Ficciones contra el reloj

Patricio Pron (desde Alemania)

EL REALIZADOR BRITÁNICO Christopher Nolan gozaba ya de una bien ganada fama de innovador por su primer filme, Following (1999). Pero el estreno de Memento (2001), y la discusión consiguiente entre admiradores y detractores del film, extendió su fama hasta límites insospechados dos años antes. Es un film que transcurre cronológicamente "hacia atrás", en secuencias breves de entre cinco y ocho minutos de duración en las que el tiempo transcurre de manera "normal" pero que se suceden en orden retrospectivo, terminando cada una de ellas donde ha empezado la anterior, en una estructura del tipo "3, 2, 1".

Esta forma de narrar rupturista tiene su explicación en las características mismas del personaje central del filme, Leonard Shelby, un ex detective de seguros que cuando intenta evitar la violación y asesinato de su mujer, recibe un golpe en la cabeza y pierde la capacidad de almacenar nuevos recuerdos. Shelby puede recordar su nombre y todos los detalles anteriores al acontecimiento pero desconoce qué hace en la habitación en la que ha entrado unos minutos antes. En la búsqueda del asesino de su mujer, sólo puede ayudarse con polaroids, esquemas y, en el caso de la información más importante, con tatuajes, pero su incapacidad luego de algunos minutos de recordar el origen de la información recibida convierte su pesquisa en una cuestión de convicciones más que de hechos. Que el filme esté narrado "contra el reloj" no es obstáculo para que se trate de uno de los policiales más intensos de los últimos años, puesto que la intriga radica en conocer la razón y el contexto de los hechos que tienen lugar al comienzo de la narración: su final, precisamente.

Memento es el producto de una visita que Jonathan, hermano del director, realizó a un curso sobre pérdida de la memoria. De esta visita surgió el cuento "Memento mori" y luego el guión de la película, en el que Nolan trabajó durante un año. Si se lee el guión, disponible en Internet con propósitos educativos y en las ediciones para coleccionistas del DVD (donde también existe la posibilidad de revertir la narración), se entiende por qué su escritura tomó un año: cada detalle del filme es la pieza de un engranaje de rara perfección formal. Eso no evitó que tras su estreno se encendiera una agria polémica, con Internet como escenario principal, entre quienes ven en el filme uno de los más inteligentes "film-noirs" desde L. A. Confidential (1997) y quienes opinan que el recurso de la narración "contra el reloj" es gratuita y perjudicial para el espectador.

En cine, un ejemplo casi contemporáneo a Memento es Irreversible (2002), el polémico filme de Gaspar Noé con Monica Bellucci, Vincent Cassel y Albert Dupontel. Noé narra en doce secuencias invertidas cronológicamente la historia de una mujer que, al regresar de una fiesta, es violada y torturada por un desconocido que la asalta en un pasaje subterráneo, y la búsqueda de éste por parte de su novio y de su ex marido para tomar venganza. Algunos críticos la recibieron como una obra maestra "poderosa y profunda" y otros como un "experimento autoindulgente con apenas una línea de diálogo decente", "tan agresivo formal y estilísticamente que este aspecto supera lo que tiene que decir, que es muy poco". Irreversible es un filme irritante por su violencia pero también porque la gratuidad desde el punto de vista formal de la narración "contra el reloj" soslaya su importancia "ideológica". Al comenzar con un baño de sangre y acabar con una escena de tierna intimidad con una mujer que luego —pero "antes" en la narración— ha sido brutalmente violada, Noé muestra no sólo el absurdo y la gratuidad de la violencia sino también lo endeble de nuestra existencia cotidiana.

En palabras del crítico de The Washington Post, Irreversible "fracasa debido a su pretenciosa y unidimensional justificación, que hace finalmente aún peor a la violencia exhibida". Tanto sus detractores como los de Memento olvidan, al coincidir en destacar la "originalidad" de ambos filmes, que no son sino la radicalización de un procedimiento narrativo utilizado muchas veces en literatura. Sobre todo en la así llamada "literatura posmoderna", con cultivadores tan ilustres como Philip K. Dick y Martin Amis, entre otros. De una forma u otra, son escritores "contra reloj".

