Fernando Pessoa esotérico

Sandro Barrella

UN AO ANTES de su muerte, ocurrida el 30 de noviembre de 1935, Fernando Pessoa juzgó oportuno enviar a la imprenta los originales del que sería su único libro de poemas publicado mientras vivió. La aparición de Mensaje puede ser vista como una toma de posición de Pessoa respecto al rumbo que pretendía dar a la recepción de su obra, ya que el libro representa una esfera precisa dentro de los diversos recorridos emprendidos por el poeta. Sin embargo es el propio Pessoa quien en carta al poeta y crítico Adolfo Casais Monteiro confesó: "Estoy absolutamente de acuerdo con usted en que no ha sido feliz el estreno que de mí mismo he hecho con un libro de la naturaleza de Mensaje. Soy, de hecho, un nacionalista místico, un sebastianista racional. Pero soy, aparte de eso, e incluso en contradicción con eso, muchas otras cosas. Y esas cosas, por la misma naturaleza del libro, no las incluye Mensaje." En el momento de su publicación, no pocos especularon que la edición obedeció a la convocatoria de un concurso de tema nacionalista por parte del Secretariado de Propaganda Nacional. Lo cierto es que más allá de la sospecha de oportunismo "el tema" del libro ocupó de manera consecuente el pensamiento de su autor. Mensaje proclama el cumplimiento de una patria mítica, fuera del tiempo y el espacio, el de un Imperio del espíritu y el alma, donde un Portugal real y simbólico a la vez encarna desde el centro de su historia la aspiración de universalidad del Pessoa ocultista.

EL MITO SEBASTIANISTA. El sentido y la originalidad de Mensaje se inscriben en una larga tradición portuguesa: el sebastianismo. Como corriente de carácter esotérico el sebastianismo nace de interpretar en clave hermética la desaparición del Rey Don Sebastián en Marruecos. En 1574 y en virtud de sentirse predestinado a salvar a la cristiandad amenazada, el joven rey se impuso la misión secreta de ir a combatir a aquel país africano, tras lo cual, y habiéndose probado a sí mismo su valía, decidió regresar para concluir su tarea en 1578. Esta vez la expedición significó el desastre para los dieciséis mil combatientes que formaron su ejército, y su muerte frente a las murallas de Alcazarquivir. En el saldo de la catástrofe (en Portugal alcanzó esa dimensión) hay que incluir el hecho de que el cadáver del Rey nunca apareció, y al parecer nadie lo vio en el momento de morir.

A partir de la misteriosa desaparición de su cuerpo, cobró nuevo sentido un hecho que, bajo el rigor de la temporalidad histórica, lo antecede. En la villa de Trancoso, Gonzalo Eanes de Bandarra, de profesión zapatero y devoto lector de la Biblia, compuso hacia 1554 una serie de redondillas que, a pesar de portar un significado ambiguo, profetizaban la llegada de un Mesías. La poca discreción del zapatero en la difusión, no sólo de sus coplas sino también de sus dudas respecto al verdadero sentido del Libro Sagrado, le ganaron el recelo de la autoridad eclesiástica. Acusado por la Santa Inquisición de judaizante y herético, Bandarra afrontó un proceso del que finalmente resultó absuelto. Superado el incidente, las trovas (como gustan decir los portugueses) siguieron circulando y fueron objeto de las más disímiles interpretaciones, pero la que prevaleció entre todas fue aquella que anunciaba "el regreso del Rey Sebastián".

El sebastianismo tuvo en los historiadores racionalistas a algunos de sus más fervientes opositores. Pero tuvo a su tiempo algunos seguidores notables, como el jesuita Antonio Vieira (considerado por muchos el mayor prosista portugués de todos los tiempos) autor de la Historia del Futuro, obra que iba a tener profunda influencia en Pessoa. Como Bandarra, el padre Vieira también iba a tener problemas con el Santo Oficio. En Clavis Prophetarum, así como en otros escritos, Antonio Vieira en pleno siglo XVII, interpretó las coplas de Bandarra como la profecía de un Quinto Imperio Portugués. El jesuita abonaba la idea de un Imperio ya no en el sentido político y militar, sostenido en el dominio territorial, sino en una visión superadora de lo conocido hasta entonces. Si antes fueron sucesivamente Grecia, Roma, la Cristiandad e Inglaterra quienes ejercieron su dominio en el mundo, llegaría la hora de un Imperio Universal del Espíritu en el que Portugal iba a levantarse como la nación que cumpliera dicho destino.

