freund (1908-2000), autora de célebres retratos de escritores y personalidades de la cultura.

DOS MUNDOS. La foto de Susana Soca tomada por Gisèle Freund en París en 1938, a sugerencia de Henri Michaux, no vincula solamente a estas dos mujeres, sino que en cierta forma se vuelve simbólica de los intercambios cruzados entre Europa y América Latina, reforzados luego a raíz de la Segunda Guerra Mundial. Nacida en Montevideo en 1906, en una familia de clase alta, Susana Soca tuvo una educación refinada (hablaba inglés, francés, italiano y aprendió el ruso para leer a Boris Pasternak) y mostró desde su juventud una gran inquietud por la literatura y el arte. La carrera médica de su padre, el Dr. Francisco Soca, llevó a la familia a instalarse por largas temporadas en París. Nombres como el de Charcot, Adrien y Robert Proust, así como los de Pierre Loti y Anatole France, integraron el universo de su padre y de su tío, también médico residente en Francia. En Montevideo, su adolescencia estuvo marcada por el encuentro con escritores ya consagrados en ese mundo literario: Carlos Sabat Ercasty, Carlos Reyles, María Eugenia Vaz Ferreira y Jules Supervielle.

Mientras Susana vive su primera juventud entre Montevideo y París, Gisèle Freund está en Berlín, donde nació en 1908, en una familia de la alta burguesía alemana. De la mano de su padre conoció los grandes museos, que despertaron su interés adolescente. También de su padre recibió la primera cámara fotográfica, una Voigtlander que le permitiría sobrevivir años más tarde cuando debió enfrentar situaciones difíciles. Interesada en las ciencias sociales y el mundo de las ideas, Gisèle estudió en Francfort en el marco de los seminarios de Theodor Adorno, Walter Benjamin, Norbert Elias y Karl Mannheim. Pero su integración a un grupo de estudiantes anti-nazis, la obligó en 1933 a huir de Alemania ante la amenaza de ser apresada por la policía.

Ya en París, a donde llegó con su cámara y sin dinero, empezó a ganarse la vida como fotógrafa, hasta que en 1935 conoció a Adrienne Monnier, la dueña de la Maison des Livres, una librería a la que acudían los mejores escritores del momento. Adrienne la contactó con artistas e intelectuales, y en junio de 1935 Gisèle fue la fotógrafa del Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, donde participaron figuras como Heinrich Mann, Boris Pasternak, André Gide, Bertolt Brecht, Pablo Picasso o Aldous Huxley. A partir de allí se hizo un nombre como retratista. En 1936 adoptó la nacionalidad francesa y terminó su tesis de Sociología, "Photographie et societé", trabajo pionero en la materia, que recibiera elogios de Walter Benjamin.

UN ENCUENTRO. En 1938 Susana Soca y Gisèle Freund están ambas en la capital francesa y frecuentan los mismos sitios, como la librería de Adrienne Monnier en la rue de l`Odéon, o la de Sylvia Beach, en la acera de enfrente. El universo común de ambas mujeres es el de los escritores y artistas: Roger Caillois, Blanchot, Jean Cocteau, Jules Romains, las hermanas Victoria y Silvina Ocampo, Henri Matisse, Torres García, Pasternak, René Char, Nicolas de Staël, Bergamín.

Pero en 1939 la vida de cada una de ellas tomará un rumbo diferente: mientras la uruguaya Susana Soca permanece en París durante la guerra y la ocupación, Gisèle Freund se ve obligada a abandonar Europa. Saint-John Perse, que trabajaba en el ministerio de Relaciones Exteriores, le aconsejó que se fuera de París porque la sabía vigilada. Luego de permanecer dos años oculta en un pueblito francés, logró refugiarse en Argentina gracias a la ayuda de Victoria Ocampo, quien le tramitó una visa y costeó su viaje y residencia bonaerense.