LA FASE HOBART. Es necesario distinguir entre aquellas ficciones en las que la situación "contra el reloj" es exclusivamente parte de la historia y aquellas en las que encuentra correlato en la forma en que la historia es narrada. El último caso es el de filmes como Memento e Irreversible, así como de "The Betrayal", capítulo de la serie Seinfeld emitido el 20 de noviembre de 1997 y basado en la obra teatral Traición de Harold Pinter (1978; llevada al cine por David Jones en 1982, con Jeremy Irons y Ben Kingsley). Aquí lo curioso es que los remates de los chistes se encuentran al comienzo de cada situación, experimentada por el espectador de forma retrospectiva, con lo que el efecto es desconcertante y terriblemente cómico al mismo tiempo.

En un sentido "metafórico", Orlando de Virginia Woolf (1928) y El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde (1891) son ejemplos del primer tipo, al igual que la novela de Andrew Sean Greer The Confessions of Max Tivoli (2004). Su narrador ha nacido con el cuerpo de un anciano pero, a medida que se desarrolla, su apariencia es cada día más "joven", lo que le permite conquistar a la misma mujer en tres ocasiones diferentes. Primero lo hace a los diecisiete años a la manera de una figura paternal para ella; luego a los treinta, con la apariencia de un hombre de cuarenta aproximadamente, como su marido; y finalmente, con cincuenta y nueve años y pareciendo de once, como un hijo. Si bien el argumento es un tanto pueril en el mejor de los casos y un caso freudiano en el peor, es interesante la forma paradójica en que la narración transcurre: el mejor amigo del narrador desempeña sucesivamente el rol de su hijo, su hermano y su padre, y el del narrador que lucha por ocultar su secreto.

Otro ejemplo de este tipo es el cuento "The Curious Case of Benjamin Button, Apt. 3W" de Gabriel Brownstein (2002). Se trata de un caso de reescritura de un cuento de Francis Scott Fitzgerald casi del mismo nombre, que no aparece aislado sino en el marco de una colección de reescrituras con títulos como "Wakefield, 7E", "A Penal Colony All His Own, 11E" y "The Dead Fiddler, 5E", en los que Brownstein reescribe a Nathaniel Hawthorne, Franz Kafka e Isaac Bashevis Singer respectivamente, situando los relatos en un edificio de departamentos de Manhattan. Al igual que en The Confessions of Max Tivoli y que el cuento de Scott Fitzgerald que le sirve de inspiración, el protagonista de "The Curious Case of Benjamin Button, Apt. 3W2" ha nacido viejo y rejuvenece a cada día.

Más interesante desde el punto de vista del argumento es El mundo contra reloj (1967), de Philip K. Dick, donde Dick narra un futuro sacudido por un proceso denominado "Fase Hobart", donde el tiempo transcurre "contra el reloj", con el resultado de que la actividad principal en las bibliotecas es la erradicación cronológica de los libros, el embarazo concluye con la cópula, la gente se saluda con un "adiós" y se despide con un "hola" y, lo que es peor, los muertos salen de las tumbas. Uno de estos muertos es el anarquista Thomas Peak, líder religioso negro a quien el protagonista de la historia rescata, con la finalidad de obtener dinero por él sin conocer que existen intereses para los cuales la resurrección de Peak resulta una amenaza.

El mundo contra reloj es una de las novelas más incoherentes de un escritor genial poco amigo de la coherencia como Dick. Fracasa en ofrecer una imagen plausible de un mundo "marcha atrás" y hasta resulta risible: en el mundo bajo la influencia de la "Fase Hobart" la gente fuma inhalando el humo y soplándolo a través del filtro al cigarillo comenzando por la colilla y acabando con el cigarrillo completo entre los dedos. Pero resulta muy convincente cuando habla sobre las implicaciones teológicas de la resurrección y la fragilidad de la vida, así como estremecedoramente profético al narrar la existencia de unos Estados Unidos que hacia 1998 se encuentran divididos por el odio racial y donde la institución más poderosa tiene como finalidad borrar el conocimiento antes que difundirlo. Ubik (1969), la siguiente novela de Dick, es, sin embargo, un ejemplo más convincente de un mundo donde las cosas regresan.

