HUGO MACHÍN
En la plaza céntrica de Campana, a 60 kilómetros de Buenos Aires, próximo a Zárate-Brazo Largo, se erige un pilar con forma humana, rematado en una estructura que representa un gran ojo.
El arquitecto que lo diseñó escribió en la placa recordatoria: "La figura representa al ojo humano y a la cámara fotográfica del periodista José Luis Cabezas, descubridor, inquisidor, denunciante y determinante. Con su gran abertura angular señala que no deja nada sin ver. La dinámica del volumen y la abertura del ojo con su lente, nos advierte que tomó una posición privilegiada para mirar siempre desde arriba".
El jueves se cumplen diez años del crimen de José Luis Cabezas, reportero gráfico asesinado en Pinamar el 25 de enero de 1997, un día antes de su cumpleaños 37. Trabajaba para la revista semanal Noticias.
Su muerte fue decretada en febrero de 1996, cuando en el mismo balneario que luego aparecería su cadáver carbonizado, fotografió a uno de los hombres más influyentes pero menos conocido de Argentina: el empresario Alfredo Yabrán.
La foto fue tapa de Noticias. En ella se apreciaba a Yabrán, en traje de baño, paseando por la costa de Pinamar de la mano de su esposa María Cristina Pérez.
"Sacarme una foto a mí es como pegarme un tiro en la cabeza", había dicho Yabrán a Noticias en una entrevista publicada años antes. Después, en el verano de 2000, fue acusado por la Cámara de Apelaciones y Garantías de Dolores, provincia de Buenos Aires, de instigador principal del crimen de Cabezas.
La Justicia además dictó sentencias de reclusión y prisión perpetuas contra ocho hombres vinculados a la seguridad personal del empresario, pero eso recién después de que Yabrán ya había fallecido.
En efecto, Yabrán se habría efectuado un disparo en la boca el 20 de mayo de 1998 -en un acto que generó sospechas- en su estancia de San Ignacio, provincia de Entre Ríos, tras 15 días de clandestinidad.
La muerte de Cabezas impactó a la sociedad argentina provocando "una reacción sin precedentes -por lo masiva y persistente- en la historia argentina", consignó seis meses después, Héctor D`Amico, entonces director periodístico de Noticias.
D`Amico destacó la cobertura del crimen de Cabezas realizada por los dos principales diarios argentinos -Clarín y La Nación- y les atribuyó el mérito de haber pautado como sería la cobertura del resto de los medios de prensa locales.
"Hemos analizado la forma en que esos medios cubrieron el caso con abogados, corresponsales extranjeros y diferentes especialistas, y llegamos a la conclusión de que la rápida reacción de Clarín con un título impactante publicado el domingo 26 de enero, a pocas horas del asesinato, y otro título muy inusual de tapa aparecido en La Nación el lunes 27 -título que estoy seguro fue criticado dentro de la misma redacción- ayudaron a enmarcar el contexto en el que el resto de la prensa iba a cubrir luego el `caso Cabezas`", concluyó en la Primera Jornada de Periodismo y Ética organizada por La Nación el 19 de junio de aquel año.
Cabezas fue el segundo periodista asesinado en Argentina luego de la restauración democrática en 1983, pero la metodología empleada fue propia de la dictadura: "zona liberada" para actuación de los ejecutores, ostentación previa de sus captores, tortura y ejecución de la víctima en la vía pública.
Antes que Cabezas, el 15 de noviembre de 1993, el periodista Mario Bonino, empleado de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (Utpba), apareció flotando en las aguas del Riachuelo porteño.
Luego de su muerte sobrevinieron ataques físicos contra los periodistas Marcelo Bonelli, de Clarín y Radio Mitre, Hernán López Echagüe, del diario Página 12 y Florencia Álvarez, de La Prensa, baleada en Entre Ríos por un hermano de Yabrán
En esa década la Utpba había recibido 1.008 denuncias de atentados contra periodistas. Ricardo Gangreme, director y propietario del semanario El Informador Chubutense, de la ciudad de Trelew, fue asesinado el 13 de mayo de 1999 en la puerta de su casa. Le dispararon un balazo en la sien. Tres acusados, Gustavo Fabián "Richard" Smith, Osvaldo Daniel Viti y Alejandro "Mecha" Zabala, fueron absueltos por disposición de la Cámara Primera del Crimen de Trelew el 21 de octubre de 2003.
El periodista estaba investigando un supuesto sobreprecio en la venta de viviendas a una cooperativa eléctrica y había sufrido amenazas públicas días antes de su muerte.
