Yuval Noah Harari piensa en la especie

El israelí que le encontró sentido al mundo

Ante la ausencia total de relatos, el joven historiador ilumina una realidad que parecía oscura e imprevisible. 

Yuval Noah Harari

La cooperación entre individuos de nuestra especie consiguió que hace 40 mil años el Homo Sapiens colaborara en la extinción del Neandertal, más grandes en tamaño pero más aislados entre ellos mismos. Esa cooperación se fomentó desde los relatos, construidos a partir del dominio de un lenguaje flexible, que inventaron a los dioses y con ellos a las religiones. La cooperación entre los hombres también ha hecho posible pirámides enormes y catedrales maravillosas que les rendían culto. Como no solo de maravillas vive el hombre también corrió mucha sangre en el nombre de Dios. Hace quinientos años era el centro del universo y a nadie se le ocurría no tomarlo en cuenta. A partir de que Nietzsche le dio muerte los relatos dominantes (no todos, claro) que tenían a Dios como eje, fueron desapareciendo como relatos totales, y en términos generales el humanismo comenzó a imponerse como una alternativa donde el hombre lograría encontrar respuesta a las preguntas más difíciles.

Los tres relatos más significativos del siglo XX fueron el Fascismo, el Comunismo y el relato Liberal. Para Yuval Noah Harari, historiador y docente israelí, el Liberal fue el relato de cabecera hasta hace unos pocos años: “En 1938 a los humanos se les ofrecían tres relatos globales entre los que elegir, en 1968 solo dos y en 1998 parecía que se imponía un único relato; en 2018 hemos bajado a cero”. La ausencia de un relato global —que de alguna manera nos sostenga— puede ser la clave que explica este momento de cambio, uno como nunca antes tuvo la Humanidad. La inteligencia artificial y los desarrollos en la genética quizá nos conviertan en las últimas generaciones de Homo Sapiens de la Tierra. Así como se vio en varias películas de ciencia ficción, quienes dominen la Tierra en treinta o cuarenta años guardarán menos parentesco con nosotros que el que nosotros mantenemos con simios y Neandertales.

El fenómeno Harari tiene su punto de partida en el libro Sapiens, de animales a dioses (2014), el primero de una serie que analiza el origen de nuestra especie tomando como punto de partida a aquella mona ancestral. Además de ser una lectura amena, de frases claras y precisas, la información que maneja Harari vuelve a cada uno de sus libros muy atractivos, lo que explica el éxito de ventas que ha tenido esta serie de libros de divulgación científica. Saber por ejemplo que los Homo Sapiens, que poblaban la tierra hace 30 mil años, tenían las mismas capacidades mentales que los humanos actuales, o bien que aunque algunos insectos cooperen en gran número lo hacen en realidad de forma rígida, cuando otras especies como los lobos cooperan entre sí pero solo en grupos pequeños de individuos donde todos se conocen muy bien. Nosotros somos capaces de cooperar con otros individuos aunque sean extraños; para eso es necesario creer en mitos o relatos comunes. Para Harari la religión, las leyes y el dinero, por ejemplo, son abstracciones que en verdad no existen más que en la imaginación de las personas. Un convencionalismo que hace que cuando voy al supermercado con un papel de colores el cajero lo acepte a cambio de alimentos.

