Alicia Haber
LAS CAMARAS DE fotos panorámicas se fabrican desde hace 158 años. Intentan registrar la misma visión panorámica con que ven los seres humanos, ampliando el cuadro de la fotografía convencional, en forma de ventana.
El uruguayo Carlos Costa, sanducero cinéfilo de 38 años, eligió este formato. Pasó sus horas de infancia en las matinés, razón por la cual tiene en el cine un referente al elegir el formato panorama, apostando a un fuerte sentido de inmersión en la escena. La etimología es significativa: pan, todo, orama, vista. En su caso, el placer deriva de juntar muchas cosas en la misma toma jugando con el lugar, el tiempo, y el sentido del espacio. Captar todo, registrar la inmensidad, tratar de atrapar una realidad compleja en su amplitud. Quien usa este formato tiene la intención de ver todo concentrado en un solo espacio.
Costa tiene actuar de manera diferente al fotógrafo que usa un formato convencional, debe emplear el tiempo de una manera especial, está obligado a detenerse y hacer muchas pausas, a escanear con sus ojos esa realidad antes de tomar la foto para adecuarla al ángulo de visión, buscando unificar los elementos.
También admira al director alemán Wim Wenders, a su cinematografía y a sus fotos. Para el realizador germano la fotografía es una manera de explorar, la considera parte esencial de sus viajes. Habla de la importancia de registrar la naturaleza sin lindes, sin edad, sin fin. Costa coincide.
ULTIMA MUESTRA. El sueño del artista uruguayo es llegar al uso del negativo 6 x 12, lo que le permitiría igualar el sistema de proporciones de la pantalla cinematográfica. Hasta ahora ha utilizado una Hasselblad XPAN en un negativo de 24x 65mm, con la que pudo hacer las fotos alargadas de su más reciente muestra, "Amarillo".
Carlos Costa tiene afinidad, atracción, fascinación, admiración, deslumbramiento, seducción, y obsesión por el color amarillo. Hace más de diez años que está hechizado e intrigado por ese color. Antes que la cámara, su ojo y su mente lo viene registrando en todos los lados a los que va. Su cerebro lo ha buscado y lo sigue buscando en la realidad. Costa se topa con él una y otra vez en literatura, música y cine, y lo privilegia en su mundo cotidiano: siempre logra ver el amarillo en cualquier contexto que se encuentre, por más escondido que esté el color. El amarillo llega a él y él al amarillo, tanto de manera consciente como inconsciente. Hay encuentros buscados y encuentros casuales. Y hay amores de toda la vida. Su cuadro preferido es Homenaje al Cuadrado de Joseph Albers.
Y cuando Costa decide hacer la serie "Amarillo" en el 2002, y mostarla en el 2003, todos estos factores cuentan. La mayoría de las fotos fueron tomadas en un viaje a Nueva York, en una estada en Olinda y en el Nordeste de Brasil, y hay algunas de Montevideo y de Rocha. Y suceden todo tipo de coincidencias, hallazgos, cruces y concurrencias . Comenta Costa refiriéndose a una cita célebre: "el azar favorece a la mente preparada".
MATICES Y EVIDENCIAS. En las tomas de la serie "Amarillo" el color no aparece en forma brillante, uniforme y plana. Está lleno de gradaciones, contaminado con la realidad. En las obras de Costa, se mezcla con las heridas del muro de Olinda, se tiñe de vejez y antigüedad en las casas nordestinas de Brasil, emerge oscuro en una playa desierta de Joao Pessoa, se enciende ante el sol de un balneario de Rocha, dialoga con grises entre rascacielos neoyorquinos, es invadido por negros ominosos de dibujos en las paredes de Manhattan, intercambia tonalidades con el verde de Central Park, emerge de la oscuridad de un túnel o es apenas un punto en medio de una escena lluviosa en la pista de un aeropuerto.
A veces el amarillo es muy evidente a través de un objeto que se impone en el primer plano, en otros casos hay que descubrirlo atrás en la zona más lejana de la imagen, en un costado en el que surge casi imperceptible. Se lo ve de inmediato en un auto en una playa de la costa de Rocha, en los taxis de Nueva York, en una cinta de las que utiliza la policía estadounidense para cerrar la escena del crimen, y se lo hipercodifica con el letrero en el que se lee yellow en un camión con taxis. En ocasiones es parte fundamental del paisaje. Hay que poner más atención cuando apenas es la mancha de un tren en la lejanía, la sombra de un taxi en lo oscuro nocturno, la parte trasera de un auto que aparece fugazmente, el pilot de un personaje que aparece diminuto frente a la monumentalidad de un avión y los auriculares de teléfonos en medio de la sincopa neoyorquina.
