Entre el genio y la humildad

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Laura Falcoff

EN ABRIL DE 1950 Vladimir Nabokov escribió una carta al crítico Edmund Wilson desde la Universidad de Cornell, en Estados Unidos, donde acababa de obtener un puesto académico: "El año próximo", le decía, "voy a dictar un curso titulado Novelística Europea (siglos XIX y XX). ¿Qué escritores ingleses, de novelas o relatos, me sugiere? Necesito al menos dos." La respuesta de Wilson fue: "En cuanto a los novelistas ingleses, en mi opinión los más grandes sin duda (dejo de lado a Joyce, puesto que es irlandés) son Dickens y Jane Austen. Intente leer, si no lo ha hecho ya, Casa desolada o La pequeña Dorrit. A Jane Austen vale la pena leerla entera: hasta sus fragmentos son admirables". El 5 de mayo Nabokov volvió a escribir: "Le agradezco su sugerencia respecto de mi curso de novelística. No me gusta Jane; en realidad tengo ciertos prejuicios contra todas las escritoras. Están en otra categoría. No soy capaz de ver nada en Orgullo y prejuicio... pondré a Stevenson en lugar de Jane A." Wilson replicó: "se equivoca respecto a Jane Austen. Creo que debería leer Mansfield Park. Para mí Austen está entre la media docena de los mejores escritores ingleses (los otros son Shakespeare, Milton, Swift, Keats y Dickens)". Poco tiempo después Nabokov volvió a escribir a Wilson para comunicarle que había decidido incluir a Mansfield Park dentro de los textos del curso.

La extensa cita es bastante ilustrativa respecto de algunos de los prejuicios y malentendidos que cercaron en distintas épocas a la escritora inglesa. El ejemplo de Nabokov —un lector tan sagaz como universal— no es el de una voz aislada. Casi un siglo antes, en 1848, Charlotte Brönte le escribía a su amigo, el crítico y ensayista G.H.Lewes: "¿Por qué le gusta tanto Miss Austen? No había visto Orgullo y prejucio hasta que leí su comentario; luego conseguí el libro, ¿y con qué me encontré? Con el ajustado daguerrotipo de una cara común; con un jardín prolijamente vallado, con cuidadosos canteros y delicadas flores pero sin trazas de una fisonomía vívida y brillante, ni aire fresco, ni campo abierto, ni colina azul, ni alegre riachuelo. Difícilmente querría vivir con esas damas y esos caballeros en sus elegantes pero confinadas mansiones".

MODA Y ESCRITURA. Carece de sentido discutir las inclinaciones y los gustos personales en materia de arte. Pero así como Vladimir Nabokov sucumbió al genio de Jane Austen —después de "no haber visto nada" en Orgullo y prejuicio, después de haberla confundido en la dudosa categoría de "escritoras"—, es posible continuar hoy revisando un conjunto de ideas preconcebidas sobre la novelista inglesa.

La "moda Jane Austen" de los últimos años, que abarca la multiplicación de las traducciones de sus obras y de las adaptaciones para el cine, parece no haber actualizado, sin embargo, la noción del lugar que ocupa en la historia de las letras inglesas ni acerca de su estilo, ni del conocimiento de su personalidad y de la vida que llevó. Un lector desprevenido —desde luego, no angloparlante— que se acerque hoy por primera vez a alguna de sus novelas, puede dejarse cautivar por ella sin saber que la autora está ubicada entre los más grandes escritores británicos. La escritura de Jane Austen es engañosa: un puñado de leves tramas sentimentales ubicadas en un reducido círculo en el que se mueven familias más o menos acomodadas de la Inglaterra rural en el pasaje del siglo XVIII al XIX (las guerras napoleónicas que acompañan este período aparecen en estas tramas como un ocasional, lejano retumbar). Austen misma, modesta acerca de su propio genio, describía a su sobrino Edward la manera en que veía su labor: "un pedacito (apenas dos pulgadas de ancho) de marfil, en el que trabajo con un pincel tan fino como para producir pequeños efectos después de mucha aplicación".