Luego de la publicación de la fotografía de Yabrán en febrero de 1996, Cabezas y su esposa Cristina Robledo recibieron amenazas telefónicas durante todo el año.
Los tres asesinatos y los ataques a periodistas se caracterizaron por el mismo sello mafioso.
Los periodistas, en especial los fotógrafos asociados en AGRA (Asociación de periodistas Gráficos de la República Argentina), mantuvieron una inédita campaña de denuncia del crimen de Cabezas.
Un volante con el texto "No se olviden de Cabezas" y la foto del periodista asesinado fue visto por millones de personas durante mucho tiempo y apareció en las más diversas notas periodísticas, fueran políticas, deportivas o culturales.
La mirada de Cabezas siguió interrogando desde los medios de prensa, en cartelería de la vía pública, demandó una respuesta a lo largo y ancho de Argentina y fuera de fronteras.
El propio Yabrán, al salir de una de sus comparecencias judiciales, llegó a mostrar el volante a los periodistas que le aguardaban en las puertas de los tribunales.
Censura: ayer y hoy
El ejercicio periodístico en Argentina ha sido duro. No sólo en la última dictadura, durante la cual 90 periodistas fueron desaparecidos o asesinados. También lo era antes, en los diferentes gobiernos militares.
Durante el primer peronismo (1945-55) la persecución a la prensa no obsecuente transitó por censura previa, represalias, clausuras, exilios, expropiaciones de medios y su largo brazo llegó hasta la amenaza a medios uruguayos como Radio Carve.
Hoy, la administración de Néstor Kirchner protagoniza (desde 2004) una escalada contra la libertad de prensa que concita el cuestionamiento de entidades bien diversas como Reporteros Sin Fronteras (RSF), La Relatoría para la Libertad de Expresión de la OEA, el Comité por la Protección de los Periodistas (CJP), la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), la ONG Freedom House, la Asociación por los Derechos Civiles (ADC), la Iniciativa Pro-Justicia de la Sociedad Abierta, el Foro de Periodismo Argentino (Fopea), o la desaparecida entidad Periodistas, de Argentina, entre otros.
Uno de los hechos más conocidos fue la censura en 2004 al hoy fallecido periodista Jorge Nudler, de Página 12, quien fuera censurado por el propio diario en cumplimiento de directivas gubernamentales.
En ese año la ONG Reporteros sin fronteras (RSF), que mide la libertad de prensa en todo mundo, informó que Argentina había pasado del puesto 42 en 2002, al 79 en el ranking global.
El retiro de la publicidad oficial como represalia, la asignación discriminatoria de publicidad y subsidios ocultos, y el condicionamiento de contenido y despido de periodistas, son algunos de los efectos que más inciden en la supervivencia de los medios de comunicación argentinos, sostenía RSF.
Pero con el transcurso del mandato iniciado el 25 de mayo de 2003, Kirchner, su esposa, la senadora Cristina Fernández, y otros miembros del elenco gubernamental incrementaron sus ataques a la prensa y a periodistas individualmente considerados, sin dejar de la lado la posibilidad de utilizar a la agencia oficial de noticias Telam para desprestigiar a opositores políticos.
Conocidos profesionales argentinos como Magdalena Ruiz Guiñazú, Joaquín Morales Solá (blanco de reiterados ataques personalizados del presidente argentino), Nelson Castro, José "Pepe" Eliaschev (desplazado en diciembre de 2005 del estatal Canal 7 por el poder político), Daniel Santoro, Alfredo Leuco o Jorge Lanata (quien ha denunciado que el poder político no le quiere en la televisión), son algunos de los críticos de lo que se califica como el peor momento de la prensa argentina en 20 años.
Luego de 25 años de labor interrumpida en Argentina, el uruguayo Víctor Hugo Morales tampoco escapó a Kirchner. Su programa Desayuno, con 21 años en el aire, fue levantado en julio de Canal 7, por presiones del gobierno. "El poder pretende que todos seamos demasiado obedientes", denunció Morales tras la censura.
Los negocios del ideólogo
Alfredo Yabrán (1944-1998) realizó su primer negocio importante con YPF Argentina en 1976, durante la dictadura. Estuvo vinculado al fallecido sindicalista petrolero Diego Ibáñez, a quien, a su vez, se lo vinculó al frigorífico Estrella de Mar, donde habría estado asociado con Jorge Antonio Chividián, el principal financista en el exilio del ex presidente argentino Juan Perón.
