El último juglar de la aldea

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Nelson Díaz

VÍSPERAS DE NAVIDAD de 1925. Un solitario viajero pide alojamiento en el hotel Angleterre de Leningrado. Durante tres días, el hombre yace totalmente ebrio en su cuarto. Termina por ahorcarse, no sin antes dejar escrito su epitafio con su propia sangre: "Hasta pronto, amigo mío, sin gestos ni palabras, / no te entristezcas ni frunzas el ceño. / En esta vida no es nuevo morir /pero no es más nuevo vivir". El hombre que decide poner fin a sus días, dejando a modo de testamento estos versos, es Serguéi Esenin, considerado junto a Vladimir Maiakovski y Boris Pasternak uno de los más importantes poetas ruso-soviéticos.

Serguéi Alexandrovich Esenin nació el 21 de septiembre de 1895, en el seno de una familia campesina de la aldea de Konstantinov, en el distrito de Kuzminski, una de las provincias más aisladas de Rusia. En 1909, finalizada la escuela primaria, sus padres deciden matricular al joven de 13 años en la escuela religiosa de Spas-Kliepik, situada a unos treinta kilómetros de Konstantinov. Una vez graduado, Esenin se inscribe en una escuela religiosa de magisterio donde permanece tres años, período en el cual lee a Aleksandr Pushkin y a Mikhail Lermontov.

A ese período corresponden sus primeras composiciones poéticas que guarda celosamente en un cuaderno de apuntes. "Escuchaba a los poetas populares errantes y repetía sus canciones y, a la vez, trataba de componer las mías. Y sentía cierto gusto por la vida bohemia", recordaría tiempo después, advirtiendo, en cierta medida, sobre su futuro errante. "Cantaba mis poemas a los peregrinos que esperaban el tren agrupados en una pequeña estación. En una ocasión, luego de recitarles unas composiciones a un grupo de viajeros que esperaba la llegada del tren, uno de ellos, conmovido, se puso a llorar. El hombre se separó del grupo, se me acercó, desanudó un pañuelo que le servía de monedero y sacó de él cincuenta kopeks, toda su fortuna para el camino, que me obligó a aceptar".

En el otoño de 1912 el joven se traslada a Moscú, para vivir con su padre en una residencia destinada a los empleados del almacén Krilov, donde Alexander logró que su hijo fuera empleado para realizar tareas administrativas. A regañadientes, el poeta aceptó el trabajo. En realidad, la rutinaria tarea de archivar documentos no se ajustaba precisamente a los intereses del joven que, en plena jornada laboral, desaparecía del almacén sin motivos justificados. Sus reiteradas desapariciones fueron advertidas más de una vez por el empleador a su progenitor, quien, sistemáticamente, le reprochaba a Serguéi que no se ocupara de cosas más prácticas que escribir versos. En realidad el muchacho ocupaba su tiempo en leer y gastar su salario en libros y revistas de la época. Para colmo, el contacto con los obreros del almacén lo acercó a la causa bolchevique, convirtiéndolo rápidamente en un opositor al régimen zarista. El final de la aventura en Krilov era previsible: Esenin fue despedido del almacén. Sin trabajo y enfrentado a su padre, decide regresar a su aldea natal.

En marzo de 1913 logró obtener un empleo como ayudante de corrector de pruebas en la tipográfica Sitin. El escritor Victor Lunatcharski, que en 1918 se convertiría en Comisario de Cultura de la novel Sección de las Artes Plásticas de la Comisaría de Cultura —IZO por sus siglas en ruso— recordaría, años más tarde, las peripecias del poeta en Moscú: "(Esenin) llegó de la aldea no como aldeano, sino en cierta forma, como un exponente de la inteligencia campesina. En modo alguno tenía la apariencia de un campesino, ataviado con su vestido color castaño, cuello almidonado y corbata amarilla. Su cabello rizado le daba un toque de fascinante coquetería".