El mundo en el que se mueven sus personajes ciertamente es el mundo que ella conoció, habitado por clérigos, militares, caballeros rurales y muchachas casaderas. Excursiones a pie por el campo, bailes, comidas, intercambio de visitas y ocasionales viajes a Bath y Londres son las actividades más conspicuas en las novelas de Austen, como en parte lo fueron también en su vida. La posesión real o potencial de bienes y dinero, y el rango en la escala social (con diferencias tan sutiles entre clases y subclases que un lector de estos tiempos puede verse en problemas si quiere comprenderlas) constituyen elementos siempre presentes en la trama de sus seis novelas.

¿Dónde reside entonces la singularidad de Jane Austen? Nada menos que en lo que logra con esos materiales: una construcción excepcionalmente vívida de personajes y una impecable —sólo en aparencia sencilla— estructura narrativa. Todo ello recorrido por una ironía, un humor y una agudeza que no han perdido hasta hoy la más mínima vigencia y efectividad. Con cierta frecuencia puede encontrarse en la literatura crítica comentarios sobre la frialdad y circunspección del estilo de la escritora, una antirromántica por elección. Pero dijo al respecto Chesterton, en un prólogo a la edición inglesa de Amor y Amistad (recopilación de sus desopilantes y negrísimos textos juveniles): "Puede parecer extraño llamar exuberante a Jane Austen. Lás páginas de Amor y Amistad traicionan su secreto: que era exuberante por naturaleza, y que su poder venía, como todos los poderes nacen, del control y de la dirección de la exuberancia. Jane Austen era el reverso mismo de una solterona almidonada; si lo hubiera querido habría podido ser un bufón como la Esposa de Bath. Esto es lo que otorga una fuerza infalible a su ironía. Tras la fachada desapasionada de esta artista también está la pasión; pero su pasión, tan original, era una especie de alegre burla y de espíritu combativo contra todo lo que ella consideraba mórbido, laxo y venenosamente estúpido".

UNA VIDA. Jane Austen nació en Steventon (Hampshire) el 16 de diciembre de 1775. Era la séptima hija —llegaron a ser ocho en total, seis varones y dos mujeres— nacida del matrimonio de George Austen, un clérigo anglicano e hijo de una antigua familia de Kent, con Cassandra Leigh. La señora Austen pertenecía a un estrato social algo más elevado que el de su marido: en la familia materna figuraban antepasados nobles, como Sir Thomas Leigh, alcalde de Londres bajo el reinado de Isabel I. En la que es posiblemente la biografía más reciente de Jane Austen, escrita por Claire Tomalin y publicada en 1999, se describe con bastante minucia la primera etapa de su vida, transcurrida en una casa muy activa y alegre, poblada de niños, y en la que las tareas del padre abarcaban las responsabilidades de un párroco rural, el manejo de una pequeña explotación agrícola y la dirección de un colegio para jóvenes, que con la colaboración de su esposa había instalado en su propia vivienda.

En 1782 Jane y su hermana Cassandra, dos años mayor, fueron enviadas como alumnas internas a un colegio de Oxford. Jane tenía apenas siete años y su biógrafa Tomalin no pudo encontrar una explicación satisfactoria para esa separación tan temprana de su familia (las estancias de las dos niñas en otros dos colegios se prolongaron hasta 1787), aunque la madre explicó muchos años después que a Jane le resultaba intolerable separarse de su hermana. Como fuera, la amorosa unión e íntima amistad entre Cassandra y Jane no se quebró jamás. Mucho de lo que se sabe de la vida de Jane Austen tiene como fuente las numerosas cartas que envió a su hermana cuando ocasionalmente se separaban, aunque después de la muerte de Jane, Cassandra eliminó una gran parte de esta correspondencia y recortó fragmentos de algunas cartas que dejó a sus sobrinas.