Reinstaurada por fin la paz en 1945, el año 1947 marca el nacimiento del mayor proyecto cultural de Susana Soca: los Cahiers de La Licorne. En esta lujosa revista literaria la propia escritora reúne la riqueza de un grupo de talentos que la guerra y ciertos diferendos políticos habían separado. Intenta así registrar, de un lado y otro del mundo, las huellas del pensamiento de su tiempo. Si la cultura francesa era su ambiente natural, nunca dejó de tener una preocupación real por el mundo latinoamericano, como recuerda Carlos Real de Azúa. Los Cahiers... parisinos tuvieron tres números y los artesanos constructores de la idea fueron Pierre David y Roger Caillois, dúo al que se incorpora, mediante una presencia auténtica pero velada, el poeta Paul Eluard.

La revista se inicia con un texto de Jules Supervielle, figura ya emblemática de ese doble universo cultural que la propia revista representa. Valentine Hugo concibe el logotipo que ilustra la portada. Alberto Moravia, Jean Paulhan, Silvina Ocampo, Felisberto Hernández, Francis Ponge, Fernand Léger, Michel Leiris, integran la lista de colaboradores.

Susana Soca recién dará a conocer poemas de su autoría en 1948, al momento de editarse el segundo número, hallándose ya muy lejos de París, en Montevideo. Los Cahiers... difunden luego textos de Jorge Guillén, Sor Juana Inés de la Cruz, Rafael Alberti, E.M. Forster, María Zambrano, entre muchos otros. Además de ciertos clásicos, cubre un amplio espectro que va del universo parisino de los surrealistas a los filósofos alemanes y a los poetas ingleses.

En 1950, Gisèle Freund se encuentra en Uruguay por circunstancias forzadas. Había dejado la Argentina a consecuencia del reportaje, luego célebre, que publicara en páginas de la revista Life acerca de Eva Perón. Oculta los primeros tiempos en "El Águeda", de Supervielle, se refugia después en casa de Peter e Ingeborg Bayerthal en Montevideo. Ese mismo año, atraída por los sucesos y la vida artística de México, deja finalmente el Río de la Plata y alterna su vida con estadías en casa de amigos como Frida Kahlo, Diego Rivera o David Alfaro Siqueiros. Allí pudo hacer importantes reportajes fotográficos sobre arte precolombino, artistas populares, fiestas y rituales mexicanos.

Recién en 1953 volvería a Francia, donde vivió hasta su fallecimiento en el año 2000.

SEGUNDA VUELTA. Susana Soca está desde 1948 en Uruguay, cerca de Guido Castillo y de Ricardo Paseyro con quienes crea Entregas de La Licorne, en la que colaboraría también Ángel Rama. En París, Supervielle, Sherban Sidéry y algunos amigos, sostienen el proyecto. Desde noviembre de 1953, la revista tendrá en Montevideo trece números en total. De vocación universalista, los textos seleccionados se publican en su lengua original y en traducción al castellano. Dibujos y fotografías enriquecen las ediciones. Además de la actividad en torno a La Licorne, Susana convierte su casa de la calle San José en un centro cultural, donde los montevideanos pudieron escuchar a figuras como Albert Camus, Jules Supervielle o Lanza del Vasto.

En 1959, estando en París, Susana recibe una llamada de su madre pidiéndole que regrese. Su viaje de varios meses la había llevado a Venecia, Roma, Madrid, Moscú, Londres y Zurich. La noche antes de su partida organizó una fiesta para sus colaboradores de los Cahiers de La Licorne, en la que participaron escritores como Emil Cioran, Jean Cocteau, y Marcel Jouhandeau. Al día siguiente, el avión Constellation que hacía la ruta París-Montevideo vía Rio de Janeiro, se prendió fuego sobre la selva amazónica en el amanecer del 11 de enero.

La exposición que se lleva a cabo en París recuerda el trabajo de estas dos mujeres que confluye mediante la palabra y la imagen. Gisèle Freund fotografía por su parte los mismos personajes que Susana Soca había convocado en torno a los Cahiers de La Licorne. Hoy integran los fondos fotográficos de la artista, en una suerte de antología de esa constelación de intelectuales que ellas habían conocido y apreciado, tanto en Montevideo como en París.

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