por László Erdélyi
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La violencia en las calles es un tema de discusión permanente en Uruguay, y más con los recientes atentados a fiscales. Cada amenaza, atraco o asesinato lleva a culpar al ministro del Interior de turno, a la policía, a la justicia y, a veces, a las cárceles superpobladas como germen y causa de esa violencia. Pero las cárceles no son un culpable predilecto. Pensar las cárceles es un tema tan complejo que desborda cualquier discusión de boliche. Que hayan dejado de ser centros de rehabilitación, no solo en Uruguay sino en casi todo el mundo, es un asunto que exige un abordaje amplio, preciso, especializado y multidisciplinario, no discusiones de vereda. Es un tema central, que compromete el futuro de la comunidad.
Uno de los protagonistas en Uruguay en esta área y con éste enfoque ha sido el Dr. Juan Miguel Petit, quien se desempeñó durante diez años como Comisionado Parlamentario Penitenciario designado por el Parlamento uruguayo, tarea que cumplió entre los años 2015 y 2025. En dicha función no sólo pudo tener una cabal idea del problema —Manfred Nowak dejó en evidencia esta crisis en 2009 con una impactante visita a las cárceles uruguayas— sino que también le permitió acompañar un proceso a nivel de Naciones Unidas que buscaba una doctrina para frenar el trato cruel, inhumano y degradante en los centros de reclusión del mundo entero.
En 2020 Petit presentó a la Asamblea General del parlamento un nutrido documento que llega ahora al público en forma de libro, Cárcel, dignidad y derechos humanos, texto que pone sobre la mesa la necesidad de pautas claras sobre cómo tratar a los presos si queremos que tengan una reinserción positiva en la sociedad. El libro, por cierto, no se va por las ramas. Aborda el problema en sus múltiples aristas, cita a los grandes como Nowak (“La manera en que una sociedad trata a sus personas privadas de libertad es uno de los mejores indicadores de su cultura de respeto a los derechos humanos”), y se explaya largo en las Reglas Mandela aprobadas en 2015 en la Asamblea General de las Naciones Unidas, reglas que fueron producto de un notable consenso global, siendo luego la herramienta que permitió a muchos países establecer pautas mínimas para mejorar la situación en sus cárceles. Porque en lo mínimo, en esas cosas cotidianas que hacen la diferencia, es donde se comienza a recuperar la dignidad.
CÁRCEL, DIGNIDAD Y DERECHOS HUMANOS, de Juan Miguel Petit. FCU, 2025. Montevideo, 68 págs.