Chividián también introdujo al ambiente argentino de negocios a otro sirio, Monzer al Kassar, procesado por el juez español Baltasar Garzón en 1992 y por la justicia suiza en julio de 2001, declarado persona no grata en 11 países y sobre quien la Suprema Corte de Justicia de Argentina ordenó en diciembre reanudar una investigación penal en la que está acusado de falsedad ideológica.
El frigorífico Estrella del Mar, en 1988, estuvo en el centro de la Operación Langostino, consistente en el secuestro de unos 600 kilos de cocaína listos para su despacho a Europa.
En 1975, Yabrán -luego de su pasaje por la empresa Transportes Juncadella S.A-. aparece como dueño mayoritario de una empresa originada en Juncadella: la Organización de Clearing Argentino SA. Según el diario Crónica de Buenos Aires, Yabrán habría hecho una fortuna "en Florencia, Italia, donde fundó una empresa asociado con el presidente de Libia, Muhammar Khadafi".
El 23 de agosto de 1995, el ex ministro de Economía Domingo Cavallo lo acusó ante el congreso argentino de ser uno de los jefes de la mafia del país.
El 20 de junio de 1998, el economista argentino Juan Alemann acusó a Yabrán de ser "testaferro de traficantes, o incluso de participar del negocio".
Por esa época Louis Freeh, director del FBI, consideraba a Yabrán una pieza del andamiaje internacional que lava dinero proveniente del narcotráfico, el tráfico de armas y otros crímenes.
Afuera, afuera
Muy feliz cumple. Si no te sirve de adorno es para que se lo rompas en la cabeza a algún fotógrafo indiscreto", decía la tarjeta enviada por Alfredo Yabrán a un dirigente sindical, según consta en la foja 17.162, cuerpo 85, del proceso judicial.
Lo reveló el periodista argentino Jorge Elías, quien investigó el "caso Cabezas" y lo retomó en su libro Maten al cartero, dedicado a los riesgos del periodismo.
Los inculpados Gregorio Ríos, jefe de la custodia de Yabrán, Horacio Braga y Gustavo González (coautores), Héctor Retana y José Auge (partícipes primarios), Gustavo Prellezo, Aníbal Luna y Sergio Camaratta recibieron la pena de reclusión perpetua.
Pero ahora todos están libres, excepto el ex oficial inspector de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, Prellezo, autor de los disparos en la cabeza del fotógrafo.
Las libertades fueron concedidas en algunos casos por el beneficio que otorga la Ley 23.390, de dos años por uno o, en otros, como el de Luna, mediante el pago de una fianza de 40.000 pesos argentinos.
Cristina Robledo, viuda de Cabezas, residente en Islas Canarias desde hace unos años, repudió las decisiones judiciales. "Creo que todo está más que claro -dijo a Radio Mitre de Argentina en agosto de 2006- se paga una fianza de 40.000 pesos y quedás libre. Mi marido lleva casi diez años muerto y sin justicia. Ni siquiera sé si me duele. Es tanta la impotencia que tenemos por dentro que no sé qué decirte".
"En las Islas Canarias matás a un pajarito y te dan penas gravísimas. Y en la Argentina matar a una persona, pegarle tres tiros, quemarla y dejarla tirada, vale 40.000 pesos y dos o tres años por conducta ejemplar", agregó Robledo.
El crimen
En las primeras horas del sábado 25 de enero de 1997, Cabezas llegó a estacionar su auto frente a su domicilio en Pinamar, ciudad balnearia a unos 340 kilómetros al sur de Buenos Aires.
Eran las 5:15, regresaba de una fiesta a la que había ido a tomar fotos, en la casa del empresario telepostal Oscar Andreani.
Quiso descender del vehículo, cuando un grupo de desconocidos lo rodeó, lo golpeó, lo inmovilizó con un juego de esposas marca Alcatraz, lo obligó a subir a un auto y lo llevó hasta un paraje desolado llamado Manantiales, ubicado a 11 kilómetros de Pinamar, en General Madariaga. Allí lo torturaron y ejecutaron con dos disparos en la nuca, efectuados con un revólver calibre 32, con mirilla roja, que había sido secuestrado por policías de Valeria del Mar a unos ladrones.
Luego lo introdujeron en el auto que él mismo Cabezas utilizaba esa noche, alquilado por la revista Noticias para cubrir la temporada. Lo rociaron con combustible y lo quemaron junto a su cámara Nikon F-4.