Es en este contexto donde Pessoa, quizá el último gran sebastianista, hace su aparición. En uno de sus tantos trabajos inconclusos hace su propia interpretación de las coplas del zapatero de Trancoso: "En el Tercer Cuerpo de sus Profecías, Bandarra anuncia el regreso de don Sebastián (poco importa ahora lo que se entiende por este "regreso") para uno de los años comprendidos entre 1878 y 1888. Ahora bien, en este último año sucedió en Portugal el acontecimiento más importante de su vida nacional desde los Descubrimientos; a pesar de lo cual, debido a la misma naturaleza del acontecimiento, pasó y tenía que pasar inadvertido". Si se atiende el curso de la historia exotérica de Portugal ningún hecho de carácter extraordinario sucedió en esos años para ser equiparado con los descubrimientos. Sí hay que apuntar que en 1888 se produjo el nacimiento de Pessoa. Ahora bien, si lo que dice en su interpretación es que lo que habría de ocurrir en el curso de esos años es el regreso del rey don Sebastián, todo parece indicar que es el poeta de Lluvia oblicua el destinatario de esa profecía. Pero la cosa no termina allí. A continuación Pessoa escribe: "Sólo a partir del año actual (‘cierra los cuarenta’, dice Bandarra), se puede empezar a entender qué fue y qué importancia tuvo. Pero (para dar una opinión puramente personal) no creo que antes de aproximadamente diez años, a contar desde ahora, el pueblo portugués venga a enterarse de lo que se trata y de la importancia del asunto. Entonces (y sólo entonces) se verá que era cierta la profecía de Bandarra". La indicación de Pessoa "cierra los cuarenta" confirma que el texto fue escrito hacia 1928, es decir cuarenta años después de su nacimiento, y cuando su obra comenzaba a gozar de un creciente prestigio en los medios intelectuales. A esta altura no quedan dudas de que Pessoa se sitúa en el centro mismo de su interpretación, y parece a las claras no hablar de otro sino de él mismo. Esto viene a reforzar lo que escribió en un extenso artículo para la revista A Águia en 1912, en el que anunciaba la llegada de "el poeta supremo de nuestra raza, el poeta supremo de todos los tiempos", "la aparición de un Supra-Camoens". Pessoa proclama el renacimiento de Portugal bajo la forma de una literatura que iba a superar al modelo expresado por Camoens y su obra maestra, Las Lusíadas.

CAMINO DE INICIACIÓN. El ocultismo asume en Pessoa el rigor de un marcado sincretismo, animado por un profundo conocimiento de la astrología, el acercamiento a los círculos teosóficos de su época, y una inclinación manifiesta hacia la filosofía gnóstica y la tradición alquímica.

Es materia de discusión dentro de los círculos herméticos si un aspirante debe, o puede, acceder a la iniciación sin la intervención de un maestro. En cuanto a Pessoa no es posible determinar a ciencia cierta cuál de los medios escogió. Sin embargo, en un escrito sobre el camino a seguir afirma que "el hombre que busque la iniciación debe empezar por familiarizarse con los sistemas filosóficos y con la filosofía que emerge, mal o bien, de las adquisiciones más recientes de la ciencia. Desarrollará así una inteligencia abstracta sin la cual la intuición que busca desarrollar no será más que emoción. Si bien no trata de establecer los principios generales de la iniciación al menos parece señalar el camino propio. Luego agrega: "el camino a la iniciación no puede ser alcanzado a través de las portadas de cualquiera de las iglesias, sino antes bien a través de las portadas de todas al mismo tiempo o de ninguna". Esta afirmación no es ajena a su neopaganismo, expresado con claridad no sólo en su poesía sino también en escritos críticos, del que El regreso de los dioses es la expresión más acabada.

Según Joi Gaspar Simões, amigo y biógrafo del poeta, el proceso de iniciación —que él caracteriza como de auto-iniciación— se remonta al año 1915. Ese año Pessoa predice, en un horóscopo que hizo de su madre, la apoplejía que esta sufrió en Pretoria. Para esa época recibió también la influencia de su tía Anica, y frecuentó junto a ella cierto círculo espiritista de la capital. Según consta en una carta dirigida a ella, una noche de marzo de 1916, cuando regresaba de su habitual paseo por A Brasilia se sintió forzado, por intervención de una voluntad ajena, a escribir unas cosas "sin relieve ni interés ni importancia", tras lo cual rubricó esas palabras con la firma de un tal "Manuel Gualdina da Cunha". El suceso (de marcado acento mediúmnico) guarda más de una similitud con el proceso que iba a dar origen a los famosos "heterónimos" del poeta, personalidades paralelas completas, con biografía incluida, que van mucho más allá de un simple seudónimo.

