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Cinco beneficios del fracaso: por qué es bueno cometer errores de vez en cuando

Todos podemos equivocarnos, pero lo importante es el aprendizaje que nos llevamos cuando eso sucede y cómo reaccionamos.

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Mujer insegura
Pulgar hacia arriba y hacia abajo.
Foto: Freepik.

Todos hemos fracasado alguna vez en nuestra vida. Incluso J. K. Rowling, escritora de la saga Harry Potter, conoció el fracaso varias veces antes de alcanzar el éxito rotundo, porque le rechazaron su obra hasta en 12 editoriales diferentes. Sin embargo, la autora asegura haber aprendido un montón en ese proceso.

Para la psicóloga Laura Fuster, fracasar es importante porque “desarrollamos habilidades y aprendizajes después de un número determinado de intentos". Además, agregó que, si negamos el error o el fracaso, no podremos probar cosas nuevas y aprender.

Errar nos hace humanos y fracasar nos ayuda a generar mayor tolerancia ante las adversidades, potencia nuestra capacidad de resiliencia y nos motiva a la acción activando estrategias o mecanismos diferentes a los anteriormente usados.

Los beneficios de fracasar.

1. Tolerancia a la frustración: Cometer errores hace que poco a poco lo veamos como algo natural. Podemos vivir el fracaso como una parte de la vida y no con amargura o frustración.

2. Rebajar el perfeccionismo: Fracasar de vez en cuando puede hacer que no necesitemos hacer las cosas perfectas y disminuir nuestra exigencia con nosotros mismos.

3. Eliminar el miedo al fracaso: Muchas personas no intentan hacer algo por el miedo a fallar y, de este modo, nunca desarrollan dicha habilidad. Si cometemos pequeños errores, veremos que un fracaso no es tan grave y que muchas veces se trata de intentarlo y disfrutar del periodo del aprendizaje más que del resultado en sí.

4. Desarrollar habilidades: Según Fuster, fracasar nos permite intentar una y otra vez, y así conseguir ser buenos en una actividad.

5. Subir nuestra autoestima: Dado que fracasar nos acerca al aprendizaje, también desarrolla nuestras habilidades y el valor que percibimos de nosotros mismos.

“¿Cómo sabríamos que acertamos si no sentimos que también fracasamos de vez en cuando? Lo importante no es fracasar sino qué actitud tenés frente a ello”, finaliza Fuster.

(Por El Comercio GDA)

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