El trabajo en Sitin se extendería hasta mayo de 1914, cuando decidió ingresar en la tipográfica Chernichev, donde trabajaba desde las ocho de la mañana hasta las siete de la tarde. La extensa jornada laboral le impedía dedicarse a leer y escribir por lo que, en diciembre de ese año, abandona el empleo para dedicarse por completo a la poesía. La agitada Rusia prerrevolucionaria no le era ajena. De sus inquietudes revolucionarias daría cuenta en varias cartas destinadas a Grigoru Panfilov, un compañero de estudios que había conocido en Spas-Kliepik. Poco antes de renunciar en Chernichev, el poeta confesaba a su amigo: "Me siento atontado. Una tristeza brutal se agazapa en mí. Ya el verano se extingue con sus rayos dorados y yo no puedo verlo, escondido como estoy detrás de las paredes de la tipografía. Dondequiera que mires, la mirada tropieza con fríos muros y sólo vemos edificios grises sobre una calzada salpicada aún con la sangre de los sacrificados de 1905".

Sin empleo, y dedicado exclusivamente a la escritura, toma contacto con el círculo literario del poeta Surikov, integrado por escritores campesinos, que imprimían el diario El amigo del pueblo, donde publicará su poema "Papamoscas". La publicación es requisada por la policía zarista y el poema se perdió definitivamente. Sin embargo, Esenin no estaba conforme con los miembros del círculo literario, a quienes llegó a catalogar, lisa y llanamente, de "poetas sin ningún talento poético". Comprometido totalmente con la causa revolucionaria, el aldeano se dedica a distribuir propaganda política y participa en los actos de los bolcheviques. La atmósfera urbana y proletaria que se respiraba en Moscú lo llevó a inscribirse en la Universidad Popular de Shaniavski, —la primera institución a la cual se podía asistir libre y gratuitamente.

Ofuscado y atormentado ante la sola posibilidad de pedir ayuda a su padre, el aldeano decide jugarse su ultima carta: se traslada a Petrogrado, prometiéndose a sí mismo que, de mediar un nuevo fracaso literario, se refugiaría en Revel, —donde vivía un tío suyo—, para emplearse como obrero y olvidarse así de la literatura. Sin embargo esta vez la suerte estuvo de su lado. Poco después de instalarse en la ciudad, Esenin se convertirá en el poeta mimado de las publicaciones de la época. De este recibimiento dará cuenta Máximo Gorki en una carta dirigida a Romain Rolland, —Premio Nobel de Literatura 1915—: "Vi a Esenin inmediatamente después de su llegada a la ciudad; de baja estatura, bien formado, pelo claro, rizado, vestido igual que el Vania de ‘La vida por el zar’, de ojos azules y limpísimos como Lohengrin, así era él. Y la ciudad lo recibió maravillada, igual que el glotón a las fresas de enero. Se comenzó a elogiar su poesía, excesiva e insinceramente como suelen hacerlo los envidiosos e hipócritas. Tenía 18 años entonces y al llegar a los 20 comenzó a adornar sus rubios cabellos con un bombín de moda que le daba el aire de un dependiente de pastelería", testimonió el padre del realismo socialista.

La vida literaria de Esenin se hizo difícil en la ciudad, donde convergían tendencias estéticas y culturales disímiles: desde los partidarios del simbolismo, pasando por los futuristas y los ego-futuristas, hasta los seguidores de Gorki, editor en ese entonces de la revista Crónica. Esenin le entregó al editor su poema "María Posadnitsa" que, finalmente, fue vetado por la censura. Su marcado sentimiento antimilitarista, —que lo distanciaba de la mayoría de los escritores de Petrogrado—, sumado a las diferencias con los preceptos estéticos y culturales promovidos por Gorki, hicieron que el aldeano no encontrara su ansiado lugar en los círculos literarios de la ciudad.

