Enrique Estrázulas
Oigo caer palabras
por la suave cascada
(tu íntimo tintero)
escucho descender levitaciones
un tiritar de lámparas, el cielo.
La noche y tu tristeza
vivieron como el sur
la vida entera
infrecuente la dicha
cantó una letra incierta
Tus líneas presentían lágrimas, confiden- /cias
serenos plenilunios, regresos de luciérna- /gas
cinceles que labraban caligrafías de seda.
Tu reloj ha cesado y la música vuelve
a tus cuadernos, al oído blanco
donde vivió el silencio y el poema
el calmón de la tarde
sobre belleza muerta.
Ácrata del dolor y sus caminos
con un vaivén de polvo
con su frasco de lluvia
su llanto y su pañuelo.
Eros te amó con cuerdas que cantaban
y tú lo amaste a Eros.
Te perdiste sutil como la sombra
y otoñales estatuas -mudas- te sorpren- /dieron
tallar sobre la frente de los ángeles
el agua y el sosiego.
Sola partiste, Idea
buscabas el destello
de una estrella fugaz
línea insepulta, signo
apagado y fatal
línea tumbada
fatigada de amar.
no habrá más versos
ya no serás la tinta de una ilusión
tu mano
tu misteriosa mano no hablará
será viaje
de finísimas huellas
y un rumor infinito
de textos releídos como el mar.