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La alocada historia del Teatro El Galpón

Dura, fuerte y alocada. Así fue la historia del Teatro El Galpón según este nuevo libro de Carlos María Domínguez publicado por Banda Oriental.

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Teatro El Galpón

En tiempos de reinvención, el escritor uruguayo-argentino Carlos María Domínguez instala un relato sobre el Teatro El Galpón que podría considerarse una guía para comprender un presente posible, o al menos para no desanimarse en el intento. Las anécdotas que completan las páginas van más allá de la historia de un teatro. En ellas el público encontrará múltiples ópticas para pensar la historia de la cultura reciente y, en especial, de la cultura de izquierda en el Uruguay.

En las últimas semanas pudo verse, por la Avenida 18 de Julio esquina Carlos Roxlo, a integrantes del Instituto Teatral El Galpón reafirmando su compromiso social histórico. No solo invitando a los transeúntes a retirar de su “perchero solidario” el abrigo que necesitasen para el invierno, sino también recibiendo alimentos no perecederos y artículos de limpieza para las canastas solidarias del Sindicato Uruguayo de Actores. En un momento de crisis y ruptura de las formas conocidas, la insistencia en los modelos de colaboración colectivos es una marca que caracteriza a una masa de artistas que, sumando nuevas generaciones y honrando a quienes ya no están, forman una voluntad grupal reunida en un edificio destinado a las prácticas escénicas. Mencionar primero a los integrantes antes que al emblemático Teatro El Galpón como institución, es una respuesta en un mundo casi sin presencialidad, bajo la prohibición de la escena. El contexto histórico refuerza la lucidez de Carlos María Domínguez en Dura, fuerte y alocada. La historia del Teatro El Galpón, autor que invoca, una vez más, reflexionar sobre un caso particular en la historia reciente de las artes uruguayas.

Máscaras y personas

Sería una injusticia nombrar a las personalidades más reconocidas, tanto para quienes pertenecieron a la Institución como para el público, por el sinfín de nombres, personas y personajes que deambulan por esta historia. Más allá de comprobar la cercanía entre ciertas jerarquías del teatro decimonónico —el conocido esquema triangular de poderes entre la dirección, la dramaturgia y el elenco—, El Galpón inaugura un abordaje de creación colectiva propia de los grupos teatrales latinoamericanos, y que tuvo su auge en la década del setenta.

Eso se ve reflejado en el libro, escrito como una historia coral, a muchas voces, con fuentes que varían entre materiales de archivo, entrevistas y la utilización de los videos del Ciclo A escena con los maestros, uno de los materiales más valiosos realizado por el Instituto Nacional de Artes Escénicas. Al decir de Aderbal Freire-Filho en el prólogo, la historia de El Galpón de Domínguez puede leerse como una novela, de lectura ágil y escritura precisa y detallada, visible en la minuciosidad de los trabajos anteriores del escritor.

Eterna precarización

La construcción del mito reforzado por el sacrificio, y una concepción histórica que separa el trabajo artístico del trabajo formal, fue mutando con el correr de los años. Si bien el teatro El Galpón comenzó con el esfuerzo voluntario, tras las funciones, los cambios de gobierno, las crisis económicas, el poco o nulo apoyo al teatro independiente, la formación y creación de públicos, el exilio forzado y el regreso anhelante, sumado a las contradicciones y discusiones que implicó la llegada de la izquierda al poder, la institución logró sostenerse y aportar a la actividad artística local con una praxis: ser trabajadores de la cultura, a la que defienden y defenderán a pesar de las caídas libres, militando junto a los sindicatos para proteger sus derechos laborales y humanos.

La hazaña acompaña los capítulos, en una trama de consecutivas acciones donde las vicisitudes de lo biográfico se muestran con un montaje pulido. Así como la historia del teatro es una proeza, también lo es la escritura. El objetivo de concretarlo en un libro es la demostración de la heroicidad de quienes son conscientes de la importancia de contarse, hacer registro, y hacer historia.

Una denuncia por abuso

Las descripciones acerca de los roles de las mujeres dentro del grupo y de los lugares de cuidado, por ejemplo de quién se hacía cargo de los niños mientras se realizaban las giras en el exilio, es un punto de vista del escritor —ejercido tal vez sin su voluntad—, asociado con una suerte de revisionismo histórico propio de una perspectiva de género. El análisis de los hechos aparece con datos informativos parejos, como una pincelada más de un gran cuadro. Remarcar y repensar cuál fue el lugar de la mujer en los espacios de creación de la izquierda es un camino para intuir cómo accionar en la actualidad, dialogando con acontecimientos puntuales. Ya en el primer capítulo queda en evidencia que la formación del grupo humano que dio origen al Teatro El Galpón estuvo directamente relacionada con la denuncia por abuso a uno de sus directores —mencionado de forma eufemística en el libro como “episodios de seducción sexual”—, y la decantación de algunos miembros por lo sucedido, lo que es relevante para la construcción del imaginario de los espacios mixtos que se intentan construir hoy. Sin ir más lejos, las denuncias de Varones Carnaval y Varones Teatro que aparecieron en redes sociales en el año 2020, y más allá de lo que pueda cuestionarse por la forma de proceder, no dista de lo que sucedió en 1950. En ese mismo año se publicaría un texto en el primer boletín del Teatro donde las integrantes de la Institución asumían que la centralidad del director artístico consolidaba otra forma autoritaria más de una organización patriarcal. Tomar conciencia sobre las luchas antecesoras puede ser una huella en el sendero sinuoso de los feminismos actuales, y esas instancias de discusión son, de alguna manera, el germen de la historia de El Galpón.

Para un público amplio

Este libro es una muestra del espíritu que mueve a la casa editorial Banda Oriental. No es un texto solo para integrantes del campo de las artes escénicas; va más allá, pues hay un claro interés por la historia más amplia del Uruguay. Ello permite sacar conclusiones tomando como ejemplo a una institución que sobrevivió, que interpuso los valores ante la mezquindad, y que logró persistir a pesar de la persecución, los problemas económicos, y la dificultad de sostener un proyecto colectivo de izquierda cuando los líderes se van y los ideales tienden a parecer antiguos dictámenes o eslóganes publicitarios. La épica de Bertolt Brecht se iza como una bandera, como una didáctica, formativa por y para el pueblo, y queda sujetada a un libro que habilita la única imposibilidad de las artes escénicas: ir contra lo efímero.

DURA, FUERTE Y ALOCADA. La historia del Teatro El Galpón, de Carlos María Domínguez. Banda Oriental, 2021. Montevideo, 243 págs.

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