Pessoa cumplió por entonces una intensa labor como traductor para la Librería Clásica Editora, en la Colección Teosófica y Esotérica. De hecho fue en gran parte su orientador, y casi único traductor de la serie en la que aparecieron algunas de las obras y autores más importantes de las corrientes esotéricas de su tiempo. En octubre de 1915 envió a la editorial su traducción del Compendio de teosofía de C. W. Leadbeater, primer título de la colección, al que le siguieron textos de Annie Besant y H. P. Blavatsky, manteniendo su colaboración con la casa editora durante por lo menos diez años.

J. G. Simôes, que desconfiaba de la completa sinceridad de Pessoa, escribe que "su ocultismo era antes una justificación a posteriori de su poesía y de sus desdoblamientos personales", aunque finalmente concede un crédito al poeta: "como sucede con la observación psiquiátrica que sostiene que aquel que se finge loco da muestras de cierto grado de locura, también se puede pensar que aquel que se interna a fondo en el camino del ocultismo de alguna manera acepta las verdades reveladas".

El poeta de Mensaje quiso ver en el alumbramiento de los heterónimos un proceso comparable al de la alquimia: merced a la transmutación de la personalidad se prepara la comunicación con el Ser Supremo. En carta a Casais Monteiro escribe: "un día (fue el 8 de marzo de 1914) me acerqué a una cómoda alta y tomando un papel empecé a escribir, de pie, como escribo siempre que puedo. Y escribí de corrido treinta y tantos poemas, en una especie de éxtasis cuya naturaleza no conseguiré definir. Fue el día triunfal de mi vida y nunca podré tener otro así. Abrí con un título, El guardador de Rebaños. Y lo que siguió fue la aparición de alguien en mí, a quien di al momento el nombre de Alberto Caeiro. Discúlpeme lo absurdo de la frase: apareció en mí mi maestro". A la "aparición" de Caeiro le siguieron Ricardo Reis y Álvaro de Campos (junto a Bernardo Soares, los heterónimos más consecuentes) dando forma a una pluralidad que expresó de manera acabada esa transmutación, anhelo materializado en la prosecución del Absoluto.

ENCUENTRO CON EL DIABLO. Que el interés de Pessoa por la astrología excedía la mera curiosidad de un espíritu diletante, lo demuestra el hecho de que, habiendo leído en las Confesiones de Aleister Crowley el horóscopo que de sí mismo había hecho el célebre mago británico, se dió cuenta de que estaba mal establecido y se dirigió a él a través de su editor londinense, advirtiéndole de su error e indicándole la solución correcta. Crowley, sorprendido por la corrección de la que era objeto, le escribió dándole la razón. A partir de ese incidente se estableció una correspondencia entre él y Pessoa. Cabe señalar que Pessoa llegó a considerar la posibilidad de establecerse en Lisboa como astrólogo, habida cuenta de sus conocimientos. Se sabe además que dejó inédito un tratado de astrología prácticamente completo.

Por entonces Crowley ya era un personaje ampliamente conocido. Narrador y poeta, fue iniciado en la Golden Dawn (Alba Dorada) en 1898, adoptando el nombre esotérico de "La Bestia 666". La Orden Hermética Golden Dawn, probablemente la única depositaria contemporánea del corpus completo de la ciencia mágica, fue fundada en Londres el año 1887 y contó entre sus miembros a destacados artistas y escritores, entre ellos Arthur Machen, Bram Stoker y el poeta irlandés William B. Yeats. Acusado de practicar la magia negra, Crowley fue expulsado de la Orden.

Pessoa, que no desconocía los detalles de la personalidad de su inesperado cofrade, recibió no sin aprensión el telegrama de aquel donde le anunciaba su decisión de embarcarse rumbo a Lisboa con el propósito único de conocerlo. Lo cierto es que el 2 de septiembre de 1930, el vapor Alcántara atracó en el muelle de Roca del Conde de Obidos. Según el relato de Simões, "el barco había estado detenido por una espesa niebla que, súbitamente, había caído sobre la costa cuando iba a dejar Vigo, forzándolo a retrasar su partida cerca de veinticuatro horas. En tierra, Fernando Pessoa, transido y tímido, ve avanzar hacia él a un hombre alto, de anchas espaldas, envuelto en una capa negra, cuyos ojos, maliciosos y satánicos al mismo tiempo, le miran reprensivamente mientras exclama: ‘¿Pero qué idea ha sido esa de enviarme una niebla para allá arriba?".

