Narrativa muy inteligente

Cuentos de la Premio Nobel Alice Munro para agradecer y celebrar

Llegó traducido su tercer volumen de relatos, un verdadero deleite para los lectores.

Alice Munro
Alice Munro

Una trama de alusiones puede sostener un cuento mejor que un argumento. Una prosa sencilla, modesta hasta la invisibilidad, a menudo es más eficaz que una amanerada, y una epifanía justifica por su sola autenticidad un relato abierto. Eso dice la escritora canadiense Alice Munro a lo largo de su obra, celebrada en 2013 con el Premio Nobel de Literatura. Desde entonces sus libros conocieron numerosas traducciones y ahora llega al español su tercer volumen de relatos, Algo que quería contarte, publicado originalmente en 1974 y tan expresivo como sus títulos más difundidos (¿Quién te crees que eres?, El progreso del amor, Demasiada felicidad).

Ocho grandes relatos en un total de trece piden celebrar la recuperación de estas historias que transitan por el mundo semi agrario de Munro, no tan apartado de la vida urbana, con sus pueblos de baja escala y personajes familiares. Muchos críticos han vinculado su narrativa a la vida cotidiana de las mujeres, pero no es un punto de llegada sino el de partida hacia los livianos y profundos motivos que deciden los destinos humanos.

Madurez

En “Algo que quería contarte” dos hermanas añosas conversan sobre el regreso al pueblo de un antiguo novio de una de ellas, entonces casada con un hombre sereno, cordial, que durante el relato se mantiene como una sombra en el decorado de la vida de las dos mujeres porque toda la atención se centra en las idas y vueltas de la relación de Char con su lejano amor. Solo que, con exquisita naturalidad, sobre el final de esa historia Munro revela que también ha contado otra trama, inadvertida para el lector, como probablemente lo estuvo para los que fueron testigos de la vida de las hermanas.

“Material” muestra una inteligencia similar en el relato de una mujer que demuele la figura de su ex marido, un escritor pretencioso, de suerte irregular, con el que estuvo casada muchos años. Lo denigra durante la mayor parte del cuento, aunque le reconoce algunos méritos, y es inocultable que Munro aprovecha para burlarse de las frivolidades en los ambientes literarios. Han pasado muchos años desde el divorcio y los dos rehicieron sus vidas, pero el relato muestra la intimidad de un reproche que brilla como una brasa.

Con un tono más sencillo y emotivo, el cuento “Cómo conocí a mi marido”, acerca a una joven empleada doméstica, intrigada, como los dueños de la granja donde trabaja, con la llegada de un piloto a un campo lindero para ofrecer paseos en su avioneta por unos pocos dólares. Con el paso de los días, detrás del piloto también llega su novia, y las confusiones, acusaciones y ofensas, desembocan en una serie de paradojas que terminan por instalar a la empleada en la posición más inesperada.

Los relatos de Alice Munro exhiben una madurez ganada en la observación de la vida y sus experiencias, de modo que no precisan artificios ni fuertes énfasis para transmitir lo que la autora se propone decir. Se diría que el cuento existe ante de ser escrito, incluso antes de que ella misma lo descubra, y, solo ordena aquí y allá la manera de presentarlo. Desde luego, se trata de una ilusión promovida por la maestría del estilo, pero es posible que la alienten las formas tribales de la permanencia, que en los pueblos cristalizan sobre historias de familias, propiedades y destinos, y se vuelven irrelevantes en la vida vertiginosa de las grandes ciudades. Munro también sabe que la realidad es desprolija, capaz de desmentir muchas expectativas, y lo cuenta con un solapado tono de comedia en “El perdón en las familias”, relato de una mujer sobre su desquiciado hermano, siempre favorecido por la madre y rescatado de una patética performance por el azar. Más previsible es el encuentro que urde una abuela preocupada por el futuro de su nieta en el cuento “Marrakech”, pero entonces es el carácter desprejuiciado y libre de la anciana lo que centellea con inesperado encanto, y se roba el cuento.

“Verdugos” es un magnífico relato gótico que regresa a la infancia con el retrato de sus miedos y seducciones, sobre el fondo de unos episodios truculentos a los que apenas alude. Muestra con claridad que la prosa de Munro, en buena parte de sus cuentos no avanza por sugerencias sino por alusiones, hechos o episodios que están fuera de la superficie del texto pero dentro del relato, de formas tan distintas y sutiles que intervienen de un modo preciso en el desarrollo de las historias.
En contraste con lo no dicho, despliega un caudaloso mundo de detalles, a cuál más expresivo, y finas percepciones. En un episodio del cuento “El valle de Otawa”, a punto de entrar a un servicio eclesial con su madre y otros parientes, a una niña se le rompe el elástico de la bombacha. “La agarré por ambos lados a tiempo; entonces no tenía caderas que sirvieran para sostener nada”. El único alfiler que puede ofrecerle la madre sujeta un bretel roto de su enagua, así que ella le dice que se quite la bombacha y nadie se dará cuenta, pero por nada del mundo la niña quiere entrar desnuda a la iglesia, aunque solo sea bajo la pollera. Es un fastidio entre mujeres donde está comprometida la vergüenza: o la madre expone su enagua debajo del ruedo del vestido, o la niña debe quedar fuera de la ceremonia. El cuento evoca la progresiva enfermedad de la madre, las primeras percepciones de su sufrimiento, y en una secuencia posterior Munro se da el lujo de afirmar: “Si de verdad me hubiera propuesto crear una historia como es debido, la habría terminado, me parece, en el momento en que mi madre no me contesta y se aleja caminando por el pasto. Habría bastado. No me detuve ahí, supongo, porque quería indagar más, recordar más”. De nuevo la realidad perdida está fuera del cuento, y la narradora comparte su elección con el lector.

El mundo de la infancia irrumpe con más esplendor en “Una barca abandonada”. Es un cuento abierto como un paraguas, sostenido por el vértice de una epifanía. Dos niñas se acercan disimuladamente al mundo de los varones y poco después, de correrías por el campo, todos se quitan la ropa para bañarse en un río. Entonces las niñas descubren la desnudez, los nervios de la desnudez, antes de cualquier comprensión erótica. Está magistralmente narrado, con la serenidad de quien ha vivido lo bastante para transmitir el desorden sensible de la vida en todas las edades del corazón humano.

Algo que quería contarte es un libro para agradecer y celebrar.

ALGO QUE QUERIA CONTARTE, de Alice Munro. Lumen, 2021. Barcelona, 298 págs.

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