LA INVITACIÓN. Más impresionantes que las anteriores, son las narraciones en las que la acción "contra el reloj" tiene importancia fundamental en la forma en que están narradas. Un ejemplo destacado es Submundo (1997) de Don DeLillo. El problema de Submundo, al igual que el de la similar La flecha del tiempo de Martin Amis (1991), es que la manera en que están narradas sólo encuentra una justificación vaga en su argumento, en el caso de la primera, y sólo irónica en el caso de la segunda. Igualmente endeble es la justificación que encuentra el procedimiento en First Light (1987), la novela de Charles Baxter en la que la narración retrospectiva está puesta al servicio de la comprensión de las grandes diferencias que separan a dos hermanos en un pequeño pueblo de Michigan. Es una historia que, de ser contada de forma normal, resultaría irrelevante. El relato "Viaje a la semilla" (1944) de Alejo Carpentier, por su parte, presenta una conexión más convincente entre forma y contenido al narrar la historia de una casa y sus habitantes desde el momento en que es derrumbada hasta el punto en que comienza a ser construída.

En los hechos tanto Submundo como La flecha del tiempo son ejemplo de una forma de hacer ficción que retoma los experimentos formales de las vanguardias de los años ’20 y ’30 del siglo XX, trágicamente interrumpidos por la Segunda Guerra Mundial. Que se la llame "ficción posmoderna" o no resulta un problema menor salvo para los amantes de la terminología literaria. Para el lector, en cambio, estas obras son un desafío y una invitación.

El escudo de Ulises

LAS FICCIONES en las que el tema de la "marcha atrás" del tiempo es reflejado en la forma en que están narradas tienen un antecedente ilustre en La Ilíada. Allí Homero comienza su relato de la guerra de Troya nueve años después de comenzada y narra sus orígenes mediante analepsis, una figura retórica consistente en la evocación de un evento que ha tenido lugar antes que el punto en que se encuentra la narración. Su primer párrafo es un ejemplo de narración hacia atrás: "Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquileo; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves —cumplíase la voluntad de Zeus— desde que se separaron disputando el Atrida, rey de hombres, y el divino Aquileo". Ahora bien, la cólera de Aquiles es el origen de las miserias de los griegos, pero la pelea entre Aquiles y Agamenón —aquí Atrida— es la causa inmediata de la cólera de Aquiles; la plaga aludida con aquello de "presa de perros y pasto de aves" es la causa de la pelea y la afrenta a Zeus es la causa de la plaga. Así, la relación secuencial entre los elementos puede ser descripta con la siguiente fórmula, que se acerca a una narración retrospectiva: 4, 5, 3, 2 y 1.

El retorno final

Alejo Carpentier

HAMBRE, SED, CALOR, dolor, frío. Apenas Marcial redujo su percepción a la de estas realidades esenciales, renunció a la luz que ya le era accesoria. Ignoraba su nombre. Retirado el bautismo, con su sal desagradable, no quiso ya el olfato, ni el oído, ni siquiera la vista. Sus manos rozaban formas placenteras. Era un ser totalmente sensible y táctil. El universo le entraba por todos los poros. Entonces cerró los ojos que sólo divisaban gigantes nebulosos y penetró en un cuerpo caliente, húmedo, lleno de tinieblas, que moría. El cuerpo, al sentirlo arrebozado con su propia sustancia, resbaló hacia la vida.

Pero ahora el tiempo corrió más pronto, adelgazando sus últimas horas. Los minutos sonaban a glissando de naipes bajo el pulgar de un jugador.

* * *

Las aves volvieron al huevo, en torbellino de plumas. Los peces cuajaron la hueva, dejando una nevada de escamas en el fondo del estanque. Las palmas doblaron las pencas, desapareciendo en la tierra como abanicos cerrados. Los tallos sorbían sus hojas y el suelo tiraba de todo lo que le perteneciera. El trueno retumbaba en los corredores. Crecían pelos en la gamuza de los guantes. Las mantas de lana se destejían, redondeando el vellón de carneros distantes. Los armarios, los bargueños, las camas, los crucifijos, las mesas, las persianas, salieron volando en la noche, buscando sus antiguas raíces al pie de las selvas. Todo lo que tuviera clavos se desmoronaba. Un bergantín, anclado no se sabía dónde, llevó presurosamente a Italia los mármoles del piso y de la fuente. Las panoplias, los herrajes, las llaves, las cazuelas de cobre, los bocados de las cuadras, se derretían, engrosando un río de metal que galerías sin techo canalizaban hacia la tierra. Todo se metamorfoseaba, regresando a la condición primera. El barro volvió al barro, dejando un yermo en lugar de la casa (...) nadie prestaba atención al relato, porque el sol viajaba de oriente a occidente, y las horas que crecen a la derecha de los relojes deben alargarse por pereza, ya que son las que más seguramente llevan a la muerte.

En "Viaje a la semilla" (1944)

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