BREVE HISTORIA DEL MAÑANA

Algunos de los conceptos que aparecen en Sapiens, son retomados en el siguiente libro, Homo Deus (2016) donde Harari, además, proyecta una serie de posibilidades en relación al futuro de la especie humana. El libro mantiene la claridad en la prosa y el manejo de la información, volviéndolo tan interesante como una novela, pero donde nosotros, nuestros antepasados y los que vendrán somos protagonistas. Tiene además fotografías e imágenes que complementan la lectura. Homo Deus está estructurado en tres partes. En la primera: Homo sapiens conquista el mundo, el autor cuenta que desde la creación de la vida, hace cuatro mil millones de años, hemos sido la única especie que ha modificado la ecología global. La superpoblación actual ha agravado el problema, al punto que Harari recomienda temernos más a nosotros mismos que a los asteroides que podrían dar con la Tierra acabando con la especie. “Dentro de un siglo nuestro impacto podría superar al del asteroide que extinguió a los dinosaurios hace sesenta y cinco millones de años”. Otro de los puntos que luego será retomado a lo largo del libro es el de los algoritmos. Tanto los humanos como el resto de los animales tienen emociones, y esas emociones son algoritmos bioquímicos, imprescindibles para la supervivencia. Harari define el algoritmo como el concepto más importante de nuestro mundo y lo explica como “un conjunto metódico de pasos que pueden emplearse para hacer cálculos, resolver problemas y alcanzar decisiones”. El algoritmo no es el cálculo en sí, sino el método. Y está vinculado a la supervivencia, ya que los que calculan correctamente sobreviven y se reproducen. Las computadoras, los electrodomésticos, y sobre todo la inteligencia artificial también interpretan a través de algoritmos. Para entender el funcionamiento de las máquinas hechas a imagen y semejanza de nuestro cerebro, el análisis busca interpretar la mente y sus misterios e incluso el alma humana, que según él, perdimos con Darwin. “Los científicos no saben cómo un conjunto de señales eléctricas crea experiencias subjetivas. Y lo que es más importante, tampoco saben cuál podría ser el beneficio evolutivo de semejante fenómeno. Es la mayor laguna de nuestra comprensión de la vida”.

En la segunda parte, Homo sapiens da sentido al mundo, se retoma la diferencia entre los humanos y el resto de las especies a partir de la capacidad que tiene el ser humano de crear abstracciones, hecho que ocurre desde la revolución cognitiva, hace setenta mil años: “Para comprender nuestro futuro necesitamos comprender cómo los relatos sobre Jesucristo, la República francesa y Apple Inc. han adquirido tanto poder…”. Y de qué manera esa capacidad nos ha diferenciado del resto de los animales a través de la historia, y ha conseguido que a partir de un relato común, cientos, miles de individuos cooperen por un mismo fin. Para Harari la manera de establecer si una entidad es real es preguntarse si puede sufrir. Cuando una moneda pierde valor la moneda no sufre, cuando un país pierde la guerra el país no sufre, pero el soldado herido en la batalla sí sufre, al igual que un desempleado que no tiene nada que comer.

En la tercera parte, Homo sapiens pierde el control, aunque Harari no da ninguna verdad como revelada, las hipótesis que maneja para el mundo que viene aturden, movilizan, hacen pensar. Ese recorrido en un poco menos de quinientas páginas por la historia de la Humanidad acerca unas veces al animal y otras veces al individuo capaz de convertirse en un súper hombre, burlando a las enfermedades, e incluso a la muerte. “En consecuencia, hoy en día existe una minoría creciente de científicos y pensadores que hablan más abiertamente y afirman que la principal empresa de la ciencia moderna es derrotar a la muerte y garantizar a los humanos la eterna juventud” sostiene el historiador. El problema es acercarse demasiado al sol, y acabar como Ícaro.

Los adelantos científicos que vinculan la inteligencia artificial con la biotecnología y la genética son para el asombro: roborratas de laboratorio que se mueven a control remoto y que sienten que sus movimientos son hechos por propia voluntad, a partir de un sistema de electrodos instalados en sus áreas sensoriales y de recompensa del cerebro. Bien utilizadas —si el bien corre en estos casos— podrían emplearse para buscar personas atrapadas bajo los escombros luego de los terremotos. Los automóviles autónomos son una realidad, y podrían, en caso de estar conectados todos los del mundo a una misma red, prever el movimiento de los otros automóviles, además del de los peatones, claro, y ahorrar más de un millón de muertes por accidentes de tránsito por año en el mundo (el doble de las muertes a causa de crímenes, guerra y terrorismo, sumados). Se podría ir a trabajar durmiendo en el asiento trasero. O si es usted soldado y tiene un trauma vinculado a la guerra, podrá probar un casco que estimula determinadas zonas del cerebro para combatir la depresión post traumática.

