Redacción El País
La migraña no es un dolor de cabeza común. Se trata de un trastorno neurológico complejo, recurrente y, en muchos casos, altamente incapacitante. Suele manifestarse con dolor intenso —generalmente de un solo lado de la cabeza— y puede venir acompañado de náuseas, vómitos, hipersensibilidad a la luz o al ruido, y alteraciones visuales conocidas como aura.
De acuerdo con datos difundidos por sociedades neurológicas, más del 13% de la población la padece, con una incidencia claramente mayor en mujeres. La migraña impacta de lleno en la calidad de vida: condiciona el trabajo, la vida social y el bienestar emocional, especialmente cuando los episodios se repiten con frecuencia.
Los especialistas coinciden en que su origen es multifactorial. Influyen factores genéticos, hormonales y neurológicos, además del estrés, la falta de descanso y los cambios bruscos de rutina. Todo esto altera el funcionamiento cerebral y el calibre de los vasos sanguíneos, lo que desencadena el clásico dolor pulsátil.
Un truco sencillo que se volvió viral
En ese contexto, no sorprende que muchas personas busquen alivio rápido cuando aparece una crisis. Más allá de los tratamientos médicos indicados por profesionales, en los últimos meses ganó visibilidad un truco casero tan simple como llamativo: sumergir los pies en agua caliente.
La recomendación fue difundida en redes sociales por un divulgador sanitario vinculado al ámbito de las emergencias, y rápidamente se volvió viral. La propuesta es clara: llenar un recipiente con agua caliente —sin que queme— y colocar allí los pies durante algunos minutos al inicio del dolor.
Según explica, el calor provoca una vasodilatación periférica, es decir, los vasos sanguíneos de las extremidades se dilatan. Esto favorece que parte del flujo sanguíneo se desplace hacia los pies y se reduzca la presión en los vasos de la cabeza, que suelen estar involucrados en la migraña.
Qué dice la fisiología y cuándo puede ayudar
Desde el punto de vista fisiológico, el mecanismo tiene cierta lógica. El calor aplicado en zonas distales del cuerpo genera una redistribución del flujo sanguíneo, lo que podría colaborar en aliviar la sensación de presión craneal típica de la migraña. Además, el contacto con agua caliente tiene un efecto relajante general: ayuda a disminuir la tensión muscular y a bajar los niveles de estrés, uno de los desencadenantes más frecuentes.
Eso sí: los especialistas aclaran que este tipo de recursos no reemplaza un tratamiento médico ni sirve para todos los casos. Puede funcionar como complemento o alivio inicial en algunas personas, especialmente en crisis leves o moderadas.
Como siempre, si los episodios son frecuentes, intensos o empeoran con el tiempo, lo indicado es consultar con un profesional de la salud. La migraña tiene abordaje y opciones terapéuticas, y no debería naturalizarse como algo con lo que simplemente hay que convivir.
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