Literatura uruguaya

Cuentos meticulosos, complejos, filosos, cáusticos, la materia prima para una mente lectora entrenada

Último libro de Mercedes Estramil

MERCEDES ESTRAMIL
Mercedes Estramil
(Archivo El País)

por Ionatan Was
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Suele ocurrir que los cuentos se entienden como un paso previo a la novela. Aunque esta percepción está lejos de la realidad. Borges es el mejor ejemplo. Mucho más terrenal es Espinos blancos, fiestas privadas de Mercedes Estramil, siendo que para entenderlo (y disfrutarlo) vaya si habrá que tener la mente entrenada y alerta hasta al mínimo detalle. Son cuentos meticulosos, complejos, y también filosos, cáusticos. Pero sobre todo tan diversos que son imposibles de encasillar.

El lector asiduo de El País Cultural conoce de sobra a Mercedes Estramil, si no por sus libros, seguro por los más de treinta años en el arte de escribir reseñas críticas. Además es asidua jurado en concursos y lleva adelante sus talleres. No es ninguna primeriza, sabe de escribir libros, y también de otros oficios, ya que se intuye que por muchos años combinó estas aficiones con un trabajo más mundano que seguro la inspiró en sus ficciones.

Para Espinos blancos... la autora sacó cuentos del archivo personal, aunque la mayor parte —once entre quince— se concibieron en el último verano entre Salto, San José y el balneario San Luis, entre las termas y el mar, pasando por la piscina. Esa diversidad se ve bien reflejada: no hay un cuento parecido al otro, cada uno posee su huella distintiva. Tampoco hay una línea ni continuidad. Hay sí, para el lector atento, un rasgo, una tendencia apenas revelada entre líneas. Igual que el humor, muy uniforme y asperjado que destila a cuentagotas, y demasiado fino para que se revele a las primeras de cambio.

Los cuentos se suceden en ríos y balnearios, en general sin nombre; o en las calles de Montevideo, siguiendo el ómnibus 427; o si no en un lago helado, cuando por única vez el ambiente parece salirse de una uruguayez ostensible, que también se cuela en los muchos y diversos personajes. Claro que hay cuentos mejores que otros. Están aquellos más complicados de digerir porque los hechos y los nombres pasan demasiado rápido. Otros mejor logrados, menos profusos, con ritmo más apacible aun cuando se ramifiquen en otros mini cuentos, y con sus miradas sobre los adultos y sus conflictos y sus hijos dispersos. Siempre con su estilo despiadado y mordaz, como el que retrata aquella mujer capaz hasta de liquidar el mundo literario nuestro.

ESPINOS BLANCOS, FIESTAS PRIVADAS, de Mercedes Estramil. HUM, 2024. Montevideo, 125 págs.

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