LANAP: la era del láser en periodoncia y el posible final de las cirugías de encía como las conocíamos

Esta técnica redefine el tratamiento de la periodontitis avanzada al reducir la invasión quirúrgica, minimizar el dolor y la inflamación, y abrir la posibilidad de regenerar tejido que antes se daba por perdido

Sonrisa, dentista
Mujer en una consulta odontológica.
Foto: Freepik.

La enfermedad periodontal no avisa con dolor. A veces sólo sangra un poco. Sin embargo, es la principal causa de pérdida dental en adultos. Cada año, miles de dientes que podrían salvarse se pierden por diagnósticos tardíos. El punto crítico es que el daño ocurre en silencio: cuando el paciente llega, el hueso ya cambió.

La periodontitis ha sido, durante décadas, un problema tratado con métodos que sacrificaban tejido sano para controlar el daño. Hoy, esa lógica empieza a invertirse. Con la cirugía asistida por láser -LANAP- la intervención deja de ser una batalla abierta contra la encía para convertirse en una terapia precisa, selectiva y con capacidad de regeneración. Lo que antes suponía bisturí, suturas y molestias prolongadas, ahora puede resolverse mediante un protocolo guiado por energía lumínica que preserva lo que importa y elimina solo lo necesario.

Cuando las encías avisan

Muchos pacientes comentan que “el cepillado sangra un poquito”, o que sienten “mal gusto por las mañanas”. Otros notan que algún diente “se mueve apenas, pero no duele”. También aparecen halitosis persistente, encías que se retraen o la sensación de que la mordida cambió. Todo forma parte del mismo cuadro: enfermedad periodontal.

No se trata de suciedad. Es una reacción inmunológica crónica frente a bacterias específicas alojadas entre la encía y la raíz dental. Tiene un componente genético que define quién la desarrolla y cuán agresiva será. La consecuencia es siempre la misma: pérdida de hueso, aflojamiento dental y, si avanza, pérdida definitiva de las piezas.

En Uruguay el diagnóstico suele demorarse. Muchos pacientes pasan años recibiendo limpiezas que alivian, pero no detienen la destrucción del soporte dental. Que no duela es parte del problema: avanza sin dar señales fuertes.

El punto de quiebre: tratar sin cortar, sin dolor y sin inflamación

Durante décadas, la periodontitis avanzada se trató levantando la encía con bisturí para raspar y alisar la raíz, limpiar en profundidad y volver a suturar. Funciona, pero es invasivo y puede dejar secuelas estéticas difíciles de revertir.

LANAP -por sus siglas en inglés, Laser Assisted New Attachment Procedure- cambia ese enfoque por una razón concreta y muy entendible para cualquier paciente: no duele.

Ni durante el procedimiento, ni al día siguiente, ni a los tres días. No aparece inflamación y no existe el postoperatorio traumático típico de las cirugías periodontales.

El láser actúa sobre el tejido enfermo sin cortar la encía y sin dañar lo sano. El resultado es un lecho limpio, esterilizado, cerrado y capaz de volver a unirse de forma biológica a la raíz dental.

Mujer mayor en el dentista
Mujer mayor observa sus dientes en una consulta odontológica.
Foto: Freepik.

Evidencia clínica: lo que se observó en microscopio

Los estudios histológicos realizados en Estados Unidos mostraron regeneración real: nuevo hueso, nuevo cemento radicular y nuevo ligamento periodontal en casos tratados con LANAP. Series clínicas de más de seis años describen estabilidad y menor pérdida de tejido que con las cirugías tradicionales.

En marzo de 2025, el Journal of Periodontology publicó un análisis comparativo entre cirugía convencional y LANAP. El protocolo láser logró mejor reducción bacteriana, menor inflamación postoperatoria y mayor estabilidad periodontal a los 12 meses. No es un milagro: es técnica, física y ejecución rigurosa.

El punto crucial es que LANAP no busca únicamente “limpiar” el área afectada. Su objetivo real es modificar el comportamiento biológico del tejido. El calor controlado del láser estimula la formación de un coágulo estable, denso, que funciona como matriz para que las fibras vuelvan a adherirse al diente. Esa adhesión es lo que determina la estabilidad a largo plazo. Es una respuesta tisular documentada, con resultados que superan a los enfoques clásicos cuando el caso está bien indicado.

PDT: la segunda capa de control biológico

La Terapia Fotodinámica (PDT) añade un paso que potencia el resultado. Se aplica un fotosensibilizador -como el azul de metileno- que ingresa en los recodos y túbulos radiculares donde las bacterias pueden esconderse. Luego se activa con luz roja, lo que genera una reacción fotoquímica que destruye bacterias sin generar resistencia.

En clínica usamos un láser de diodo doble de 810 + 980 nm para la fase quirúrgica, y longitudes de 808 nm (100-200 mW) y 660 nm para la PDT. La lógica es simple: un láser limpia y coagula, el otro elimina bacterias escondidas. Esta integración mejora la cicatrización y la estabilidad a largo plazo.

Dentista
Paciente en una consulta odontológica.
Foto: Freepik.

Un concepto clave: regenerar, no mutilar

Las técnicas quirúrgicas clásicas fueron indispensables durante décadas. Respondían a una época donde regenerar no era posible. El láser permitió avanzar a un modelo distinto: mínima agresión, ausencia de dolor, control bacteriano profundo y posibilidad real de recuperar estructura en lugar de perderla.

LANAP no sustituye al criterio clínico ni la experiencia del periodoncista. Pero cuando la evidencia muestra que es posible recuperar tejido en lugar de perderlo, el paradigma se mueve. Y lo que está en juego no es sólo la encía: son tus dientes y tu hueso. La periodoncia está entrando en una etapa distinta, más conservadora y más precisa, donde preservar vale más que cortar.

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