Al dejar el colegio Jane y Cassandra continuaron su instrucción bajo la guía del padre, un erudito que poseía una gran biblioteca y que a pesar de su profesión religiosa no parecía ejercer censura alguna sobre las lecturas de sus hijos. En una carta enviada a Cassandra en enero de 1796, Jane escribe: "Hemos recibido la visita del señor Tom Lefroy y su primo George. Este último se comporta ahora francamente bien; en cuanto al otro, tiene sólo un defecto que confío que el tiempo eliminará totalmente: lleva una levita de un color demasiado claro. Es un gran admirador de Tom Jones y supongo que por eso usa la ropa del color que llevaba él cuando lo hirieron". Evidentemente ella misma había leído la picante novela de Fielding. El señor Austen, asimismo, no se escandalizó por los irreverentes escritos juveniles de su hija —uno de ellos le está dedicado— ni por los rasgos ridículos o desagradables que asignó a los personajes de clérigos de algunas de sus novelas. Parece difícil imaginar a alguien tan necio y obsecuente como el señor Collins, de Orgullo y prejuicio, o tan viscoso y arribista como el señor Elton, de Emma.

PRODUCCION Y VIDA COTIDIANA. Fue por cierto el señor Austen el que ofreció, aunque sin éxito, al editor Cadell el primer manuscrito de Jane. Esto ocurrió en 1797 y la novela tenía como título Primeras impresiones. Bajo el nombre de Orgullo y prejuicio aparecería publicada finalmente en 1813, con una repercusión inmediata, incluso en muy respetados cenáculos literarios. Es importante destacar que entre los veintiuno y los veinticuatro años Jane Austen escribió tres de sus seis novelas: la primera es la que se convertirá en Orgullo y prejuicio; la segunda es la primera versión, bajo una forma epistolar, de lo que luego sería Sensatez y sentimiento; la tercera es el original de La abadía de Northanger, comprada por la editorial Crosby & Co. en 1803 pero publicada muchos años más tarde, no se sabe por qué motivo.

Aquel período que va de 1796 a 1800 corresponde a la última etapa de su vida en la casa natal de Steventon. El padre había decidido retirarse de la profesión eclesiástica y con su esposa y sus dos hijas (el novio de Cassandra había muerto de fiebres en un viaje a las Antillas) se instaló en Bath. Los cinco años que siguen son casi enteramente improductivos para Jane Austen, en una ciudad que no le gustaba ("Bath es vapor, sombras, humo y confusión", escribió), con un ritmo de vida poco propicio al trabajo y alejada dolorosamente de Steventon. En 1805 murió el padre dejando a las tres mujeres en una situación económica bastante precaria, que se resolvió finalmente con la ayuda que lograron reunir los hermanos varones. Habrá aún otros dos traslados: en 1806 a Southampton y finalmente en 1809 a Chawton, donde reanuda de una manera más decidida la tarea literaria.

Cuatro años después la situación era la siguiente: Sensatez y sentimiento se había agotado, dejándole ganancias. Orgullo y prejuicio se había convertido en un gran éxito; Mansfield Park estaba concluida y Austen comenzaba a dar forma a las ideas de las que luego nacería Emma. Podía ahora disponer de una cantidad de dinero que aunque bastante moderada, no tenía que agradecer a nadie. "No la rechaces, soy muy rica", le escribe a Cassandra después de enviarle como regalo la tela para un vestido. Esta es también la época en que viaja con frecuencia a Londres. Allí comparte la casa de su hermano Henry, que forma parte de un elegante círculo. Pero a partir de 1816 varios percances familiares obligan, a ella y a Cassandra, a prestar ayuda a sus hermanos y numerosos sobrinos, pasando temporadas en sus casas o recibiéndolos en la propia. Las visitas en general se suceden de manera ininterrumpida en Chawton y Jane escribe a Cassandra (que en ese momento se hallaba en una cura termal): "se me hace imposible escribir con la cabeza llena de asados de cordero y dosis de ruibarbo".

En marzo de 1817, en una carta a su sobrina Fanny, le contaba: "tengo algo listo para ser publicado, que quizás podrá aparecer dentro de un año". Se refería a Persuasión. En esa misma época comenzó a escribir los primeros capítulos de una novela que quedaría inconclusa (en 1925 el editor Chapman publicó esos doce capítulos en tono de comedia con el nombre de Sanditon) pero los síntomas de una enfermedad sobre la que quedaron datos poco claros y que habían empezado a afectarla ya desde un año antes, se agravaron considerablemente. Buscando una cura que resultó inútil se trasladó con su hermana y su madre a la ciudad de Winchester y allí murió el 18 de julio de 1817. En diciembre aparecieron juntas Persuasión y, con catorce años de retraso, La abadía de Northanger.

