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"¡Andá a acostarte, neandertal!": la relación entre madrugar y nuestros antepasados prehistóricos

Cientos de variantes genéticas presentes en los neandertales y los denisovanos las comparten personas a las que les gusta levantarse temprano.

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El neandertal era madrugador.
Foto: Commons.

Carl Zimmer - The New York Times
Un nuevo estudio sugiere que los neandertales eran madrugadores. Y en la actualidad, algunas personas a las que les gusta levantarse temprano podrían atribuírselo a los genes heredados de sus antepasados neandertales.

El nuevo estudio comparó el ADN en humanos vivos con material genético extraído de fósiles de neandertales. El resultado es que los neandertales tenían algunas de las mismas variantes genéticas relacionadas con el horario que las personas que dicen ser madrugadoras.

Desde la década de 1990, los estudios del ADN de neandertales han expuesto la historia entrelazada de nuestras especies. Hace aproximadamente 700.000 años, nuestras líneas evolutivas se separaron, muy probablemente en África. Mientras que los antepasados de los humanos modernos se quedaron en gran parte en África, el linaje neandertal emigró a Eurasia.

Hace unos 400.000 años, la población se dividió en dos. Los homínidos que se extendieron hacia el oeste se convirtieron en neandertales. Sus primos del este evolucionaron a un grupo conocido como denisovanos.

Los dos grupos vivieron durante cientos de miles de años, cazando animales y recolectando plantas, antes de desaparecer de los registros fósiles hace unos 40.000 años. Para entonces, los humanos modernos se habían extendido fuera de África, a veces mezclándose con neandertales y denisovanos.

Y hoy en día, fragmentos de su ADN se pueden encontrar en la mayoría de los seres humanos vivos.

Investigaciones llevadas a cabo en los últimos años por John Capra, un genetista de la Universidad de California en San Francisco, y otros científicos, sugirieron que algunos de esos genes transmitieron una ventaja para la supervivencia. Los genes inmunológicos heredados de los neandertales y denisovanos, por ejemplo, podrían haberlos protegido de nuevos patógenos que no habían encontrado en África.

Capra y sus colegas quedaron intrigados al descubrir que algunos de los genes de neandertales y denisovanos que se volvieron más comunes a lo largo de las generaciones estaban relacionados con el sueño. Para su nuevo estudio, publicado en la revista Genome Biology and Evolution, investigaron cómo estos genes podrían haber influido en los ritmos diarios de los homininos extintos.

Dentro de las células de cada especie de animal, cientos de proteínas reaccionan entre sí a lo largo de cada día, aumentando y disminuyendo en un ciclo de 24 horas. No solo controlan cuándo nos dormimos y despertamos, sino que también influyen en nuestro apetito y metabolismo.

Para explorar los ritmos circadianos de neandertales y denisovanos, Capra y sus colegas analizaron 246 genes que ayudan a controlar el reloj biológico. Compararon las versiones de los genes en los homininos extintos con las de los humanos modernos. 

Los investigadores encontraron más de 1000 mutaciones que eran solo exclusivas de los humanos vivos o de los neandertales y denisovanos. Su análisis reveló que muchas de estas mutaciones probablemente tenían efectos importantes en cómo funcionaba el reloj biológico. Los investigadores predijeron, por ejemplo, que algunas proteínas del reloj biológico que son abundantes en nuestras células eran mucho más escasas en las células de los neandertales y denisovanos.

La geografía podría explicar por qué los homínidos antiguos eran madrugadores. Los humanos primitivos vivían en África, bastante cerca del ecuador, donde la duración de los días y las noches se mantiene aproximadamente igual a lo largo del año. Pero los neandertales y los denisovanos se mudaron a latitudes más altas, donde el día se hacía más largo en verano y más corto en invierno. Durante cientos de miles de años, sus relojes circadianos podrían haberse adaptado al nuevo entorno.

Cuando los humanos modernos se propagaron fuera de África, también enfrentaron el mismo desafío de adaptarse a mayores latitudes. Tras cruzarse con neandertales y denisovanos, algunos de sus descendientes heredaron genes del reloj biológico mejor adaptados a sus nuevos hogares.

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