Alexander Blok, viejo conocedor de estas cofradías literarias, le aconsejaría al novel poeta: "Creo que para usted el camino será corto y que para no perderse en él hará falta ir despacio, sin inquietarse. Por cada paso que demos, tarde o temprano debemos responder, y avanzar ahora resulta difícil, tanto más si hablamos de literatura". Entre 1914 y 1916, Esenin escribe varios poemas y narraciones, que integrarán Radunitza (1916), —palabra religiosa rusa que sirve para evocar a los muertos sobre la tumba en Semana Santa. Es su primer libro, que incluye el poema "El barranco", donde describe la historia del asesinato de un grupo de mujiks. El texto —escrito en el verano de 1915, mientras se encontraba de visita en su aldea natal—, gira en torno a una imagen simbólica (la del barranco) que el autor define como "el espeso bosque de la vida". O el poema "Canción imitada", donde el poeta se sitúa como un espectador casual que, desde una ventana, describe la escena de una joven que es llevada a la tumba acompañada del paso cansino del cortejo fúnebre.

La revolución de octubre de 1917 provocará en Esenin un cambio temporal en el leit motiv de sus textos, que adquieren un carácter social, aunque su poesía seguirá orientada hacia sus orígenes de aldeano. En realidad, según sus propias palabras, Esenin contempló la revolución a través de los ojos de un campesino. En "La Rusia que se va", el poeta describe la ruptura entre la vieja Rusia zarista y el nuevo orden político: "¡No soy de ahora! / ¿Qué debo pues ocultar? / Quedé con un pie en el pasado / intentando a mi pueblo alcanzar, / y por tierra en mi empeño he rodado".

Sin embargo en el poema "Advenimiento" (1917), dedicado a Andrei Biely, Esenin alude a la revolución de octubre comparándola con Cristo resucitado: "Oh Rusia, inmarcesible, / de la muerte vencedora. / Has llegado del firmamento estrellado / a tu lugar en la tierra".

La poesía eseniana entrelaza tres elementos que, en una primera lectura, resultan, si se quiere, contradictorios: la estructura folklórico-popular, influenciado por Alexander Pushkin, elementos religiosos, —heredados evidentemente de su educación eclesiástica— y el imaginismo ruso. El uso de imágenes de la mitología eclesiástica también estará presente en poemas como "Viejo amante" donde lo cristiano se mezcla con lo bíblico-folklórico.

IMAGEN Y MOVIMIENTO. En enero de 1918, Esenin regresa a Moscú, donde se contacta con los poetas del "Proletkult". En colaboración con el pintor Aleksandr Guerasimov, Klichkobui y Pavlovich escribe "La llamada de la aurora" y organiza la "Cooperativa moscovita de escritores". En este período su poesía evoluciona hacia temas sociales y épicos, reflejando una lírica más directa. Pese a la popularidad alcanzada en tiempos de revolución, donde la poesía oral o escrita se transforma en el género literario démodé, Esenin comienza a sufrir profundas crisis depresivas que lo acompañaran por el resto de su breve existencia. Un año después, se une al grupo de los imaginistas, quienes abrieron una librería en la calle Nikitski y más tarde el conocido café "El establo de Pegaso", ubicado sobre la calle Tverski. La unión con los imaginistas devino en que Esenin participara de varias giras por las ciudades de Jarkov y Rostov.

Sin embargo, desde el comienzo, el aldeano tuvo claras divergencias con el grupo, quienes en un manifiesto se consideraban a sí mismos como los únicos intérpretes de la revolución y creían que "la única ley del arte es la revelación de la vida a través de la imagen y el ritmo de las imágenes". Argumentaban que un poema debía poder leerse al derecho y al revés, de arriba a abajo y viceversa, lo que desembocó en una serie de textos extravagantes o, en el mejor de los casos, recargados de un burdo naturalismo. Esenin sólo aceptaba la noción de imaginismo, en el sentido que, en lo profundo de todo arte, la noción de imagen es fundamental. De este principio concluía que cuanto más rica fuera la imagen, más posibilidades presentaría para ser trabajada. Las diferencias en torno a la creación y estructura poética llevaron a su alejamiento del grupo, con la publicación de "Orden imaginista", un artículo donde enuncia, a a su juicio las razones del fracaso de los imaginistas: "Era una escuela poética formal... que queríamos entronizar, pero al no tener tierra bajo los pies, murió por sí sola dejando la verdad a la imagen orgánica".

