NELSON DÍAZ
HACE 166 años -más precisamente en abril de 1841- la Grahams´s Magazine, de Filadelfia, publicaba The Murders in the Rue Morgue ("Los crímenes de la calle Morgue") relato que tenía como protagonista a Charles Auguste Dupin, un francés de origen ilustre, apremiado económicamente, poseedor de una gran imaginación y, sobre todo, con una mente proclive a la investigación lógica y analítica.
La narración de Edgar Allan Poe (1809-1849) se transformaría en el primer relato de detectives de la historia de la literatura e inspiraría, entre otros, a Arthur Conan Doyle para la creación de Sherlock Holmes. De hecho, en Estudio en escarlata, la primera aventura de Holmes, Conan Doyle, tras una deducción del detective, pone en boca del doctor Watson: "Tal como usted lo explica resulta bastante sencillo. Me hace usted pensar en Edgar Allan Poe y Dupin. Nunca me imaginé que esa clase de personas existiese sino en las novelas." Haciendo gala del humor británico y de la rivalidad con los franceses, Holmes responde: "No me cabe duda de que usted cree hacerme una lisonja comparándome a Dupin. Pero, en mi opinión, Dupin era un hombre que valía poco. Aquel truco suyo de romper el curso de los pensamientos de sus amigos con una observación que venía como anillo al dedo, después de un cuarto de hora de silencio, resulta en verdad muy petulante y superficial. Sin duda que poseía un algo de genio analítico, pero no era en modo alguno un fenómeno según parece imaginárselo Poe."
MODELO A SEGUIR. La importancia de "Los crímenes..." radica en que inaugura el modelo del "misterio de la habitación cerrada", resuelto exclusivamente a través de la deducción y del poder analítico del personaje.
Las "coincidencias" con Estudio en escarlata son más que evidentes: presentación del personaje principal a cargo de un ayudante-testigo encargado de relatar, en forma de memorias, al igual que Watson, las aventuras de su amigo y la rivalidad con el accionar de la policía, generalmente personificada en un inspector incompetente, burocrático, que deja escapar pequeños detalles que esconden la resolución del enigma.
"Los crímenes..." comienza con la presentación del personaje a través de la óptica del narrador. De esta manera, Poe informa al lector acerca de cómo la dupla se conoce en París "en una oscura librería de la rue Montmartre", mientras ambos buscaban el mismo libro. Luego de varios encuentros, su amigo se muda a la casa de Dupin donde comparten largas conversaciones hasta la llegada del alba. "En esas oportunidades no dejaba yo de reparar y de admirar una peculiar aptitud analítica de Dupin. Parecía complacerse especialmente en ejercitarla -ya que no en exhibirla- y no vacilaba en confesar el placer que le producía. Se jactaba, con una risita discreta, de que frente a él la mayoría de los hombres tenían como una ventana por la cual podía verse su corazón y estaba pronto a demostrar sus afirmaciones con pruebas tan directas como sorprendentes del íntimo conocimiento que de mí tenía."
UNA MENTE ANALÍTICA. Es preciso resaltar la estructura utilizada por el autor para introducirnos en el misterio y posterior resolución de los asesinatos. En vez de utilizar el interrogatorio policial de los testigos -que será esgrimido por otros personajes émulos de Dupin como el inspector Maigret del francés Georges Simenon, o el belga Hércules Poirot de Agatha Christie- Poe se basa en una serie de artículos de prensa publicados en la Gazette des Tribunaux.
El detective sigue de cerca la crónica policial que reproduce los testimonios de los vecinos de la mansión L´Espanaye, quienes son despertados a altas horas de la noche por "espantosos alaridos" procedentes del lugar del doble asesinato. El crimen se produce en una habitación con puertas y ventanas cerradas por dentro, inaccesible para un ser humano, donde se encuentran, esparcidos en el piso, cuarenta mil francos. El cuerpo de madame L´Espanaye es encontrado prácticamente decapitado en el patio y el de su hija introducido en la chimenea con signos de arañazos, producto de la resistencia al homicida.
