Estudio del MIT advierte cómo el uso excesivo de la inteligencia artificial puede afectar el cerebro

Delegar cada vez más decisiones y procesos mentales en la inteligencia artificial puede modificar la atención, la memoria y la forma de razonar, según un reciente estudio del MIT.

 Inteligencia Artificial
Representación de la inteligencia artificial.
Foto: Archivo.

Redacción El País
La inteligencia artificial dejó hace rato de ser un concepto lejano para transformarse en una presencia cotidiana. Hoy no solo se la usa para buscar datos o agilizar tareas laborales: también aparece como consejera, asistente personal e incluso como apoyo para decisiones sensibles de la vida diaria. La pregunta que empieza a ganar espacio es qué impacto tiene este vínculo sobre el cerebro y el bienestar mental.

Un reciente estudio del MIT (Massachusetts Institute of Technology), junto con aportes de especialistas en neurociencia, pone el foco en un aspecto menos visible del fenómeno: la manera en que la IA no solo responde a nuestras preguntas, sino que influye en cómo pensamos, organizamos ideas y evaluamos la realidad.

Cuando la IA empieza a pensar por nosotros

Los investigadores analizaron cómo los modelos de lenguaje influyen en los procesos cognitivos de quienes interactúan con ellos de forma habitual. El resultado es tan productivo como inquietante: al recibir sugerencias de la IA, las personas tienden a adoptar sus estructuras de razonamiento, sus patrones argumentativos y hasta su estilo de escritura.

Esto puede mejorar la eficiencia y ahorrar tiempo, pero también trae un costo. Según el estudio, una dependencia excesiva puede debilitar habilidades clave como la memoria activa, la capacidad de síntesis y la tolerancia a la complejidad cognitiva. En términos simples, cuando el cerebro se acostumbra a delegar el esfuerzo, entrena menos su propia capacidad de pensar.

Representación conceptual de la inteligencia artificial aplicada al ámbito empresarial, con un cerebro digital holográfico integrándose a un entorno corporativo moderno.

Un hábito mental más que una herramienta

Otro de los hallazgos centrales es que la relación con la IA se parece más a la construcción de un hábito mental que al uso de una simple tecnología. No solo importa qué hacemos con ella, sino desde qué lugar lo hacemos.

Un uso automático, apurado o ansioso tiende a reforzar esos mismos estados internos. En cambio, cuando se la utiliza con intención, atención y criterio, la IA puede potenciar procesos creativos y analíticos. Como sintetiza el neurocientífico Richard Davidson, referente mundial en el área: la tecnología amplifica la mente que la utiliza.

El riesgo silencioso: la erosión de la atención

La atención funciona como un músculo: si no se ejercita, se debilita. Los especialistas advierten que delegar tareas simples en la IA reduce el estímulo necesario para sostener el foco, recordar información y elaborar pensamiento profundo.

Este deterioro atencional está asociado a mayores niveles de estrés, impulsividad y malestar emocional. El cerebro humano necesita cierto grado de esfuerzo cognitivo para mantenerse saludable, del mismo modo que el cuerpo necesita movimiento para no atrofiarse.

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Inteligencia Artificial.
Ilustración: Freepik.

Claves para un uso más saludable de la IA

Lejos de demonizar la tecnología, los expertos proponen algunas prácticas sencillas para preservar la autonomía cognitiva:

  • Pausar antes de preguntar: intentar pensar una respuesta propia antes de recurrir a la IA como ejercicio mental.
  • Usarla como espejo, no como reemplazo: pedirle que cuestione o amplíe ideas ya formuladas, en lugar de que piense desde cero.
  • Alternar producción humana y asistencia artificial: escribir, reflexionar o crear primero, y luego usar la IA como apoyo.

Una oportunidad para pensar mejor

La discusión de fondo ya no pasa por si la inteligencia artificial va a cambiar nuestra mente: ese proceso ya está en marcha. El verdadero desafío es definir qué tipo de pensamiento queremos cultivar mientras convivimos con estas herramientas.

Usada con criterio, la IA puede aliviar cargas, enriquecer la creatividad y favorecer la reflexión. Pero el futuro, coinciden los especialistas, no será de quienes deleguen todo, sino de quienes mantengan activa la inteligencia humana que guía —y pone límites— a la tecnología.

En base a El Tiempo/GDA

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