En otro artículo, "Arte y vivencia", dirigido a sus ex compañeros de grupo, Esenin deja en claro su concepción del arte: "Mis camaradas imaginan que el arte sólo existe como arte, sin ninguna ligazón con la vida y sus maneras... A mis camaradas tan sólo les atrae la plasticidad del lenguaje, pareciéndoles que la palabra y la imagen lo es todo. Sabrán pues perdonarme si les digo que semejante arte no es más que una tontería" y, categórico, agrega: "Carecen de cualquier sentimiento patriótico, en el más amplio sentido de la palabra y de ahí su inconexión. Y por eso aman a tal grado esa disonancia que han sabido absorber a la manera de un sofocante vaho de bufonadas gracias a la bufonada misma... Pero la vida exige lo que le pertenece y siendo el arte una de sus armas, todo lo que la niega se elimina a sí mismo como ocurre con la confusión". Por si quedaban dudas, concluye: "Lo importante no es la imagen, sino el sentimiento poético del mundo".

Pese a las diferencias, el contacto con los imaginistas dejó su impronta en los textos escritos entre 1919 y 1920, especialmente en Prieobrazhenive (Transmutación) libro donde se percibe su afición por las imágenes y metáforas extravagantes y la profusión de motivos, utilizados como protesta contra el ambiente urbano. El libro, editado en 1919, abre con "Inonia", un breve poema donde la revolución bolchevique es comparada con el Paraíso, de donde el poeta pretende expulsar a Dios: "Yo prometo la ciudad de Inonia, / donde vive la divinidad de nosotros, los vivos". En el poema "Novenario", la ciudad arremete contra la choza campesina. En "En el potro de las torturas", describe su horror frente a la destrucción y el hambre que azotan el país, condoliéndose de las víctimas con expresiones que llegan a desfigurar el sentido de la composición: "Zarpas azuladas, fétida ventisca, jardín de masacradas calaveras(...). Frenético resplandor de cadáveres. / Ciudad, ciudad, tras una lucha salvaje / nos has bautizado como carroña y deshecho", serán las imágenes elegidas por el poeta para describir esa tragedia. A este período también pertenece "Pugachov", un poema de corte lírico —basado en la biografía del héroe rebelde cosaco del siglo XVIII—, que narra la rebelión espontánea de los campesinos y la derrota de las tropas lideradas por el cosaco a manos del ejército zarista.

Años más tarde, Esenin se propuso explicar, a través del ensayo Las llaves de María, su universo poético: "Todo arte está basado en imágenes y es la plasticidad de dichas imágenes la que constituye la clave del arte popular ruso". Los motivos elegidos por el poeta, al igual que el paisaje mismo, tienen su propio movimiento. Semejante percepción del mundo, las estrellas, las flores, los árboles, tratados como si fueran objetos animados y en constante movimiento, transformándose unos en otros, forman parte también del material utilizado por Esenin en sus relatos, donde su origen campesino se mantendrá a lo largo de sus composiciones.

LA PASIÓN POR DUNCAN. En 1921, Esenin gozaba de una considerable fama en los ambientes culturales soviéticos, lo que le permitió, a través del pintor G. Iákulov, conocer a Isadora Duncan, con quien se casó el 10 de mayo de 1922. La intensa actividad de la bailarina llevó a que, entre 1922 y 1923, Esenin acompañe a su esposa a Alemania, Italia, Bélgica, Estados Unidos y Francia.

Su regreso a la URSS, tras la ruptura con Duncan en agosto de 1923, mientras se encontraban en París, suele ser tema de discusión entre sus biógrafos. Algunos, basados en las cartas que el aldeano escribió desde Estados Unidos, afirman que se debió a su adhesión al socialismo luego de conocer el "occidente burgués". En una de las cartas enviada a su amigo Marienhof describe a Estados Unidos como "un horrible reino de mezquindad, rayana en el idiotismo.(...) Aún no encontré un hombre de verdad y no tengo idea de dónde se lo podrá encontrar. En los dominios del Señor Dólar el arte verdadero no cuenta, el producto más acabado es el music-hall".