Las contradicciones expresadas por los interrogados, quienes creen haber reconocido la voz ronca de un francés, de un alemán, de un holandés, un italiano, un ruso y de un español, se presentan como un misterio de difícil resolución para la policía francesa. Dupin in situ descubre finalmente al autor de los atroces asesinatos: un orangután leonado de la especie de Borneo. Un aviso publicado por Dupin y su amigo en Le Monde confirma dicha hipótesis. Un marinero reconoce que el animal se le escapó cerca de la casa de madame L`Espanaye en la noche de los crímenes.
EL REGRESO. Pasarían dos años antes de la rentrée de Dupin. El relato se llama "El misterio de Marie Rogêt", conocido como "La continuación de los crímenes de la calle Morgue". Esta vez, Poe se vale de un hecho verídico: el asesinato de Mary Cecilia Rogers, cuyo cuerpo se encontró en las cercanías de Nueva York. "El misterio..." narra la desaparición de una grisette parisiense un domingo de mañana cuando se encaminaba hacia la casa de su tía. Al igual que en "Los crímenes...", Dupin se vale de las crónicas de varios diarios - L´Étoile, Le Commercial y Le Soleil- para aclarar el crimen. Según Matthew Pearl, autor de La sombra de Poe y prologuista de esta edición de La trilogía Dupin, Poe utilizó los artículos de prensa de los diarios neoyorquinos y los extrapoló a diarios parisienses.
Pero hay algo que no deja de sorprender. El relato fue publicado en noviembre de 1842, cuando el asesinato ocurrido en Nueva York aún no se había aclarado. Cuando el crimen verdadero se resolvió, las conclusiones de la policía eran similares a las de Dupin. Varios biógrafos de Poe han señalado que los argumentos de la ficción utilizados en el relato se aplican a la realidad, puesto que el objetivo del escritor era, bajo la excusa de la narración, esclarecer ese crimen.
DUPIN SE DESPIDE. Las aventuras de Dupin se cierran en 1844 con "La carta robada", el relato más breve de la saga. El prefecto de la Policía de París irrumpe en un momento de spleen de Dupin y su amigo -quienes se encontraban reflexionando en penumbras, acompañados de una pipa de espuma de mar- en busca de ayuda. Se trata del robo de una carta por parte del "ministro D..." que, en manos inescrupulosas, pondrían en juego el honor de un personaje de las altas esferas políticas de París.
La Policía da vuelta la casa del ladrón, examinando todos los cuartos, muebles, cajones y cada libro de la biblioteca, sin resultado positivo alguno. Dupin escucha atentamente a su interlocutor y tras varias preguntas, le asegura que si le firma un cheque por concepto de sus honorarios le entregará la carta. Ante la sorpresa de su amigo, el detective, sin inmutarse, le explica su método de análisis.
Pese a la fama de Holmes, que hundió en el ostracismo a su precursor, son varios los escritores que reivindican a Dupin como el primer detective de la literatura. El inglés Gilbert Keith Chesterton (1874-1936), considerado uno de los sucesores de Poe, y creador de las novelas policiales protagonizadas por el Padre Brown, afirmó que no se habían escrito cuentos policiales superiores a los de Poe. Para Jorge Luis Borges era el inventor del relato policial. Más cercano en el tiempo, Ricardo Piglia en su libro El último lector (Anagrama, 2005) aborda el personaje y su importancia en la literatura. En el tercer ensayo del volumen, sostiene que la creación de Poe desplaza la importancia de fenómenos sobrenaturales, como origen del mal, al criminal. "El paso de este universo arcaico y sombrío al universo de la pura razón tiene mucho que ver, una vez más, con el acto de leer e interpretar palabras escritas. Transformando el mundo de los espectros y de los terrores nocturnos en un mundo de amenazas sociales y crímenes, el género pone en dimensión interpretativa y racional la serie de hechos extraordinarios y asombrosos que son materia del gótico".
LA TRILOGÍA DUPIN. Traducción de Julio Cortázar, prólogo de Matthew Pearl. Ediciones Seix Barral, 2006. Madrid, 156 págs. Distribuye Planeta.