Nueva narradora norteamericana
Tras el éxito de "Cat Persons", con once relatos más Kristen Roupenian armó la docena y presentó un libro de cuentos muy esperado.
Una pintura de la polaca Aleksandra Waliszewska (1976), especialista en horror, mujeres y gatos, es el primer llamador del libro de relatos Lo estás deseando, de Kristen Roupenian. Por lo menos para alguien que no haya oído hablar de Roupenian o de su cuento más famoso, “Cat Persons”, publicado en The New Yorker el 11 de diciembre de 2017. El cuento trataba sobre Margot, una chica de veinte años, y Robert, un hombre de treinta y cuatro, que se conocen en el cine donde ella trabaja. Ella flirtea, él no cede al principio pero luego abre una estrategia de conquista que consiste en dar con una mano y quitar con la otra, amabilidad distante, control sutil, imposición de gustos y alternancia entre el rol de victimario, víctima y consolador comprensivo. Margot, que en realidad no está prendada del hombre por lo que este es —ni siquiera le gusta— comienza a interesarse porque el ajedrez sentimental en sí mismo es cautivante. Comienza a “construir” a Robert. La construcción se deteriora ya antes del encuentro sexual y sin embargo Margot accede, como si para decir que “no” hubiera un límite. Lo que viene después desnuda las señales que se ignoraron antes.
Con este relato coloquial, sencillo, transparente, Roupenian logró que las redes estallaran y su texto se hiciera viral, replicándose una y otra vez y generando todo tipo de comentarios. En la historia de The New Yorker, algo así solo había pasado con “La lotería” de Shirley Jackson (palabras mayores, una maestría en horror) y con “Brokeback Mountain” de Annie Proulx. Pero en 2017, además, tanto The New Yorker como The New York Times cubrieron el escándalo de las denuncias sexuales contra el productor de Hollywood Harvey Weinstein, y a partir de ahí nació el movimiento #MeToo. El cuento de Roupenian coincidió y conectó con esa oleada de indignación y la prestigiosa editorial neoyorkina Simon&Schuster le adelantó a su autora una cifra de siete números, más de un millón de dólares, por un libro que lo incluyera. Ese libro es este.
Doce caídas
Además de “Un tipo con gatos” (así se tradujo “Cat Persons”), Lo estás deseando incluye otros once relatos inquietantes y macabros, pero sobrados de ironía para no volverse maniqueos o portadores de mensajes y lecciones. El discurso de Roupenian parece que le hiciera el juego al aire de los tiempos pero rascando un poquito se percibe que va un paso más allá. Aquí no hay hombres malos contra mujeres buenas, ni mujeres malas contra inocentes. El primer cuento es “Chico malo”, relato en primera persona del plural y sin nombres propios que gira en torno al sadomasoquismo y la humillación emocional: una pareja (hetero o gay, no se sabe) involucra de a poco en sus encuentros sexuales a un amigo, arrastrándolo a un desenlace criminal. La pregunta de por qué la gente hace lo que hace se responde con el título: porque desea, porque quiere.
“Look at Your Game, Girl” se ambienta en 1993 y cuenta la historia de una niña de doce años seducida por un desconocido sucio y atractivo que conoce en un parque. El cuento recuerda a “Un hombre sin suerte” de Samanta Schweblin, que podía leerse como un manual de pedofilia o un anatema a los prejuicios; el de Roupenian es menos amable, y menos logrado. “Sardinas en lata” transforma el juego de una niña en una despiadada venganza hacia la nueva y joven pareja de su padre, mientras la madre vive en su “refugio de vino y Netflix”. El cuento es críptico, pero más lo es “El corredor nocturno”, en el que un grupo de chicas en Kenia atormenta a un pánfilo profesor del Cuerpo de Paz. ¿O será que los modos en que la masculinidad interpreta las señales femeninas son harto convenientes a los fines masculinos? La pregunta flota implícita.
Lo que Roupenian hace en “El espejo, el cubo y el fémur viejo” ya lo hizo Angela Carter: un cuento de hadas contemporáneo que presenta el amor como un constructo ilusorio. Junto con el borgeano “Cicatrices”, lo más flojo del volumen. “El signo de la caja de cerillas”, donde un matrimonio amenaza colapsar cuando ella enferma de la piel a causa de unos parásitos hace recordar “El almohadón de plumas” de Horacio Quiroga: igual temperatura de horror, y sin importar si los bichos son reales o imaginarios, el dolor es auténtico. El cuento se alarga demasiado, aunque no tanto como “Un buen tío”, la triste historia de Ted, un treintañero que usa y tira mujeres y las ve implorar amor aunque él no valga mucho y necesite, para tener sexo, imaginar que su miembro es un cuchillo que todas quieren tener adentro. Todo el tiempo Roupenian mueve material vulnerable, personajes que tras la aparente fortaleza tienen un miedo atroz a ser rechazados, a reconocer la verdad y decirla, a arriesgar un mínimo costo para obtener lo que saben que será con la mejor de las suertes, un magro beneficio. Más que juicio o desprecio hay una suerte de refugio transitorio de cinismo: así es la vida, no hay de qué asombrarse.
Soltura
Como en Amy Hempel, o Miranda July o A. M. Homes, lo que destaca en Roupenian es la soltura envidiable con que escribe, la prosa descontracturada, humorística y sin culpa, nunca buscando hacer el cuento perfecto. Más allá del resultado puntual, a veces discutible o menor, y otras poderoso. Junto con “Un tipo con gatos” hay tres cuentos que se despegan. Uno es “El chico de la piscina”: una lesbiana organiza la despedida de soltera de su mejor amiga y contrata a un actor mediocre que hizo las delicias de la adolescencia de ambas. El hombre va y cumple su parte, pero la idea de recobrar la sensación del pasado es un precio aparte. “Una chica de las que muerden” y “Deseos suicidas” son dos caras de la moneda. En el primero una desquiciada demuestra que si se espera lo suficiente cualquier hombre es jodido. En el segundo, el mecanismo retorcido de Roupenian se manifiesta en todo su esplendor. El protagonista es Ryan, un cliente de la red de ligue Tinder, divorciado y que cree que lo ha visto todo. Hasta que conoce a Jacquelyn, masoquista que llega al encuentro con una misteriosa maleta y que le pide una golpiza como preliminar del sexo. Lógicamente, Ryan tiene sus pruritos y no quiere hacerle daño. También quiere saber qué hay en la maleta. Pero sobre todo, quiere tener sexo.
Nacida en Massachusetts en 1981, Roupenian es hábil para definir personajes cuyas conductas y los discursos que se hacen a sí mismos (y a los demás) no coinciden. Mentirosos, ególatras, perdedores, autoconmiserativos, monstruosos, sus personajes van y vienen del empoderamiento a la esclavitud, rehenes de la sexualidad y de una larga lista de miedos en torno a ella y a los sentimientos.
LO ESTÁS DESEANDO, de Kristen Roupenian. Anagrama, 2019. Trad. de Lucía Barahona. Barcelona, 281 págs.