Otro ejemplo de esta hipótesis sería el ensayo "La urbe de hierro", donde el poeta escribe: "Cada vez me es más entrañable la sociedad socialista. Es cierto que no me identifico con los comunistas y que como el romántico de mis poemas apenas los siento próximos de corazón, pero espero algún día identificarme con las tareas que se proponen". Incluso, Maiakovski ejemplificó la "radicalización" del aldeano señalando que éste había vuelto "con un claro entusiasmo hacia lo nuevo".

Sin embargo, la visión del georgiano no se condice con "De vuelta a la patria", donde Esenin escribe: "Yo veo que más tristes, más desolados / parecen mi madre y mi abuelo / más alegre, y sonriente el rostro de mi hermana. / Para mí, sin duda Lenin no es un ícono pues yo conozco el mundo. Pero amo mi hogar. / Y mi hermana comienza abriendo como una biblia el Capital ventrudo / a hablarme de Marx y de Engels. / Jamás, en ninguna estación / yo he leído, por cierto, esos libros".

Sin embargo, otros biógrafos señalan que su regreso no se basó en su simpatía al nuevo orden político sino que, simplemente, obedeció a un problema de protagonismo. En la URSS, Esenin era reconocido como uno de sus mejores poetas. Fuera de ella era, apenas, el marido de la célebre bailarina estadounidense.

CRUEL Y SOLITARIO FINAL. Lo cierto es que, de regreso a Moscú, Esenin tomó contacto con un grupo de escritores que editaban la revista El erial rojo. A este período corresponde "Canción sobre una gran gesta", publicado en la revista "Octubre". Además toma contacto con V. Ivanov, ideólogo del "socialismo místico", que proclamaba que "en el socialismo el sufrimiento del mundo salva al hombre, en contraposición con el cristianismo, y el occidente burgués, individualista y ateo". Más pragmático en "Aldeanos" llegó a escribir que en Cristo no veía a Dios "sino a un hombre predicador del bien". Por otro lado, y según sus propias palabras, nunca tomó muy en serio su religiosidad. En enero de 1924, preparando la edición de uno de los libros, escribiría: "La más engorrosa de mis etapas y que se refleja en mis primeros poemas es la que corresponde a mi religiosidad. Yo no considero que tenga mérito alguno". Su adicción al alcohol, la vida bohemia y los estados depresivos cada vez más frecuentes, condujeron al poeta al pensamiento de la muerte como tema recurrente en su obra. Entre 1923 y 1925, Esenin escribió una serie de textos que dan cuenta de su agitada y dipsómana vida. En el extenso poema "Confesión de un bohemio", del libro Stiji skandalista (Versos de un escandaloso, 1923), se escribe a sí mismo: "No todos saben cantar, / no todos pueden ser manzana / y rodar a los pies de los demás. / Esta es la confesión más grande / que os hace un bohemio. / Ando intencionalmente despeinado / con la cabeza como una lámpara a petróleo. / Me gusta iluminar entre tinieblas / el deshojado otoño de vuestras almas. / Me gusta cuando las piedras de los insultos vuelan hacia mí, / como el granizo vomitado por la tormenta". Sin embargo, en el poema también hay lugar para aquel joven campesino que siente nostalgia por su aldea natal: "Pero vive en él, con ímpetus de antaño,/ el mismo aldeano travieso / Me gustan los hocicos fangosos de los cerdos / y las voces estridentes de los sapos en el silencio nocturno. (...) Estoy enfermo de recuerdos de infancia. / Sueño con la humedad y la niebla de las tardes de abril. / Soy el mismo de antes / y mi corazón es el mismo".