SOLEDADES Y MULTITUDES. Si se observan las fotos de Costa con un poco de detenimiento se descubren cuestiones ominosas, elementos inquietantes, temas vinculados al deterioro, la vejez, la soledad y el desequilibrio. Existen también contrastes entre caos y orden. Se perciben realidades que tienen sus problemas. La pobreza tercermundista del nordeste brasileño y Olinda, patrimonio de la UNESCO descuidada y descascarada, son algunos temas abordados. Hay reflexiones visuales sobre el orden y desorden, sobre el caos y la serenidad que quedan plasmadas en las sillas y toldos de una playa en Joao Pessoa. El puente de Brooklyn connota soledades en medio de multitudes, tan típicas de cosmópolis como Manhattan; la racionalidad se ve desequilibrada en la toma del cuadro de Albers, o en la playa brasileña desierta, con nubarrones amenazadores, lo que habla de posibles tormentas, con las sillas que llegan a parecer peligrosos insectos gigantes.
Las tomas que registran Nueva York hacen pensar en amenaza, desastre y violencia. Todas ellas fueron sacadas luego del 9/11, y la que emerge en la lente de Costa es una ciudad en estado de guardia. Este es un espíritu que permea la urbe, y Costa trasmite en escenas que hipercodifica con el lenguaje de algunos letreros donde se explicitan llamativos caution y emergency.
Este tópico se subraya con tomas del Memorial de Vietnam de Manhattan, con la ausencia de seres humanos, con elementos que hablan de pedido de ayuda, de escape por puentes, de la relación entre seguridad e inseguridad. La oscuridad alienante en un pasaje de Nueva York sugiere miedo, los graffiti violentos de una pared de la Gran Manzana asustan, un misterioso personaje se escabulle en un avión y se lo puede asociar con miedo y sospecha frente al terrorismo. Un buzón deteriorado y un auto viejo en el Uruguay, son dos síntomas de un país en estado de estancamiento y descomposición.
MARCAS EN EL ESPACIO. Como muchos fotógrafos, Costa cuenta historias sin palabras aunque se apoya en ocasiones en textos que sirven de disparador para la interpretación. No le pone título a cada foto, no quiere anclar demasiado el significado, quiere dejar las lecturas abiertas. Lo que hace es poner el término amarillo en diferentes idiomas. Este es un signo de pluralismo, de respeto a la diversidad cultural, de amor por las culturas, de respeto al Otro, de interés por el extranjero, de lucha contra la xenofobia.
Las historias están en las tomas y también en ciertas secuencias, en el orden en el que expone. Esto queda en evidencia en los trípticos. Pero el artista no explica, deja que el espectador descubra. Hay una secuencia muy sutil que va desde una toma en la que se lee el letrero policíaco de Caution-Not Enter, y luego pasa a otra del memorial de Vietnam en Manhattan, tal vez recordando una guerra en la que los Estados Unidos no tendría que haber participado y que logró desequilibrar a toda una nación. Luego surge el registro oblicuo del cuadro de Albers, elemento que puede connotar desequilbrio provocado por esa guerra. La secuencia continua en el cartel donde dice Meditación, que obliga a pensar en guerras inútiles, costosas, traumáticas, y finaliza en el avión del aeropuerto que implica la partida poco gloriosa de los estadounidenses de Vietnam.
Muchas de las tomas son realizadas en otras ciudades que no son la suya, urbes que generan ansiedad, inseguridad, porque ofrecen nuevas formas de convivencia, otras arquitecturas, y diferentes estilos de vida. Costa se apropia de ellas, las hace suyas buscando un pattern, el amarillo, y así seguramente se siente más en casa, o logra puntos de apoyo en una realidad que no es la suya.
Costa le otorga una cualidad al espacio, le pone la marca, que en este caso es su ojo rescatando lo amarillo. Le da, así, especificidad a lo múltiple y cambiante.
Nota: La muestra "Amarillo" puede observarse completa en el Museo Virtual de Artes El País .