MUJER Y ESCRITORA. "No hay nada peor que un matrimonio sin amor", fue el consejo que le dio en una ocasión Jane Austen a una de sus sobrinas. El amor también la había tocado a ella, sin duda. Su pasión juvenil por el irlandés Tom Lefroy (cuyo único defecto era el color de su levita), correspondida por él, tuvo que someterse a las mismas consideraciones económicas que rigen los destinos de los personajes austenianos: Lefroy regresó a Irlanda y se casó con una rica heredera. Jane pudo haberse casado ella misma porque no le faltaron propuestas matrimoniales, algunas muy convenientes: en 1802 Harris Bigg Wither, el joven y acaudalado hijo de una familia muy amiga de los Austen, pidió a Jane que se casara con él. Ella aceptó pero al día siguiente consideró que se había equivocado y retiró su palabra. ¿Quería seguir acompañando a Cassandra en un posible voto de soltería después de la dramática muerte de su novio? ¿Seguía amando a Tom Lefroy? Difícil saberlo. Lo que sí sabemos es que su vida no careció de variedad y placeres.

Jane, aunque tímida, fue siempre extremadamente aficionada a bailar y a participar de representaciones teatrales. Le gustaba viajar y pasar temporadas en Londres y estaba rodeada de una familia muy comprensiva y afectuosa. Es cierto que las estrecheces económicas, propias de una mujer soltera sin bienes propios, ejercieron un peso negativo en su tarea literaria. Jane Austen escribía en medio del fárrago de la vida cotidiana y en pequeños papeles que pudieran ser escondidos de la curiosidad de visitas inoportunas. En la casa de Chawton había una puerta batiente cuyos goznes chirriaban. Jane se opuso a que la aceitaran porque le servía para saber si alguien llegaba. En esas condiciones —entre el bullicio de una casa no poco concurrida, ocupada en los trabajos domésticos y en conservar el equilibrio de una modesta economía—se las arregló para crear una obra única y genial.

Una última cita: en una entrevista efectuada en 1994 George Steiner contestaba a la pregunta de si es posible hablar de una escritura femenina: "En el caso de las mejores mujeres escritoras", decía, "no se da. Anónimamente no podría distinguirse la "femineidad" de una página de George Eliot o de George Sand, algo que posiblemente sea sólo un chispazo periférico en las Brönte. Y por cierto que no en Jane Austen, que era mejor que cualquier escritura de hombre. No diferente sino mejor: más precisa, incisiva, humorística, ingeniosa, irónica, condensada.

En El País Cultural

EN EL Nº 223 se publicó una nota sobre su obra; en el Nº 347 otra sobre las adaptaciones al cine; en el Nº 428 un comentario sobre Mi querida Cassandra; en el Nº 475 un comentario sobre Mansfield Park; en el Nº 517 un comentario sobre la biografía de Claire Tomalin. Todas las notas son de Andrea Blanqué.

Ediciones en español

ESTAS SON algunas de las reediciones más recientes en español de las novelas de Jane Austen:

Orgullo y Prejuicio: Andrés Bello (Chile); Porrúa (México); Juventud (España); Plaza y Janés Editores (España); Edimat Libros (España); Cátedra (España); Alianza (España); Punto de Lectura (España)

Persuasión: Plaza y Janés Editores (España); Andrés Bello (Chile); Norma (Colombia); Alba Editorial (España, junto con los doce capítulos de Sanditon)

Sensatez y Sentimientos: AZ editora (Argentina)

Mansfield Park: Plaza y Janés Editores S.A. (España); Alba Editorial (España)

Emma: Tusquests Editores (España); Alianza (España); Lumen (España)

La abadía de Northanger: Alba Editorial (España)

Lady Susan: Del Bronce (España); Editorial Icaria (España)

Amor y amistad: Alba Editorial (España)

Una biografía de Jane Austen, por Claire Tomalin, fue publicada por la Editorial Circe en 1999. Por su parte Odin Ediciones (para América Latina y España) publicó una selección de cartas de Jane Austen bajo el título de Mi querida Cassandra, muy bellamente ilustrada con reproducciones de pinturas y grabados de la época.

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