La relación entre las siestas y el riesgo de problemas en la salud: depende de su duración, según un estudio

La investigación implicó una revisión de datos de más de 3.200 participantes, y comparó a quienes tomaban siestas prolongadas con quienes dormían las suyas en una menor duración.

Una mujer durmiendo la siesta.
Una mujer durmiendo la siesta.
Foto: iStock.

Redacción El País
La práctica de la siesta ha sido sometida a un escrutinio científico para dilucidar su relación con las condiciones de salud. Los investigadores se propusieron estudiarla en España, un país en el que la tradición de dormir siestas está arraigada en la sociedad, a diferencia de otro estudio previo realizado en el Reino Unido.

Marta Garaulet, como académica de la división de trastornos del sueño y circadianos en el Hospital Brigham and Women's en Boston y coautora del estudio publicado en la revista científica Obesity, argumentó que las siestas no son todas iguales, puesto que hay factores moderadores como la posición al dormir y la duración de la siesta, que pueden influir en sus efectos en el cuerpo.

Los datos recabados señalan una asociación entre las siestas de duración superior a 30 minutos y una serie de indicadores negativos para la salud, como el aumento del índice de masa corporal, la presión arterial alta y otros entrenudos a condiciones cardiovascularmente peligrosas y a diabetes tipo 2. Contrariamente, las personas que prefieren siestas breves o no practican la siesta parecen eludir estos riesgos.

En el proceso de la investigación, más de 3.200 adultos fueron revisados a fondo, poniendo en contraste a los que frecuentaban siestas largas con los que no tienen este hábito. Los hallazgos indican que quienes duermen siestas prolongadas exhibían cinturas más anchas, índices de glucosa elevados en ayunas y presiones arteriales más altas, en comparación. Por otro lado, las siestas más cortas no muestran una correlación clara con riesgos de presión sistólica elevada.

El patrón de siestas extensas también se asociaba con prácticas como acostarse tarde por las noches, cenar avanzada la noche, excesos en el almuerzo y el consumo de tabaco, cada uno con sus propias connotaciones negativas para la salud.

Cabe subrayar que, si bien el estudio presenta una relación entre siestas de larga duración y problemas de salud, no se implica una causalidad directa.

El doctor Frank Scheer, coautor y neurocientífico del hospital mencionado, recalcó la relevancia de discriminar entre duraciones de siesta y ponderar los potenciales beneficios que los descansos breves podrían aportar a la productividad laboral y al bienestar general. Investigaciones futuras, afirmaron los autores, podrían ser clave en la validación de los beneficios intrínsecos a las siestas cortas.

Este contenido fue hecho con la asistencia de inteligencia artificial y verificado por un periodista de El País.

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