Un año después publica Moscú tabernario, donde narra su vida de desplazado social, entre tabernas, alcohol y prostitutas: "Me condenó dios a morir / por esas calles de Moscú (...) Mi nombre suscita espanto, como si se estuviera delante de la más grosera blasfemia", escribe el poeta para luego preguntarse: "¿Qué sucede? / Qué ha quedado de mí?", y termina por responderse: "El azul de tus ojos se empaña en la taberna". Autocompasión, intento desesperado por escapar a la autodestrucción, lo cierto es que Esenin es consciente de que se encuentra en un callejón sin salida. Y otra vez, al igual que cuando probó suerte en Petrogrado, decide jugarse, esta vez sí, su última carta: se casa con Sofia Tolstoi, nieta del autor de La guerra y la paz. La relación apenas duró algunos meses. Es mediados de 1925 y el poeta presiente que el final no está demasiado lejos. Sus últimas composiciones van agudizando la dureza y la desesperanza que, paradójicamente, se transformarán en algunos de sus mejores poemas como "Carta a la madre", "Respuesta", "Carta a la hermana" y "Ana Snegin", algunos de los cuales integrarán el libro Los motivos persas.

Es la hora de despedirse de los seres queridos. En "La aurora llama a otra aurora", escribe: "Hoy me llega tu recuerdo, / mi vieja madre querida. / Sigues subiendo el otero /con el cayado en la mano / y miras cómo la luna / flota dormida en el río...". En "Las flores me dicen adiós", la despedida está dedicada a la naturaleza y a sus colegas venideros: "Las flores me dicen adiós / mientras se inclinan hasta el suelo / y me anuncian que no veré más / ni su rostro ni el campo paterno (...) Otro poeta llegará /a quien no agobien tantas penas / y a las mujeres que abandone / les escriba canciones bellas".

El 28 de diciembre de 1925 termina por ahorcarse en la habitación del hotel Angleterre.

El mismo final

ANTE EL SUICIDIO de Esenin en 1925, Maiakovski (Ver El País Cultural Nro. 683) escribió en el diario Pravda: "Establecer una relación entre el espíritu de decadencia y Esenin carece de sentido. Dicho estado de decadencia es un fenómeno mucho más serio, mucho más complejo y vasto en sus consecuencias que Serguéi Esenin. (...) El pueblo ha perdido a su resonante guitarrero borrachín". También le dedicó un poema —"A Serguéi Esenin"—, donde a partir de los últimos versos escritos por el aldeano ("En esta vida no es nuevo morir /pero no es más nuevo vivir") le recriminaba la decisión adoptada. "En esta vida / morir no es difícil. / Mucho más difícil es hacer la vida", le respondió el autor de Misterio Bufo.

Meses más tarde, en el mismo Pravda, en el artículo "Cómo escribir poesía", Maiakovski subrayó que al escribir el poema se había propuesto "arrancar al poeta de los que han querido aprovechar su muerte".

Casualidad o destino, el 14 de abril de 1930, cinco años después del suicidio de Esenin, también Maiacovski decidió quitarse la vida. Su cuerpo fue encontrado en su estudio del pasaje Lubianski, junto al revólver que había utilizado para interpretar, doce años antes, el suicidio del poeta vagabundo Ivan Nov, protagonista de la película Por dinero no se puede crear.

Letras e imágenes

PARA CONOCER la obra de Esenin puede acudirse a Serguéi Esenin, La confesión de un granuja (Antología poética) en traducción directa del ruso de Gabriel Barra, versión poética de Gabriel Barra y Jorge Teillier, con prólogo de Teillier. Fue editada por Editorial Universitaria, Santiago de Chile, en 1973. Datos sobre su vida y su obra figuran en La literatura rusa soviética, de Ettore Lo Gatto. Editorial Losada, Buenos Aries, 1973.

En 1968, bajo la dirección de Karel Reisz y guión de Melvyn Bragg, se filmó Isadora, protagonizada por Vanessa Redgrave como Isadora Duncan y el actor Iván Tchenko como Serguéi Esenin.

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