Por Rosana Decima
El bosque comestible que un grupo de vecinos de Shangrilá, Canelones, creó hace ya unos cinco años, cada vez da más frutos, no solo literalmente, sino también metafóricamente, porque en este tiempo siguió creciendo y ahora dio paso a un nuevo proyecto.
La idea de este bosque en el que la mayoría de los cientos de árboles que están plantados son nativos, hizo soñar a los habitantes de la zona con algo aún más grande y en los últimos meses dieron vida al proyecto Canelón.
Graciela Moreira, integrante de la directiva de la Comisión Pro Fomento de Shangrilá, contó que este nuevo desafío es más ambicioso y busca reverdecer a toda Ciudad de la Costa. Detalló que esta iniciativa fue del Centro Cultural de Shangrilá, pero trabajan en conjunto desde hace varios meses con el Municipio de Ciudad de la Costa y la Intendencia de Canelones. Además, recibieron apoyo económico de Fundación Verde y Rotunda.
“Con nuestro primer proyecto, el bosque comestible de Shangrilá, nos dimos cuenta de lo poco que los vecinos sabían de nuestros frutos nativos. No sabían de la existencia de estos árboles ni conocían el sabor de sus frutas. Pero de a poco se fueron acercando”, contó Moreira.
Especies locales.
Al tratarse de especies nativas, hay muchos beneficios. Moreira explicó que estos árboles “permiten mucho más cosas que un árbol exótico. Por ejemplo, se adaptan mejor a la disponibilidad de los recursos eco sistémicos, reducen la cantidad de agua, porque los exóticos consumen muchísima agua, pero los árboles no tanta y se adaptan tanto a la sequía como a las inundaciones. Se adaptan a nuestro clima porque ya son de este ambiente”.
Con el proyecto Canelón lo que buscan los vecinos es priorizar la naturaleza en la Ciudad de la Costa: “Con el avance del saneamiento y de la población, cada vez vemos más cemento en lugar de espacios verdes y queremos revertir eso. Conocemos ciudades muy grandes, con mucha gente, que igual tienen sus espacios verdes y eso queremos hacer en Ciudad de la Costa”, explicó Moreira.
Si bien el trabajo lo realizan integrantes de la comisión, de la intendencia y del municipio, el pilar fundamental del proyecto son los vecinos: “Nosotros podemos plantar los árboles, pero si los vecinos no saben cuidarlos, no los protegen, el árbol no va a seguir existiendo. Entonces, solamente podemos plantarlos en lugares en que los vecinos estén organizados”, señaló Moreira.
Comenzaron a plantar estas especies en agosto de 2022 y actualmente ya van por unos 800. La meta es llegar a las mil plantaciones para el mes de junio, cuando se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente.
La diferencia con el bosque comestible de Shangrilá, en el proyecto Canelón hay árboles pero también arbustos y herbáceas. Hoy en plazas, plazoletas, avenidas y parques de Ciudad de la Costa se pueden encontrar, entre otras especies, Pata de Vaca, Pindó, Pitanga, Plumerillo Rojo, Ubajay, Rama Negra, Petunias, Mimosa, Lapayo, Cereza del Monte, Anacahuita, Arazá, Guayabos.
En los últimos meses realizaron más de veinte encuentros, algunos de ellos fueron talleres y charlas para conocer más sobre estas especies nativas, y otros directamente fueron para salir a las calles y plantar.
Quienes quieran acercarse a loa vecinos de Ciudad de la Costa para participar del proyecto pueden hacerlo a través del sitio web del Centro Cultural Shangrilá.
El bosque comestible de Shangrilá funciona desde hace más de cinco años y está ubicado en un predio que la Intendencia de Canelones cedió a la Comisión Pro Fomento de Shangrilá, que ocupa toda una manzana, entre las calles Venezuela y San Francisco.
Está ubicado, además, frente a la escuela N°167 (que es la N°234 en el turno de la tarde), por lo que en épocas de clases, los niños suelen participar junto a las maestras e integrantes de la comisión en diversas actividades en este jardín que es de toda la comunidad. Desde que nació la idea, el foco siempre estuvo puesto en que sea un espacio que uniera a grandes y chicos para que día a día puedan aprender sobre estas especies que son bien uruguayas y que, sin embargo, no son conocidas por muchas personas. En ese espacio hay plantados guayabos, arazás, pitangas, higueras, paltas, durazneros, manzanos, ciruelos y varias especies más.
En los últimos meses, acompañando el crecimiento de las especies que están allí desde el comienzo, plantaron también otros árboles y arbustos de frutos nativos para hacer un cerco en el lugar: “En agosto pasado plantamos más de cien árboles nativos, como arazá o guayabos, en una jornada que contó con la participación de un centenar de vecinos. La idea es delimitar el terreno y para eso hoy seguimos cuidándolos”, contó Graciela Moreira, una de las integrantes de la comisión.