Redacción El País
En una reflexión que compartió con sus seguidores, la reconocida escritora y conferencista Mel Robbins cuestionó la idea de que tener un rato libre implica estar disponible para los demás. Contó que, al disponer de unos minutos sin compromisos, sintió la tentación de “aprovecharlos” para responder mensajes o resolver tareas pendientes. Pero enseguida se corrigió: el descanso, recordó, no es otro espacio de productividad.
Su mensaje apunta a un problema común en la vida moderna: la confusión entre estar libre y estar accesible. El teléfono, el correo y las redes sociales se han convertido en extensiones permanentes del trabajo o de las demandas ajenas. Y eso, según Robbins, impide el verdadero descanso.
Desconectarse para recargar
La autora invita a “bajar un cambio” y reservar momentos de ocio sin culpa, sin responder a nadie y sin llenar cada instante de ruido digital. “Necesitamos tiempo libre para estar libres de obligaciones”, afirmó, remarcando que el descanso también es no hacer nada.
Su propuesta no se trata de renunciar a la tecnología, sino de ponerle límites. En lugar de llenar el ocio con pantallas, sugiere reconectar con actividades simples que aporten calma y placer: leer, caminar, practicar deporte, compartir con la familia o aprender algo nuevo. Acciones cotidianas que ayudan a recargar energía y a reconectarse con uno mismo.
Cuando el descanso se vuelve otra obligación
Robbins advierte que el mal uso del tiempo libre —ese que termina atrapado entre redes sociales, series o notificaciones— genera más estrés, más dependencia tecnológica y más sedentarismo. El descanso, dice, pierde sentido cuando se convierte en una extensión del trabajo o del entretenimiento superficial.
Por eso propone una mirada más consciente: no se trata de hacer más, sino de vivir mejor lo que se hace. Aprender a decir “ahora no” a los pedidos externos permite luego decir “sí” con más presencia y energía.
El equilibrio como forma de autocuidado
La coach resume su mensaje en una idea poderosa: proteger pequeños bloques de calma y disfrutarlos sin justificarse ante nadie. El descanso no debería ser un premio excepcional, sino parte del cuidado personal cotidiano.
Dedicar tiempo libre a estar realmente libre —de pantallas, de urgencias y de expectativas ajenas— es, para Robbins, una práctica de bienestar sostenido. Una invitación a frenar, respirar y recordar que, muchas veces, la mejor forma de “hacer” es simplemente no hacer nada.
En base a El Tiempo/GDA
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