21 PARA EL 21

En su libro más reciente, 21 lecciones para el siglo XXI (2018), Harari retoma el pasado, hace foco en el presente y vuelve a proyectar de alguna manera el futuro, pero en una serie de “clases” —un término más claro que el de lecciones. Se plantea el problema ético-filosófico de las empresas que, diseñando este tipo de autos, deben decidir qué pasa si un niño se cruza frente al auto de golpe y la maniobra da por resultado un 70 por ciento de probabilidades de que el conductor (que viene durmiendo atrás) muera. Cabe preguntarse si se vendería un auto así. O si uno podría modificarle la ética a su antojo con un botoncito y entonces salvar la propia vida a costo de las vidas de una fila de patos, dos niños o doce ancianos. Sin embargo, nadie debería tener reparos ante una mano biónica que se abre y se cierra con el pensamiento.

El libro 21 lecciones para el siglo XXI consta de cinco partes: El desafío tecnológico, El desafío político, Desesperación y esperanza, Verdad, y Resiliencia. Los temas de cada parte se analizan en relación al pasado y en proyección al futuro. De qué manera es posible, por ejemplo, que en veinte o treinta años las máquinas hayan desplazado a una gran cantidad de hombres y mujeres de sus lugares de trabajo. En relación a la medicina todos los hospitales del mundo podrían estar unidos por una red de información que actualizaría datos diarios. Ello permitiría que una máquina, poseedora de semejante cantidad de información, pueda diagnosticarnos. O que esas máquinas estén conectadas para que un brote específico de alguna enfermedad en algún lugar del mundo se advierta de inmediato al resto del planeta y se prevenga en tiempo y forma.

Tanto una red de automóviles como una de hospitales trabajan conectadas y con un flujo monstruoso de información, lo que los expondrá a ataques cibernéticos que podrían dejarlos sin luz en el caso de los hospitales o provocar choques en todas partes del mundo. Sin embargo, aún con sus riesgos, el datismo surge de la importancia fundamental que implica la información, no solo a nivel general, sino también individual. “Dentro de unas pocas décadas, algoritmos de macrodatos alimentados por un flujo constante de datos biométricos podrán controlar nuestra salud a todas horas, todos los días de la semana”.

Uno de los mayores riesgos que enfrentamos hoy es la fusión de dos revoluciones muy actuales: la infotecnológica y la biotecnológica, pues dispondrán de tanta información de nosotros mismos —se sabrá todo lo que hacemos, pero también todo lo que sentimos a través del sensor biométrico— que será posible hackear a la Humanidad. Por más disparatado que suene, ésta es la proyección que hace Harari. El sensor biométrico, que ya existe, traduce procesos bioquímicos en el cuerpo y en particular en el cerebro en señales electrónicas. Esos datos pueden ser analizados y archivados por computadoras creando algoritmos que conocerán a cada individuo mejor de lo que él mismo se conoce. Uno puede sentir que jamás permitiría eso, pero hace diez años nadie creía que en poco tiempo todos estaríamos atados a teléfonos inteligentes que saben dónde compramos, qué marca, y a qué personas tenemos más cerca. En malas manos todos estos adelantos podrían significar un mundo completamente diferente al que vivimos, donde no habría nada que no estuviera controlado, y donde la brecha entre los seres humanos iría en aumento. “Como especie los humanos prefieren el poder a la verdad. Invertimos mucho más esfuerzo en intentar controlar el mundo que en intentar entenderlo, e incluso cuando tratamos de entenderlo, por lo general lo hacemos con la esperanza de que comprenderlo hará más fácil controlarlo… La tecnología no es mala. Si sabes lo que quieres hacer en la vida quizás te ayuda a obtenerlo. Pero si no lo sabes a la tecnología le será facilísimo moldear tus objetivos por ti y tomar el control de tu vida”.

SAPIENS, DE ANIMALES A DIOSES, HOMO DEUS, y 21 LECCIONES PARA EL SIGLO XXI de Yuval Noah Harari. Debate, 2014, 2016 y 2018. Montevideo, 492 págs., 489 págs. y 399 págs. Distribuye Penguin Random House.

Yuval Noah Harari

Yuval Noah Harari nació en Haifa, Israel, en 1976. Se doctoró en Oxford y es catedrático en el Departamento de Historia de la Universidad Hebrea de Jerusalén. El primer libro de la serie, “Sapiens, de animales a dioses”, vendió 10 millones de ejemplares.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)