Crowley llegó acompañado de una amante ocasional, la alemana Anni L. Jaeger, y se hospedó en un hotel céntrico de Lisboa. En los casi dos meses que permaneció en Portugal, y, superado el recelo que manifestó en un primer momento Pessoa, llegaron a frecuentarse e incluso a establecer una relación de amistad. Ahora bien, es la partida de Crowley de Portugal lo que va a dejar el rastro perdurable de su estancia en ese país. Aquí se entrelaza lo misterioso con aquello que, amparado bajo la sombra del ocultismo, puede propender a la mera farsa. Lo cierto es que el 25 de octubre Aleister Crowley desaparece.

A su desaparición le siguió el "hallazgo accidental" por parte de un periodista de una cigarrera perteneciente al mago junto a una carta dirigida a su amante. Esto ocurrió en la carretera de Boca del Infierno de Cascais, ciudad marítima próxima a la capital. En la carta, por cierto muy breve, se lee: "No puedo vivir sin ti. ‘La otra Boca del Infierno’ me agarrará, no será tan caliente como la tuya". Por el contenido, se pensó en la posibilidad de un suicidio pasional, aunque no se descartó que fuese una simulación urdida entre el mago, Pessoa y Augusto Ferreira Gomes.

Es precisamente este amigo de Pessoa —que de hecho compartía su vocación ocultista— quien en el periódico Noticias Ilustradas iba a dar cuenta de la misteriosa desaparición del mago. El episodio pronto pasó al terreno de la investigación policial, y Pessoa fue citado a declarar. El poeta reconoció la cigarrera como perteneciente a Crowley y contribuyó a descifrar el mensaje, supuestamente secreto, que se escondía en el texto de la carta. La sospecha de que algo andaba mal surge del registro de la Policía Internacional, que señala la partida de Crowley hacia España por la frontera de Vilar Formoso el día 23. Según el mismo registro, su amante se había ido por el Tajo rumbo a Alemania el día 20, a bordo del vapor Werra.

Es más que probable que en los días previos los amantes discutieran, de allí la partida anticipada de la señorita Jaeger, de allí que por el lugar donde encontró la cigarrera con la carta se hablara de suicidio. Lo que de ninguna manera se ajustaba a explicación racional alguna era el hecho de que, siendo comprobable la partida de Crowley el día 23 de octubre, aparecieran dos días después los objetos de la discordia. Por otra parte, en su declaración a la policía Pessoa asegura haber visto al mago en una zona céntrica de Lisboa al menos dos veces durante el día 24, aunque para entreverar más las cosas aclara que bien podría haberse tratado no del Crowley de carne y hueso sino de su cuerpo astral.

El "caso Crowley" trascendió las fronteras de Portugal. La prensa de París reprodujo el artículo de Ferreira Gomes y, días después el periódico Girasol de Lisboa entrevistó a Pessoa, quien declaró estar seguro de la presencia de "dos agentes investigadores ingleses para tratar el caso". Efectivamente, se supo que agentes de Scotland Yard se trasladaron a Lisboa con la intención de investigar qué había sucedido en la Boca del Infierno. El episodio quedó envuelto en un halo de misterio, sostenido por la voluntad mistificadora de Pessoa, aunque no desprovisto de su particular sentido del humor.

En carta de enero de 1931 dirigida a Simões, y a propósito de la promesa de este de publicar en la revista Presena una traducción que Pessoa estaba haciendo de un poema de Crowley ("Himno a Pan") escribió: "Crowley, que después de suicidarse fue a residir a Alemania, me escribió hace días, preguntándome por la traducción o, mejor dicho, por la publicación de la traducción. (...) Ahora cumpla, ¡no me haga quedar mal con el mago! Pero, ya en serio, si existe alguna razón para que la traducción no pueda ser publicada, dígamelo francamente". Al fin y al cabo el poema fue publicado, Pessoa siguió jugando su juego, y el mago desaparecido misteriosamente, "suicidado" y vuelto a aparecer siguió con sus andanzas hasta 1947, año de su "muerte definitiva".

Místico y racional, políticamente mesiánico (al punto de haber adoptado en alguna ocasión posiciones reaccionarias), portador de una religiosidad sin dioses, Pessoa se sustrae a cualquier tentativa de reducción. Cultor de un hermetismo heterodoxo, plural por donde se lo mire, Pessoa fue antes que nada un gran poeta que a lo largo de su obra tradujo en escritura poética la raíz ocultista de su pensamiento. Profeta de sí mismo, Pessoa dejó, como cumplimiento de su profecía, toda una literatura —Imperio de la palabra—que aun hoy sigue siendo materia de descubrimiento.

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