Entrevista sobre historieta y humor

Jul, Lucky Luke, y un antídoto contra el terror

Jul ahora dibuja la historieta Lucky Luke, siguiendo los pasos de Goscinny. Su último título vendió medio millón de ejemplares. Cree que el humor ayuda a resistir la tragedia.

Jul, dibujante de Lucky Luke
Jul, dibujante de Lucky Luke

De paso por Montevideo en 2019 para participar en Montevideo Comics, Jul, el actual guionista de Lucky Luke, también presentó Un cowboy en París —traducido y publicado por Libros del Zorzal—, título que lleva vendidos en Francia medio millón de ejemplares. Creado por Morris y publicado por primera vez en 1946 en la revista belga Spirou, hoy es uno de los personajes patrimoniales de la historieta europea junto con Tintín y Astérix, cuyas historias incluyen referencias culturales muy elaboradas junto con altas dosis de entretenimiento, motivo por el que alcanzaron la categoría de clásicos. 

—¿Cómo llegaste a ser guionista de Lucky Luke, después de una lista de catorce autores, entre los cuales estuvo nada menos que Goscinny?
—Yo soy historiador y docente universitario, pero durante quince años me dediqué a la gráfica en varios medios y más tarde comencé a publicar historietas como Silex and the city o El planeta de los sabios, que eran una mezcla de cultura clásica, filosofía, historia y actualidad. Cuando los editores de Lucky Luke se plantearon el renacimiento del personaje, para el 70 aniversario de su creación, pensaron que yo sería un buen continuador. En el 2007, de hecho, recibí el premio Goscinny, así que siento que tengo la responsabilidad no sólo de divertir sino de instruir. El desafío fue y es ser fiel al original pero con una mirada actual.

—Morris, que era fanático del western, se trasladó a EE.UU. para conocer de cerca un género que cuando él comenzaba a crear su famoso personaje, en los años 40, estaba en su apogeo. ¿De dónde surgió la idea de llevar a Lucky Luke a París y hacer el camino inverso que hizo su autor?
—Yo me planteé imaginar algo nuevo y a la vez es un símbolo inverso del camino que hicieron Morris y Goscinny, también, que se fue a vivir a la Argentina y después a Nueva York. Es un homenaje a esa circulación de ideas y de gente. Por cierto, los Lucky Luke que a mí me gustan más son los que tienen un origen histórico, como la invención del telégrafo, la creación del sistema ferroviario, con personajes reales como Billy the Kid, Calamity James, Jesse James, esos son los mejores álbumes. Y esta historia de la Estatua de la Libertad ocurrió exactamente en los tiempos de Lucky Luke. La realidad es casi como una ficción, porque Frédéric Auguste Bartholdy, el creador de la estatua fue a América para vender su idea y buscar dinero para financiarla y todos los personajes reales que aparecen en el libro existieron en esa época. A mí me gusta mucho este shock de culturas.

El dibujo importa

—¿Por qué creés que ese encuentro entre la historieta belga y la francesa transformó el género en algo tan difícil de lograr: ser un buen producto tanto para grandes como para chicos?
—Es como un milagro. Bélgica y Francia fueron los lugares de nacimiento de esta cultura popular que ahora es clásica. Hace 20 años los dibujantes no tenían prestigio; hoy en día nosotros somos muy valorados, tenemos premios del Estado. Yo fui invitado por el presidente Macron para visitar China, como antes le podía ocurrir a Voltaire, a Camus o Malraux. Dibujantes de historieta hoy van en viajes oficiales para mostrar la cultura francesa representada por la cultura popular y a la vez de elite, cosa que hizo Goscinny al escribir sus textos con varios niveles de lectura. En Francia hay problemas políticos, muchas divisiones en la sociedad, pero personajes como Lucky Luke unifican a la nación y a las generaciones. Estamos en un momento donde cada individuo tiene su propia pantalla, cada generación tiene sus propios consumos pero con libros como estos los niños, sus padres y sus abuelos pueden unirse, gracias a un tipo de personaje que pertenece a todas las generaciones. Eso es muy importante en Francia hoy día. A todas las personas, sean de derecha o de izquierda, vengan de la cultura popular o burguesa o de cualquier religión, les gustan mucho estas historietas.

—En Un cowboy en París la identidad del personaje está garantizada, básicamente, a través del dibujo y a la vez se percibe una evolución. ¿Cómo es hacer hoy una historieta que homenajea al western a través del humor?
—Los cambios vienen de la historia y no del dibujo. En su origen, Lucky Luke era una parodia del western de Hollywood. Hoy día el western es muy diverso y es mucho más violento. Y nosotros consideramos esta evolución abordando temas más políticos que en aquella época. El personaje Mr. Locker es una parodia de Donald Trump y además de haber muchas referencias literarias, hay toda una reflexión acerca de la prisión, está la idea del panóptico. La cultura de masas es un muy buen vehículo para intervenir de forma crítica.

La pérdida del contexto

—¿Qué pasó con el humor gráfico en Francia después del atentado a Charlie Hebdo?
—Para mí, lo que muestra el atentado es algo que tiene que ver con las nuevas tecnologías: la desaparición del contexto. Antes podíamos publicar dibujos en diferentes medios que funcionaban como contexto. Los periódicos, ya sean conservadores, anarquistas o mainstream, tienen un público específico que sabe de dónde viene el dibujo. Pero ahora, con las redes sociales, se perdió el contexto. Un dibujo publicado en un diario conservador se puede publicar al mismo tiempo en una zona tribal de Paquistán. Un mismo dibujo publicado en un periódico de izquierda y en un periódico religioso de otro continente, no significa la misma cosa. Pero con las redes sociales la gente recibe el dibujo sin contexto, sin saber de dónde viene. Y la significación profunda de eso se puede interpretar como una amenaza, una blasfemia, un insulto. Por eso a mí no me interesa hacer dibujos de actualidad, es demasiado delicado.

—Viniste a la ciudad donde pasó su infancia y su adolescencia Goscinny. ¿Qué significa para la tradición cultural francesa?
—Él es un genio. Es un milagro que un solo hombre haya podido desarrollar tantos personajes: Astérix, el pequeño Nicolás, Lucky Luke, Iznogoud. Él trabajó con los creadores de la revista Mad cuando estuvo en EE.UU. y la influencia norteamericana (tanto del norte como del sur) fue central. Para mí las mejores cosas que se produjeron en Francia tuvieron una mezcla de culturas y Goscinny es un ejemplo perfecto. Con la cultura que vino del norte de África después de la descolonización, en los años 60, el humor en la cultura francesa cambió mucho. Hay una vivacidad, una energía que vino de allí, hay un millón de personas que emigraron a Francia, trayendo sangre nueva. Es un proceso muy generoso al mismo tiempo porque hay que compartir valores y hacen que el resultado sea muy rico y elaborado. Además, el humor es una manera de resistir a la tragedia. Nuestra época, como la que vivieron Morris y Goscinny, también lo es. Hoy hay una gran necesidad de humor para resistir al terror.

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