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Hasta qué punto podemos detener el envejecimiento: claves para demorar las manifestaciones de la vejez

Estudios científicos explican cuáles son las causas del envejecimiento y aportan ideas para ralentizar este proceso la mayor cantidad de tiempo posible.

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Adulto mayor
Primer plano de una mujer mayor.
Foto: Freepik.

Jean-Paul Osores, El Comercio/GDA
Dentro del proceso de envejecimiento del cuerpo humano, existen las manifestaciones primarias. En este grupo, se encuentran aquellas que están genéticamente programadas para manifestarse. El ejemplo más común es la aparición de canas, las cuales alteran el color y la calidad del cabello, además de otras vellosidades ubicadas en la barba o los pectorales, en el caso de los hombres.

Por otro lado, también suele presentarse la pérdida de la flexibilidad para el trabajo del cristalino en el globo ocular, conocida como presbicia. En esta manifestación, la visión se altera para ver de cerca.

En términos de musculatura, hasta hace algún tiempo, se creía que la pérdida de masa muscular, así como la densidad ósea, eran parte de manifestaciones clínicas primarias, es decir, inevitables. A pesar de que parte de esto es cierto, la regulación hormonal, hoy en día, a través de ciclos hormonales controlados, ha logrado demorar la progresión de ambas. En otras palabras, una mujer u hombre de 50 años puede tener igual masa muscular que una persona de 35.

Aquello significa que, gracias a la fuerza asociada a la preservación y mantenimiento de la salud muscular y ósea, se puede lograr que una persona por arriba de los 50 años pueda estar funcionalmente bien, además de verse mejor. Esto se debe a que una notoria cantidad de masa muscular adherida a planos óseos logra, aparte de que la piel se tense, combatir el efecto gravitatorio, elevando planos dérmicos de 2 a 10 milímetros en todo el cuerpo humano. De este modo, los lugares en los cuales la piel tiende a tener flacidez, como en las rodillas, el abdomen y los glúteos, mejoran su aspecto notablemente.

Manifestaciones secundarias del envejecimiento.

Las manifestaciones secundarias del envejecimiento son aquellas que pueden demorar años en presentarse. Aquí tenemos que recordar que la teoría de los radicales libres, que son átomos con un electrón desapareado, interactúan con otras moléculas del cuerpo, causando una reacción en cadena que produce daño celular. Estos radicales libres pueden incrementar su producción natural durante la exposición a factores ambientales como la radiación, la contaminación, alimentos inflamatorios, sedentarismo y el tabaco, por ejemplo.

Todos ellos son totalmente controlados de manera preventiva. Así, la educación sobre sus efectos tóxicos nos ayudará a mejorar nuestra calidad de vida y a demorar la aparición de enfermedades degenerativas, así como el envejecimiento.

Desde el año 2009, con el Premio Nobel de Medicina por el estudio de la Telomerasa enzima que cuida el Telomero, porción externa del cromosoma que contiene material genético, donde se almacena el ADN y proteínas, actuando como capuchones protectores, se vienen desarrollando medicamentos y ensayos clínicos para poder disminuir el proceso de envejecimiento en todas sus formas.

En esa línea, trabajos en ratones han demostrado que, si se evita el acortamiento de los Telomeros, el envejecimiento se detiene, lo cual se ha podido lograr en animales dentro de laboratorios. No obstante, hasta que se pueda difundir para beneficio de la humanidad, sigue siendo un enigma dentro de la investigación e información guardada bajo siete llaves.

Lo mismo sucede con la industria oncológica, donde el diseño de una vacuna para el control de la producción de células anormales, así como medicamentos que frenen el avance de las mismas, ya es una realidad que pronto tendremos al alcance de nuestros pacientes. De esta manera, la quimioterapia, por ejemplo, pasará a un segundo plano.

De este modo, la teoría de los Radicales libres, así como la de la Telomerasa, son contundentes para explicar el envejecimiento, siendo la primera todo un reto para las personas, pues reducir el estrés no es sencillo. Además, siempre es ligado al circuito del placer, donde la búsqueda del mismo nos lleva, de manera subconsciente, a consumir alimentos altos en azúcares o carbohidratos, tanto como a activar hábitos nocivos para nuestros pulmones, como el uso de cigarrillos o vapeadores.

Estamos a la espera que las autoridades sanitarias a nivel mundial pongan de su parte dejando que medicinas guardadas o llevadas en secreto puedan estar al alcance de enfermos y pacientes quienes buscan aliviar sus síntomas. Todo un reto.

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